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mujeres: El poder que las féminas no tuvieron en la sociedad

En el siglo XVI no tenían tiempo de preocuparse de sus derechos, bastante ocupadas estaban en no perder la clase social a la que pertenecían y seguir manteniendo en la familia el patrimonio más importante: la casa

Una mujer disfrazada, en el 750º aniversario de Segura.Foto: j. aguirre

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l A casa era el cuerpo básico de la comunidad guipuzcoana en siglos pasados. Solar y linaje se vinculaban indisolublemente y se transmitía a los hijos mayores, preferiblemente, varones. El objetivo era la permanencia del patrimonio en la familia y que éste no se dividiera.

"La herencia y todo lo relacionado con el patrimonio familiar forma parte también de las redes sociales y está regido por las reglas que organizan las relaciones entre las casas: conservación y perpetuación del patrimonio, estatus y honor, y jerarquización de casas con base en ese patrimonio en una sociedad en la que todos son igualmente hidalgos", explica Oihane Oliveri en Mujer y herencia en el estamento hidalgo guipuzcoano durante el Antiguo Régimen (siglos XVI-XVII) .

El máximo objetivo de la sociedad del Antiguo Régimen era conservar el patrimonio de la familia, estrechamente unido a la casa. Ésta, el linaje y la conservación de ambos, son el objetivo a conseguir por el estamento hidalgo.

matriarcado

Un gran mito falso

La palabra matriarcado sale a relucir cada vez que se habla del poder ejercido por las mujeres en la sociedad vasca, pero todavía nadie ha sido capaz de demostrar que el poder de la mujer prevaleciera sobre el del hombre, sino todo lo contrario. Durante el Antiguo Régimen, donde las diferentes clases estructuraban la sociedad, el hecho de ser mujer suponía estar siempre debajo del hombre en la jerarquía social. "El mito del matriarcado es una perversión; se dice que las mujeres tenían un gran poder de decisión, pero no es verdad", añade Oliveri.

La representación política era algo que directamente correspondía a los hombres y las mujeres no podían acceder en ningún caso a asumir la representación en el Ayuntamiento. Igual que con la política sucedía con las obligaciones que el etxeko jauna tenía en la Iglesia. Eso sí, de una mujer se esperaba que tuviera la capacidad de gobernar una casa como correspondiera en los casos que resultara necesario. Los hijos ilegítimos se podían llegar a reconocer, siempre que éstos no fueran de una mujer. Las féminas, en todos los casos, quedaban detrás de los hombres en la sociedad jerárquica de la época. "Las mujeres que enviudaban y se convertían en etxeko andre, conseguían una autoridad, un poder doméstico. Pero no podían participar en las instituciones comunitarias", cuenta Oliveri.

"Las diferencias sociales eran el eje de la sociedad de la época, por lo que el menor poder ejercido por las mujeres no era más que otra desigualdad más. Vivieron en un contexto social concreto", explica Oliveri. Situación histórica que dista de la actual, pero que forma parte de lo que vivieron nuestros antepasados.

la casa

Patrimonio, riqueza y prestigio

La casa se consolida como bien fundamental en la vida de los habitantes de Gipuzkoa que desarrollan en torno a ella una economía propia basada en la perpetuación y aumento del patrimonio. El uso social de la herencia adquiere un papel primordial, ya que es el tamaño del patrimonio el que otorga a los habitantes de Gipuzkoa un privilegio u otro. Se crea una oligarquía de casas. La hidalguía se traduce en la práctica en la posibilidad de pertenecer a un solar, una casa, a través de su parentesco con un linaje. Es la forma de mantener el estatus social y en eso invertirán todos sus esfuerzos.

La casa era la base de la organización social, política, ética e ideológica del estamento hidalgo guipuzcoano. Cada casa también tenía su propia jerarquía, ya que el patrimonio de cada una era diferente y era precisamente éste el factor determinante para marcar la posición social de un linaje.

Los modelos de casa y familia del Antiguo Régimen nada tenían que ver con las actuales. La higiene y limpieza dejaban mucho que desear. En la misma casa vivían numerosos miembros de la familia, todos hasta que se unían a otra casa.

El caserío era una fábrica de producción, tenía animales, prados que labrar, o talleres en el caso de los artesanos. Por lo tanto, el trabajo doméstico era muy diferente al que hoy en día podamos imaginar. Había que cuidar el ganado, labrar la tierra y realizar numerosos trabajos físicos.

Transmisión

De hombre a hombre

El estamento hidalgo de Gipuzkoa evolucionó bajo la influencia de la transmisión de bienes y el papel que en él jugó la mujer. Pero las mujeres sólo recibían poder cuando no quedaba otro remedio. Se daba en los casos en los que enviudaban, entonces la mujer pasaba a ser la etxeko andrea , es decir, gobernaba la casa con todas sus consecuencias, excepto las políticas, ya que las representaciones en las Juntas Generales o en las Cortes estaban limitadas a los hombres.

Los padres decidían quién de sus hijos iba a ser el que recibiera la mayoría de sus bienes. "Elegían a los hijos porque era la mejor opción para mantener el patrimonio de la familia, el apellido y garantizar la continuidad del nombre de la casa. Es decir, la mejor forma de mantener el poder o, incluso, aumentarlo con un buen casamiento", cuenta Oliveri. Cuestión ésta que marcaba una gran diferencia entre el grupo de hermanos, pero también entre los no herederos, todo en base a la situación de cada uno de ellos con respecto a la herencia y a las oportunidades de establecer alianzas matrimoniales de otro tipo. La base de la sociedad del Antiguo Régimen se asentaba en la desigualdad de los vecinos.

No siempre era posible que los bienes de la familia recayeran en los hombres, por lo que, en ciertos casos, y siempre por obligación, los bienes se transmitían a las hijas. Así, ciertas mujeres se vieron gestionando el patrimonio familiar y sacando adelante los negocios, pero nunca recibían poder político, ya que las mujeres no accedían al mismo.

"Cuando comencé la investigación esperaba encontrarme con etxekoandres más confinadas y según empecé a investigar me di cuenta de que no era así. He encontrado mujeres comerciantes, compraban y vendían tierras... Aunque siempre fuera porque no quedara otro remedio, he encontrado muchos casos en los que la mujer gestionó los bienes de la casa completamente", aclara Oihane Oliveri.

casarse

La única salida

Las mujeres sólo tenían tres alternativas: meterse monjas, quedarse neskazahar para convertirse prácticamente en sirvientas de la casa o casarse lo mejor posible. La mayoría elegía la última opción.

Eran los padres los que planificaban y negociaban las bodas de sus hijos. Intentaban casar a sus descendientes de la mejor manera posible, siempre desde el punto de vista patrimonial. Las hijas se limitaban a protestar y en algunos casos simulaban un rapto para forzar el matrimonio con la pareja deseada.

Pero siempre intentaban que las bodas funcionaran, porque el fracaso no solía ser sólo de la pareja, sino de la familia entera, suponía todo un escándalo. Además, existía la "separación de cuerpo y bienes", utilizada sólo en casos muy extremos, en los que los malos tratos estaban muy probados y se salían de lo habitual en la época. Una vez separados, los miembros de la pareja no podían volver a casarse.

El concepto del amor que ha llegado a nuestros tiempos es consecuencia de la corriente de romanticismo del siglo XVIII, por lo que el objetivo de las bodas era encontrar estabilidad. "De hecho el amor romántico creaba desconfianza, porque lo que hacía falta era una relación estable que mantuviera el patrimonio de la familia", explica Oliveri.

"Había que trabajar la paciencia, sobre todo por parte de la mujer, por supuesto. Nunca se trataba de personas en el mismo nivel, la mujer siempre estaba por debajo del hombre, pero han quedado testimonios escritos en los testamentos en los que el hombre decía que había querido mucho a su mujer. La mejor fuente para conocer el tipo de relación que mantenían en la época podrían ser las cartas, pero ha llegado muy poca correspondencia hasta nuestros tiempos, por lo que la relación de pareja, la vida íntima en el Antiguo Régimen es todo un misterio", cuenta Oliveri.

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LAS FRASES
La vida de los guipuzcoanos se desarrollaba en base a la perpetuación y aumento del patrimonio
Las hijas sólo heredaban el patrimonio familiar en los casos en los que no quedaba otro remedio
La sociedad del Antiguo Régimen estaba basada en la jerarquía y en la desigualdad de sus habitantes
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