
Los miembros de Epaile Artean, ayer, en Mendaro tras elegir al presidente de la asociación .Foto: javi colmenero
mendaro. No son profesionales, no cobran un sueldo fijo por sus labores jurídicas y, además, mantienen una vida profesional al margen de sus quehaceres como jueces de paz. Estos trabajadores desconocidos son quienes tramitan, celebran y dictan las sentencias en los juicios de faltas por hechos de pequeña gravedad ocurridos en su pueblo y quienes atienden las bodas y nacimientos del Registro Civil.
Ayer Epaile Artean, la Asociación de Jueces de Paz de Euskadi, se reunió en Mendaro para elegir a su nuevo presidente para los próximos cuatro años, sobre el que recaerán los nombramientos de la agrupación y las funciones directivas. El elegido fue Donato Larrañaga, un músico de profesión que lleva ejerciendo de juez de paz en Errenteria 19 años y ha sido el secretario portavoz de la asociación.
"Voy a tener todas las funciones porque seré el máximo responsable de Epaile Artean y, si anteriormente he accedido a aparecer en la plantilla propuesta por la propia directiva, es porque me he comprometido a hacer una labor. Dentro de ese trabajo quiero conseguir una sede para la asociación. Sabemos que será un trabajo costoso, pero confiamos plenamente en las instituciones que hasta ahora nos han tratado muy bien", explicó ayer Larrañaga tras conocer su nuevo cargo.
Los jueces de paz existen desde hace 154 años y la mayoría se convierten en jueces de este tipo por voluntad propia. Se trata de gente que no tiene una formación jurídica concreta y que desarrolla su vida profesional en otros campos. Pero aprovechan las convocatorias municipales cuatrianuales para contribuir con la vida social de sus localidades.
El Consistorio elige a un juez de paz titular y a un sustituto en función de los requisitos marcados en la convocatoria. Después de pasar el examen del Ayuntamiento, hacen una lección (prueba de entrada) y luego una propuesta al Tribunal Superior de cada autonomía que es quien, en definitiva, nombra a los jueces de paz. Si se presentan dos jueces en un mismo municipio, será el Consistorio quien decida cuál es el titular y cuál el sustituto según su criterio.
La principal función de estos jueces es la de mediar para conseguir que los temas conflictivos no se judicialicen y se resuelvan por otras vías. Larrañaga afirmó ayer al respecto del trabajo que desempeña que se trata "de una labor importante y efectiva, pero poco vista y valorada por la sociedad".
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