
Pintadas en la Casa del Pueblo del barrio bilbaíno de Santutxu.
D ERIO, La Peña (Bilbao) y Elgoibar. Las casas del pueblo llevan tiempo soportando estoicamente el rosario de continuos ataques que les propina ETA. En poco tiempo, los socialistas vascos han visto cómo las sedes de su partido se han convertido en amasijos de hierro por culpa del amonitol y otros explosivos empleados por la organización armada.
Pero el miedo a un atentado no sólo se queda dentro de algunas sedes socialistas. También los vecinos de esos barrios muestran sus temores a un ataque que se lleve por delante la normalidad de sus vidas. NOTICIAS DE GIPUZKOA ha visitado algunas casas del pueblo vizcaínas y guipuzcoanas para sentir el ambiente que se respira en ellas en un momento en el que ETA está en plena ofensiva. Un ambiente de relativa calma en el ojo del huracán.
haciendo frente a la amenaza
"Hay que construir país dando ejemplo"
Pedro es cliente habitual de la sede socialista de Erandio, afiliado del Partido Socialista y un gran admirador de Ramón Rubial, lo que hace que todavía se sienta más orgulloso de ser erandiotarra, municipio del que era natural el histórico dirigente socialista. Como militante del PSE-EE, reconoce que el miedo está presente en las casas del pueblo, pero sobre todo se "nota más en la clientela y en los vecinos".
Él lo tiene claro: al mal tiempo, buena cara. "Al final, si eres de esta tierra, ya sabes el tiempo que te toca vivir. No quiero justificar con esto ninguna clase de violencia, pero no puedes dejar de estar ahí, no puedes dejar de acudir a la casa del pueblo porque tengas miedo a revivir situaciones como las de Derio, las del barrio de La Peña o las del Elgoibar. Hay que construir país dando ejemplo. No vas a dejar de sonreír y de hacer tu vida por algo así", afirma.
Miguel -nombre ficticio de un cliente de la casa del pueblo del bilbaíno barrio de San Francisco, que no quiere desvelar su identidad- hace hincapié en lo importante de sentirse apoyado. "La convivencia es buena y eso hace mucho a la hora de afrontar situaciones difíciles en las casas del pueblo", comenta. "Son tiempos duros. Está claro que estamos en el punto de mira", afirma con tristeza.
Y esa amenaza hace mella. Él, como el resto de las personas, también tiene sus momentos de flaqueza y reconoce que por mucho que no quiera variar sus costumbres y rutinas hay días que "el miedo se apodera de ti". "No viene a cuento, pero sin embargo está ahí, es inevitable, un día piensas que por moverte en algunos ambientes te puede pasar algo, pero no hay que esconderse, no puedes tirar la toalla, todo el mundo tiene que hacer su vida con normalidad", explica, retomando su firmeza frente a la amenaza.
La normalidad se impone en situaciones difíciles para simpatizantes socialistas como Miguel. "Creo que tanto yo como el resto de clientes o afiliados que van a las sedes socialistas lo hacen igual que siempre, no es nada nuevo que ETA ataque a los demócratas, es lo que viene haciendo desde hace mucho tiempo", asegura.
Al otro lado de la barra, una camarera de la Casa del Pueblo del barrio bilbaino de Deusto asegura que "no tiene miedo". Aun así, le resulta "muy triste y duro que una persona tenga que verse amenazada o que no pueda ganarse los garbanzos con normalidad por el hecho de tener una idea diferente y por discrepar en libertad. Así no se puede estar, es injusto", sentencia. Desde la sede deustoarra del Partido Socialista comentan que "quizá una persona de fuera puede tener miedo en la casa del pueblo o a vivir aquí, pero los que somos vascos y conocemos esto no tenemos miedo".
más sinrazón a la sinrazón
"ETA destroza el medio con el que un obrero se gana la vida"
La dimensión de la sinrazón es mayor. Pedro lamenta que ETA, que "presume de defender un proyecto de izquierdas, haga precisamente imposible la vida a muchos trabajadores humildes". Y pone ejemplos: "Sin ir más lejos, ahí tienes el caso del vecino que regentaba la sede socialista de La Peña. El hombre estaba desesperado. Con un atentado así, ETA acaba destrozando el medio con el que un obrero se gana la vida, no es justo". Le resulta muy triste que un trabajador tenga que vivir con miedo por el simple hecho de "discrepar de aquellos que plantean una sociedad monocolor a través de la violencia".
A Miguel también le aflige que gente trabajadora, "luchadora" y que se siente tan vasca como cualquiera, tenga que temer por sus negocios, sus clientes y por los vecinos. "Todo este problema no es sólo algo que ocurra en las sedes del PSE-EE, también se vio en plena Navidad con familias de Balmaseda o en el Juzgado de Paz de Sestao o en cualquier otro atentado perpetrado por ETA. Al final, si haces una radiografía de las víctimas de estas acciones de ETA ves a un montón de familias humildes y trabajadoras a las que les han destrozado parte de sus viviendas, negocios... Así no se puede aportar nada a un país".
A la camarera de la sede de Deusto, esta situación le toca muy de cerca. Y le preocupa la posibilidad de quedarse sin su medio de vida, "lo que me da de comer todos los días. A fin de cuentas somos trabajadores vascos, no entiendo cómo se puede atacar a personas que trabajan y sienten Euskadi como los demás".
desasosiego de vecinos y clientes
"Si ves peligro en un negocio, no consumes allí"
ETA se convierte en un handicap para la clientela de muchas casas del pueblo. "Por desgracia hay clientes que no van a una sede a tomar un pote o a comer, porque la amenaza que existe les impone respeto y esto acaba perjudicando a todas las partes: a quien regenta el local, a los vecinos y a la clientela", explica la camarera del centro deustuarra.
La problemática de los vecinos y clientes de las sedes sociales del PSE-EE tampoco le es ajena a Pedro, quien reconoce que cada vez que hay un atentado "la clientela se puede asustar y dejar de acudir una temporada". "Al fin y al cabo, nuestras sedes son un lugar abierto al público, un punto de encuentro para todas las personas que así lo quieran, y claro, un atentado te puede espantar la clientela".
En cuanto a los vecinos, le apena que en ocasiones se "mosquean" o recriminan a los socialistas que se instale una Casa del Pueblo cerca de su domicilio. Entiende su preocupación, pero sabe que el problema es mucho más complejo y estructural. "Nosotros no ponemos las bombas; nosotros no incendiamos las casas del pueblo o los batzokis. Eso lo hacen otros", denuncia el joven socialista, quien afirma que por esa regla de tres, "no podrían existir los batzokis o las casas del pueblo en ningún barrio o municipio de Euskadi".
Más allá de ello, Pedro no tiene ninguna queja respecto a la convivencia en Erandio: "Sueño con que algún día Euskadi tenga la misma armonía que mi pueblo".
Miguel también cree que los atentados ahuyentan a parte de la clientela en las casas del pueblo, "si ves el peligro en un negocio, no consumes allí, es pura lógica, pero en Euskadi no puedes dejar de hacerlo, hay que demostrar que los demócratas somos mayoría, tanto nacionalistas como no nacionalistas, unos pocos no pueden someter a la sociedad".
Para él, las casas del pueblo son toda una institución en Bizkaia, donde algunas de ellas llevan funcionando más de un siglo. Antes eran centros multidisciplinares, en donde lo mismo se impartían clases a menores con familias analfabetas o desestructuradas que eran punto de encuentro para el desarrollo de la cultura. "Todavía conservan algo de ese pasado, de puntos de encuentro, de convivencia y de vida social, algo que enriquece a la gente de los barrios. Por la tradición que tienen y por su peso en los barrios, por más que nos amedrenten no vamos a desaparecer de la noche a la mañana", asegura Miguel, quien afirma tener muchas esperanzas depositadas para "lograr la paz en este pueblo".
medidas de seguridad
"La Ertzaintza pasa muy a menudo por aquí"
Los ataques son difíciles de evitar. Por muchas medidas de vigilancia que se tomen. "Es evidente que no puedes tener seguridad las 24 horas del día, la Ertzaintza no te puede vigilar el local a todas horas. Tampoco puedes poner seguridad privada porque generas una situación delicada y no te entra nadie al bar. No existe ninguna salida fácil para este problema", explica Pedro.
Un análisis muy similar hace la camarera de la casa del pueblo de Deusto. Ella entiende que la sede socialista de este barrio bilbaíno e Ibarrekolanda no está desprotegida y cree que la seguridad es la que tiene que ser. "La Ertzaintza pasa muy a menudo por aquí y se pasea y vigila la zona", asevera.
Esta mujer reconoce que a veces es inevitable la existencia de problemas -como las pintadas amenazantes que les han hecho en más de una ocasión-, pero en general sabe que la vigilancia policial esta ahí y es lo único que les queda. "Los días en los que se han producido manifestaciones o movilizaciones que podían poner en peligro nuestro local hemos contado con presencia de la Ertzaintza, que viene a tranquilizarnos y a confirmarnos que está alerta".
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