
La alcaldesa de Arrasate, Ino Galparsoro (ANV), a su salida del Pleno en el que se debatió la moción de dimisión presentada por PNV y PSE-EE.Foto: ruben plaza
donostia. Convulsión es la palabra que define el cierre de la semana política en Euskadi. Casi tres meses después del asesinato de Isaías Carrasco, las mociones éticas promovidas por PNV y PSE-EE -paso previo para las mociones de censura contra ANV- van camino de quedar en agua de borrajas y, sobre todo, de abrir nuevas brechas, internas y externas, entre los partidos vascos. Si esta semana el voto de Ezker Batua era decisivo para que estas iniciativas decayeran en Arrasate y Hernani, mañana será Aralar la que centre todas las miradas. De sus tres ediles, que gobiernan en coalición con ANV en Bergara, depende dar la vuelta a lo que se prevé sea el tercer fracaso de las iniciativas de PNV y PSE-EE.
Este escenario, sumado a la sorprendente abstención del PP en Arrasate, llega con el telón de fondo del intento del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero de cerrar filas en torno a un gran acuerdo de Estado de unidad contra el terrorismo -como anunció en su discurso de investidura- que, a la luz de la evidencia, tiene bases muy frágiles. Nada se sabe todavía de cómo se concretará ese acuerdo, que probablemente no tendrá forma de documento y que, según explicó a este periódico el secretario general del Grupo Socialista en el Congreso, Ramón Jáuregui, debería superar pactos anteriores como el de Ajuria Enea o el propio Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo. Jáuregui lo definió como un "acuerdo de reglas, de actitudes, más que de grandes palabras", y el escenario abierto en Hernani y Arrasate no invita, en este sentido, al optimismo.
Que la cosa no era fácil quedó claro en el inicial rechazo del Gipuzko Buru Batzar a respaldar la moción de censura en Arrasate y la posterior rectificación pública del Euskadi Buru Batzar que dio origen a las ahora denominadas mociones éticas. Los jeltzales consiguieron amarrar la crisis abierta con los socialistas y las diferencias internas suscitadas por el asunto se quedaron en casa, no sin el pequeño terremoto que causó el pronunciamiento público de la militancia guipuzcoana.
Tras dimes y diretes, el PNV de Iñigo Urkullu ha salido reforzado de esta situación como impulsor de las mociones que ahora se debaten en los ayuntamientos gobernados por ANV. Para los jeltzales, haber reconducido la situación con el Partido Socialista no era baladí. Después de todo tienen abierta sobre la mesa una oferta de diálogo a Rodríguez Zapatero de la que depende el devenir que siga la hoja de ruta planteada por el lehendakari y el propio futuro político y electoral vasco.
La estrategia consensuada por PSE y PNV ha tenido otro efecto colateral, y es el de agrietar la alianza tripartita por el flanco de Eusko Alkartasuna, a la que no le ha gustado nada la extensión de las mociones de censura a todos los ayuntamientos gobernados por ANV. De vuelta al Pacto de Ajuria Enea calificó Unai Ziarreta esta decisión y su secretario de Comunicación, Mikel Irujo, consideró ayer lo ocurrido en Arrasate y Hernani un "circo" que sólo beneficia a ANV.
EB, entre dos fuegos Por ahora, es Ezker Batua la que ha salido peor parada del debate de estas denominadas mociones éticas. Aprisionada entre sus estatutos y la línea política marcada por la dirección y por la cúpula de IU, a la formación de Javier Madrazo el alarde de rebeldía de sus ediles le ha llegado en el peor momento, en plena crisis interna sobre la estrategia de la coalición y su futuro en el tripartito.
El episodio tuvo su correspondiente caja de resonancia en el Consejo Político que celebró ayer IU, en el que Gaspar Llamazares y Javier Madrazo se esforzaron en sendos discursos en cerrar filas ante la acometida socialista, que le exige una rectificación o tomar medidas contra los ediles. Todo ello, mientras Ezker Batua insiste en recordar al coordinador general de IU, y de paso a los socialistas, que los estatutos de la formación -que se intentarán reformar en la Asamblea que tendrá lugar a finales de mayo- impiden la expulsión de los ediles de Arrasate y Hernani.
Tampoco el PP ha salido demasiado favorecido en esta fotografía. La abstención de su edil en Arrasate, amparada en la percepción "light" de la moción, al final se ha interpretado como un voto que se ha dejado de sumar al de socialistas y jeltzales, situando al PP, guardián de las esencias del Pacto Antiterrorista, en una situación cuando menos suigeneris , al permitir al Gobierno socialista recobrar con toda plenitud la bandera de la contundencia, no ya contra ETA, sino con lo que se ha dado en llamar su entorno. Ayer, el presidente popular , Mariano Rajoy, pedía al Gobierno que rectificara las declaraciones de su vicepresidenta, que el viernes tachó de indigna la actitud de la edil arrasatearra del PP, y volvía a prometer el apoyo de su partido a cualquier iniciativa de censura a ANV.
Así las cosas, los episodios de Arrasate y Hernani, lejos de reflejar la unidad de los partidos frente a ETA, sólo han venido a dejar claro que es muy poco probable que las mociones de censura que se intentarán promover en estos municipios contra ANV tengan visos de prosperar.
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