Editorial
Cuestión de intereses
ERÍA difícil reconocer en este PSOE vencedor de las elecciones del 9-M al que siguiendo las instrucciones del presidente
Zapatero
tuvo el arrojo de emprender un proceso de diálogo político con ETA protagonizando en paralelo una negociación con Batasuna y el PNV en la que se llegaron a puntos de acuerdo de gran calado. Fue una etapa de extrema dureza política, en la que Zapatero tuvo que soportar la deslealtad más obscena por parte del PP, una deslealtad que acumuló fuerzas en la derecha más extrema en vistas a una ventaja electoral del PP basada en el desgaste de Zapatero. Fueron constantes los reproches desde el PSOE a
Rajoy y su equipo por su empeño en desbaratar un proceso que pudiera haber abierto un camino de esperanza, paz y normalización en Euskadi. ETA rompió el alto el fuego, esa esperanza quedó bloqueada y el lehendakari
Ibarretxe presentó una propuesta de desbloqueo basada fundamentalmente en un acuerdo con el Gobierno español, un acuerdo amplio que va mucho más allá de los esencialismos y que pone las bases para el desarrollo del autogobierno en una sociedad madura y evolucionada, un acuerdo entre diferentes que pueda ser posteriormente ratificado por la sociedad vasca. Zapatero ganó las elecciones y moduló un discurso abierto y conciliador para lograr acuerdos con todos los partidos, incluidos los nacionalistas. El PSE logró un resultado excelente el 9-M y sus dirigentes se creyeron artífices del éxito con un discurso triunfalista convencidos de ser alternativa. A estas alturas nadie puede llamarse a engaño. Cualquier iniciativa que lleve la firma de Ibarretxe va a ser inmediatamente cuestionada por la dirección del PSE y convertirá en baldíos los esfuerzos del PNV por tender puentes para que la iniciativa institucional del lehendakari pueda ser gestionada a través del acuerdo. El PSE prefiere el choque institucional antes que el acuerdo, de la misma manera que el PP prefería a ETA con los frentes abiertos que dialogando. El PSE, cuestión de intereses, prefiere interceptar cualquier acuerdo entre Zapatero y el lehendakari, porque cree que ese desencuentro perjudica a un PNV que considera en crisis y que ahondando en esa crisis puede tomar ventaja en unas elecciones anticipadas. La historia de los intereses partidistas se repite.