
José María Gil-Robles, el pasado jueves en el jardín del Colegio Mayor de Ayete.Foto: gorka estrada
Donostia.¿Qué opina de los planes de compra de Iberdrola por parte de la compañía eléctrica francesa EDF?
Este tipo de fenómeno es indispensable. Lo que pasa es que los españoles solemos ver con gran sorpresa cuando EDF se quiere comer a Iberdrola, pero no vemos con ninguna alarma cuando Fomento de Construcciones y Contratas (FCC) secome a los del aeropuerto de Londres o cuando el Banco Santander lo hace con parte de ABN-Amro. Eso opera en los dos sentidos. Las absorciones tienen que operar en ambos, de forma que la empresa española que vaya bien crezca fuera y viceversa. Nuestra industria del automóvil ha pasado toda a manos exteriores y no ha sucedido nada.
El secuestro del atunero vasco en el Océano Índico ha puesto de relieve la necesidad de que la UE trabaje conjuntamente en evitar estos actos delictivos.
Refleja una situación en el mundo poco encomiable, pero que significa que la pobreza es la consecuencia de un cúmulo de errores en la descolonización de Somalia. Hay que ayudar al desarrollo de este país a largo plazo. A corto, la UE trata de montar en la zona un dispositivo que tiene que ser plurinacional porque a esa distancia ningún país europeo puede hacer nada. O se hace en conjunto con una fuerza que ayude a desaparecer el problema de la piratería o no hay manera de hacer nada.
¿Qué mecanismos de unidad de acción deben ponerse en práctica?
En cuanto entre en vigor el Tratado de Lisboa habrá más probabilidades. El Alto Representante de la UE podría proponer una estrategia común y acciones conjuntas. Europa tiene estados mayores como para movilizar 60.000 hombres, aunque no se necesitan tantos sino unos medios electrónicos capaces de controlar la zona.
¿Cuál es su punto de vista sobre las medidas fiscales aplicadas por las instituciones vascas para fomentar las inversiones empresariales que actualmente son juzgadas por la Justicia europea?
Es de los aspectos que más se están tardando en armonizar en Europa. Se buscan unas bases mínimas y, sobre todo, lo que se persigue es que esas diferentes fiscalidades no sean discriminatorias y no perjudiquen el establecimiento de las empresas en un sitio o en otro. Es lo que ha ocurrido con la sentencia del tribunal de La Rioja con el problema de la diferente fiscalidad que tenía con Álava, de manera que 50 kilómetros no sean un motivo para que una empresa tenga una fiscalidad prácticamente nula en un territorio respecto al otro. Pero algunos márgenes va a haber y van a seguir existiendo. Es una cuestión de equilibrio y de compromiso. Detrás de eso se está yendo en las negociaciones que están durando años. Se trata de combinar las fiscalidades sin armonizarlas, de manera que no haya discriminación.
¿Cómo observa la evolución de la economía vasca?
Lleva tiempo cambiando. Progresivamente ha incrementado el aspecto de los servicios, como el relacionado con el turismo y la cultura. Creo que ese es el camino, y que pasa por la modernización tecnológica de la industria. El País Vasco lo está haciendo y además tiene capacidad humana para ello. Y eso es lo que más vale en un territorio: tener gente acostumbrada a vivir la empresa y con buena formación. Ése es un capital insustituible y con eso puedes modernizar tecnológicamente la empresa.
¿Cómo debe afrontarse este enfriamiento de la economía?
Tenemos que procurar una cosa bastante difícil como es no pagar nosotros la crisis de EEUU por entero, pero ayudarles a salir de ella. Si los estadounidenses tuviesen un auténtico crack, nos perjudicaría mucho. Tanto Europa como China y Japón tienen que ayudar a EEUU para salir del mal paso en el que se ha metido, que ya dura años. De contar con el dólar para hacer pagar a los demás un consumo excesivo, ahora toca pasar la crujía y ayudarles. Por eso, insisto en mantener la independencia y el valor del euro y no incurrir en la tentación de decir que vamos a recortar los salarios para intentar salir de la crisis actual.
El traslado de empresas a los países del Este se ha convertido en una constante durante los últimos años, así como la masiva introducción en el mercado de productos chinos. ¿Cómo se debe afrontar ese movimiento?
La UE ha hecho un fondo para cuando se producen deslocalizaciones, diríamos que muy traumáticas, para paliar sus efectos, pero eso no puede impedir que industrias del Oeste de Europa se vayan al Este. Pero hay que tener en cuenta que, al cabo de un tiempo, las condiciones de la mano de obra se igualarán. Esa inadmisible ventaja, basada en unas condiciones de trabajo inhumanas, desaparece. En cuanto a China, hay que exigir que se respeten las condiciones de la Organización Internacional del Trabajo y no vengan a competir con productos hechos por niños o por unas condiciones de trabajo de 20 horas diarias. Es un esfuerzo a largo plazo indispensable. Debemos mantener las protecciones arancelarias para que esas condiciones justas se den.
¿Cómo nos ha cambiado la entrada en la UE?
Hacernos conscientes de nuestra capacidad. Hemos perdido el complejo de que ellos eran los europeos y hacían las cosas bien. También ha significado la entrada de una avalancha de capital. Eso se ha traducido en autopistas, el AVE o los aeropuertos, así como la modernización del tejido industrial. Ha forzado a los españoles a modernizar su economía, la pena es que se ha quedado a la mitad. Nos han quedado los detalles. Eso es lo que nos va a causar grandes problemas en los años venideros.
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