
Una persona pasea ante los barcos amarrados en el puerto de Bermeo.
Los piratas del siglo XXI, pese a toda la tecnología avanzada, son capaces de asestar sus golpes en cuestión de minutos en el cuerno de África. El secuestro del Playa de Bakio ha sido el último de una larga lista de sucesos que conocen de sobra en Bermeo. Pocas horas antes de conocer el feliz desenlace, Pedro Gangoiti y Juan Ramón Amable hablaban de lo sucedido en Somalia. Retirados actualmente, conocían los peligros de su oficio cuando estaban en servicio. "Era habitual acercarse a costas sin control gubernamental" como Somalia, Kenia, o incluso Tailandia. "Son peligrosos", reseñan.
Iker Galbarriatu, enrolado ahora como capitán en el Elai-Alai a miles de kilómetros de su casa de la villa marinera, también repetía antes de conocer el final del secuestro que "este caso no es nada nuevo". Llueve sobre mojado en una situación que considera "vergonzosa por el abandono de las instituciones a este sector", cita. Y "si no se toman medidas, volverá a repetirse", anuncia.
"La piratería se han multiplicado los últimos años", avisa el capitán, "ante la pasividad del gobierno somalí", por lo que estos grupos armados "campan a sus anchas no solo en las aguas jurisdiccionales -a 200 millas de la costa- si no que también fuera", como en el caso del Playa de Bakio . La situación "ha llevado a las compañías armadoras a prescindir de las licencias de pesca de este país, aún cuando acarrea un importante perjuicio en forma de reducción de capturas, intentando proteger, en cierto modo, a las tripulaciones". Aunque por desgracia, "y como se ha comprobado, no es suficiente", explica Galbarriatu.
A bordo de un atunero "muy poco puede hacerse para evitar un ataque", relata, aunque Galbarriatu no ha vivido ninguno en primera persona, "ni siquiera un intento". Los piratas "navegan en un barco mercante nodriza, y cuando están próximos arrían unas lanchas rápidas con personal fuertemente armado". Es el temido abordaje, que en el caso de un atunero "es relativamente sencillo".
Las únicas medidas a tomar desde el buque son "la precaución y la vigilancia desde el radar, que sólo abarca 32 millas, y que se extrema cuando nos aproximamos a la zona" bajo jurisdicción de Somalia.
Armar a la tripulación "tampoco es solución. Somos pescadores, no militares, por lo que además de no tener formación, no es nuestro trabajo. Entonces, ¿para qué están los militares si no es para defendernos?" se cuestiona. "Consideramos vergonzoso el abandono de las instituciones. Aquí faenan unos 37 barcos -entre atuneros y maciceros- con tripulantes españoles, mientras que los barcos de laarmada invencible se dedican a hacer supuestas misiones humanitarias, abandonando a toda esta gente a su suerte", critica. Tampoco es satisfactoria la asistencia sanitaria que reciben. "Solo tenemos un médico del Instituto Social de la Marina para todos, que carece de medios y ha de desplazarse entre los principales puertos de descarga en Seychelles, Madagascar y Kenya".
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