Editorial
Un respiro en medio de la tempestad
S evidente, y los datos diarios así lo atestiguan, que el ciclo económico atraviesa importantes turbulencias que van a afectar de forma negativa a la práctica totalidad de las economías mundiales. Ayer mismo, el vicepresidente del Gobierno y ministro de Economía,
Pedro Solbes
, reducía la previsión de crecimiento en el Estado de un 3,1% a un 2,3%. Un 0,8% de un plumazo que evidencia la profundidad e importancia de la crisis que estamos atravesando y que algunos analistas la califican como la más grave desde el término de la II Guerra Mundial. El sector de la construcción y el consumo de los ciudadanos han sido los primeros en caer, especialmente los primeros, algo esperable después de una burbuja inmobiliaria de muchos años y que necesitaba de forma urgente una corrección, como se está produciendo. A la vez, los ciudadanos ven cómo su poder adquisitivo está disminuyendo día a día por unas subidas de los productos alimenticios básicos muy por encima del IPC, a lo que hay que añadir una política monetario del Banco Central Europeo (BCE) que se resiste a bajar los tipos de interés mientras el Euríbor, principal indicador de los prestamos hipotecarios, sigue ascendiendo sin prisa pero sin pausa con el natural desasosiego para los bolsillos de la población. Pero sin duda, lo más temido en cualquier situación de crisis económica, por lo que tiene de demoledor para quien lo sufre, es el aumento del desempleo. Por eso, los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) hechos públicos ayer suponen un motivo de esperanza para Euskadi en mitad de la tormenta. Contrariamente a lo sucedido en el resto del Estado, la CAV no sólo aguanta el tirón en este aspecto sino que ha visto reducido el paro en el primer trimestre de 2008, con índices en algún territorio que se sitúan en lo que se denomina
paro técnico , como es el caso de Gipuzkoa con el 4,8% de paro y, sobre todo, Álava, con un 2,9%. Unas cifras en las que tiene bastante que ver una estructura empresarial con centros de decisión locales y basada en una pequeña y mediana empresa básicamente emprendedora. No obstante, este alentador dato no debe esconder la gravedad de la situación y todos los agentes sociales deben implicarse para que los daños sean los menores posibles.