Editorial
Un debate a la espera de soluciones
OMO ya vaticinaba el jueves el diputado general de Bizkaia,
José Luis Bilbao
, su análisis sobre la situación del tripartito y su apuesta por un gran acuerdo (estratégico y de amplias bases, es decir, no para una posible coalición de gobierno) entre las dos sensibilidades mayoritarias en Euskadi (la del nacionalismo vasco democrático y la del mundo socialista) ha levantado una polvareda que, de entrada, puede relegar a un segundo plano la trascendencia del debate. Una vez hechas las valoraciones en caliente, debería llegar un análisis sereno y realista sobre la coyuntura política del país y sobre la forma de gestionarla, tomando siempre como norte el que debería ser objetivo esencial, si no único, de los dirigentes de las formaciones políticas y de quienes ostentan responsabilidades de gobierno: el beneficio de la sociedad a la que sirven, a través de la defensa decidida de sus instituciones y de su autogobierno, por ser éstas las piezas clave para el desarrollo de Euskadi en todos los ámbitos. Esos ámbitos incluyen el impulso económico, la buena gestión de la sanidad o la educación, la defensa de las señas de identidad y de peculiaridades como el Concierto Económico y, de forma prioritaria y decidida, la asignatura pendiente de la pacificación y la normalización política. Para gestionar esos ámbitos son necesarios acuerdos entre los partidos y es deseable que aglutinen al mayor número posible de sensibilidades. Para la conformación de los gobiernos podrá arbitrarse una fórmula u otra en función de programas y de necesidades en cada momento, como de hecho ha ocurrido ya, con prácticamente todas las combinaciones posibles dentro de una lógica política. Para cuestiones como la convivencia en paz y el diseño de un marco político y de relación con el Estado, el nivel de consenso debe ir más allá y aglutinar a una mayoría incontestable. Y se antoja peregrino basar el futuro del país en unos cimientos que marginen a alguna de las grandes corrientes ideológicas y sociológicas que lo conforman. Lograr ese gran acuerdo es el empeño que mueve al nacionalismo vasco democrático. Desgraciadamente, no se ve la misma disposición entre los socialistas, que están actuando en clave de interés electoral. Su negativa a abordar un debate que traiga soluciones puede malograr la oportunidad que está sobre la mesa.