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La 'Camera Obscura' se infiltra en Donostia

la sala kubo alberga una exposición del fotógrafo ilan wolff hasta el 29 de junio

La técnica artesanal empleada por el artista israelí recrea las ciudades desde otro ángulo, más sombrío y hermoso

El artista israelí Ilan Wolff, ayer, con los objetos que emplea como cámaras esteponeicas.reportaje gráfico: ruben plaza

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Donostia. La casa de Ilan Wolff está llena de cajas. El fotógrafo israelí utiliza una técnica antigua y artesanal, conocida como la cámara oscura, que consiste en la construcción de un habitáculo cerrado herméticamente, con un pequeño agujero que permite infiltrarse a la luz. Ésta se refleja desde el exterior y se proyecta en la pieza, lo que genera la imagen inversa.

Wolff emplea como cámara oscura los objetos "más inverosímiles", entre los que figuran latas de Heineken, cajas de botellas de whisky o recipientes de mantequilla. Su furgoneta -el artista israelí ejerce de fotógrafo nómada- es su cuarto oscuro.

Más de 60 muestras de estas imágenes, conocida como esteponeicas, se recogen en la exposición que, por estas fechas, suele dedicar la sala Kubo a la fotografía. Este año, efectivamente, se centra en la Camera Obscura de Wolff (Nahariya, Israel, 1955), una muestra que se abre hoy al público y permanecerá en la capital guipuzcoana hasta el 29 de junio.

Wolff aseguró que la propuesta de la sala donostiarra es "la exposición más importante que he desarrollado jamás". También para el espacio es una exposición singular, porque el artista israelí va a contracorriente, como subrayó el comisario de la muestra, Juanma Arriaga.

"En los tiempos que corren, todos los fotógrafos se han tenido que reciclar en la era digital, por eso me parece tan interesante esta forma de hacer fotografía remitiéndose al pasado", explicó Arriaga, catalizador de la exposición. El director de la galería Kur desveló el proceso que ha conducido hasta la completa muestra de la sala Kubo. "Conocí a Ilan Wolff en París y me interesé mucho su trabajo. En principio, el proyecto era mucho más modesto, pero no podía dejar de incorporar nuevos elementos, el proyecto expositivo fue creciendo y yo no lo podía absorber: no tenía la sala adecuada ni la financiación". Fue entonces cuando se dirigió a Kutxa, contacto que fructificó en la exposición presentada ayer.

paradoja perfecta Estudiante de fotografía en la escuela Nery Bloomfield de Haifa, donde descubrió esta técnica, Wolff explicó ayer que la cámara oscura le atrajo "de inmediato". "Empecé a leer libros hasta darme cuenta de que era la primera técnica de la historia de la humanidad, un puente entre la ciencia y el arte", explicó el fotógrafo, cautivado por la perfecta paradoja de su sistema: "Combina una técnica antigua con un concepto moderno". Wolff quiso transmitir a las nuevas generaciones que la "tecnología punta" no es imprescindible.

"Para mí" -afirmó, en una clara declaración de intenciones- "la fotografía no es la imagen, la imagen no es lo más importante, sino la aventura". Wolff se trasladó a Europa a principios de los 80, donde trabajó como asistente de fotografía de moda. A partir de 1983 se concentró exclusivamente en la técnica de la cámara oscura en su estudio de Amsterdam, ciudad que también plasma en la muestra a través de la extraña distorsión que practica.

Y es que la muestra, dividida en tres partes, se abre con una pequeña vuelta al mundo. La sala pequeña, además de latas y tubos que Wolff emplea como oscuros calidoscopios, alberga una retrospectiva de su trabajo, que incluye la capital holandesa manipulada , preciosas estampas del desierto o panorámicas de Nueva York.

En el espacio central, figura una Donostia distinta, quizá más trascendente, fotografiada el pasado septiembre durante la celebración del Zinemaldia.

Wolff hizo una decena de viajes a la ciudad, para obtener unas fotos "muy difíciles de conseguir. Había días que perdía enteros por la lluvia o una nube", recordó Arriaga. El desenlace es una treintena de fotografías de gran formato, en las que se aprecian rincones de Gros, el puerto o el propio Kursaal.

La atención la acapara, en cualquier caso, el Lunagrama de 30 metros de largo que el artista realizó en Anoeta, a través de la exposición directa de la luna. El resultado, una poética y extraña danza que recuerda al cuadro de Matisse, está considerada la imagen más grande del mundo realizada sobre papel fotográfico. La directora de la sala Kubo, Victoria Arcaya, indicó que se están realizando los trámites para que la obra ingrese en el libro Guinness de los récords.

La muestra concluye con los "calorigramas", un tipo de fotografía experimental y abstracta inspirada en los cuatro elementos: aire, fuego, tierra y agua.

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Se está tramitando la entrada del 'Lunagrama' que Wolff realizó en Anoeta en el libro Guinness
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