
El responsable de la campaña contra la energía nuclear de Greenpeace España, Carlos Bravo.Foto: greenpeace
donostia. La Fundación Idi Ezkerra, coincidiendo con el aniversario del accidente de Chernóbil, ha organizado para hoy una conferencia de Bravo en la sala Xenpelar de Errenteria, a partir de las 19.00 horas.
¿Hemos aprendido algo en estos 22 años?
La catástrofe contribuyó a acentuar el declive de la energía nuclear a nivel mundial, que ya se había iniciado antes por motivos económicos -hace más de 30 años que las compañías de EEUU dejaron de construir centrales por el fracaso que habían supuesto-. Chernóbil apuntaló aquella tendencia y algunos países como Italia o Austria cancelaron programas nucleares. Pero no todos los gobiernos han aprendido. Algunos están cayendo en el mismo error; no hay más que ver las declaraciones de Gordon Brown, Sarkozy o Bush.
¿Piensa que la sociedad no ha olvidado aquella tragedia?
Será difícil olvidar Chernóbil, porque fue una auténtica catástrofe. Sin embargo, nos encontramos en plena campaña de la industria para promover posiciones pronucleares presentándolas como alternativa al cambio climático. Por eso tratamos de luchar contra esa iniciativa, recordar aquel accidente nuclear y homenajear así a toda la gente que sigue sufriendo las consecuencias de la catástrofe.
¿Podría repetirse un suceso de magnitud similar?
Sí, podría repetirse un accidente con expulsión masiva de radiactividad. Todas las centrales nucleares tienen una serie de problemas intrínsecos de peligrosidad que hacen posible accidentes de este tipo. De hecho, ya ha habido algunos. Además, en los últimos años se han creado muy pocas centrales nucleares y la mayoría de los reactores están al final de su vida útil o más allá de ella, lo que les produce una serie de gravísimos problemas de seguridad.
¿La central de Garoña es una de ellas?
No cumple con los estándares de seguridad. Tiene gravísimos problemas por corrosión que afectan a partes fundamentales de las instalaciones. Además, estamos ante una pérdida de la cultura de seguridad.
¿A qué se refiere?
Me refiero al factor humano, ámbito en el que ha habido una degradación notable en los últimos años. Garoña estuvo en 2005 siete meses sin saber que el mecanismo que controlaba la temperatura del núcleo del reactor no funcionaba. La negligencia y la falta de previsión fueron flagrantes y todo eso significa que la vigilancia es escasa, lamentablemente.
Sin embargo, el Gobierno central podría renovar la concesión de Garoña.
Su titular, Nuclenor, ha pedido una prórroga de diez años más. El Gobierno socialista, que tiene el compromiso electoral de cerrar las centrales nucleares, tiene que tomar la decisión del calendario de cierre. Pero está mareando la perdiz porque no termina de tomar una decisión. Ahora mismo no se sabe lo que va a pasar, pero Zapatero debe decir que no, cerrar la central y cumplir su compromiso con los ciudadanos.
Otro problema reciente ha sido la emisión no controlada de radiactividad en la central de Ascó, en Tarragona. ¿Hubo negligencia por parte de los gestores?
Ese accidente fue una negligencia terrible que demuestra que, si unes la tecnología peligrosa y esos problemas de seguridad, hay muchas más posibilidades que hace años de que se vuelva a producir un accidente tan grave como el de Chernóbil. Ascó ocultó el accidente y transmitió información incompleta y falsa. Además, actuó de forma totalmente irresponsable al permitir la visita de colegios con menores. Se ha puesto en peligro a miles de personas y, de hecho, Greenpeace ha puesto una denuncia ante la Fiscalía. Ha sido una gestión nefasta e irresponsable de una instalación que puede llevar a una contaminación del medio ambiente.
En contraposición a ese mensaje, sin embargo, crecen las voces en el mundo científico que defienden la necesidad de la energía nuclear para frenar el cambio climático.
Todo eso forma parte de la campaña propagandística. Al ser Greenpeace un organismo internacional, estamos viendo que en todos los países existe la misma estrategia. Están utilizando a las mismas personas, que ponen como ejemplo. Uno de ellos es Patrick Moore, fundador de Greenpeace hace 25 años, pero expulsado de la organización por crear una empresa consultora de la industria sucia . El testimonio de una persona como él, que está a favor de la energía nuclear, no tienen ningún valor.
¿También cree que en el ámbito científico existe la misma campaña?
En el campo científico se nos habla de James Lovelock, que supuestamente ha pasado a ser pronuclear. ¡Pero la realidad es que este señor nunca se ha posicionado en contra! Existen muchos ejemplos de científicos que trabajan contra las centrales nucleares porque han visto los problemas que conllevan.
¿No se necesita ir más allá de las energías renovables para dar una respuesta a la demanda energética existente?
Las energías renovables son suficientes en un momento en el que las necesidades energéticas van en aumento.
¿Incluso cuando el Estado se ve en la necesidad de importar energía desde el exterior?
Se nos vende la imagen de que España necesita importar electricidad, pero lo cierto es que existe una sobrepotencia eléctrica enorme. De hecho, en los últimos años hemos exportado más energía de la que hemos importado. La industria nuclear nos engaña diciendo que España tiene una dependencia energética del exterior. Eso es falso. Es verdad que en el Estado la demanda energética está creciendo, igual que en todo el mundo. En el plano de la demanda de electricidad es perfectamente posible cubrir las necesidades en un escenario 100% compuesto por energías renovables.
¿La Administración incide lo suficiente en ese aspecto?
Hace falta tener voluntad política para hacer un plan de cierre de centrales nucleares y poner en marcha medidas de ahorro energético y renovables. Alemania está progresando en esa línea, es el líder en energía eólica y tiene muchas más placas solares que nosotros a pesar de contar con menos horas de sol. Eso demuestra que es viable.
Pero existen grupos ecologistas que se definen como antinucleares y, a su vez, protestan contra las instalaciones eólicas.
Existe un potencial enorme en energías renovables, incluso excluyendo todas las zonas protegidas. Es importante preservar ciertas áreas, pero eso no significa que no haya espacios que no tengan tantos valores y puedan acoger instalaciones. Utilizando inteligentemente una mínima parte del potencial de energías renovables existentes en España se podrían satisfacer sobradamente todas las necesidades energéticas. Hay que permitir estas instalaciones en los sitios donde no causen grandes impactos ambientalmente. Es mejor sacrificar ese impacto que asumir el riesgo de una central nuclear.
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