Editorial
La larga sombra de la caída de UCD
la estrategia de Aguirre se sustancia en la esfera pública desde tres vertientes: la personal, con ambigüedades semánticas como que "de momento" no tiene pensado competir con Rajoy por la presidencia del PP e insinuaciones del tipo
yo soy quien inquieta a Zapatero; la de los acólitos de la federación madrileña de su partido a modo de propagandistas de los méritos de
su señora ; y, finalmente, la de sus validos mediáticos (
El Mundo ,
Cope y
Telemadrid ), generosos en el elogio a la aspirante, sí, pero especialmente certeros en la crítica a su antagonista, antaño virtuoso conservador, hogaño timorato socialdemócrata. Y, claro, Mariano ha acabado por reaccionar, sobreponiéndose a su flema gallega.
O te presentas ya al Congreso, o te callas, o te marchas es la disyuntiva propuesta a Esperanza. En una gestión de tiempos cuyo resultado final aún se desconoce, ésta parece ser que ni se inmuta aunque sigue contando votos de compromisarios; mientras, la inquietud va calando en la militancia por el recuerdo del suicidio cainita de la UCD. Aguirre se frena por ahora, sabedora de los sarpullidos que su indisimulada ambición genera en al menos las federaciones andaluza, gallega, valenciana y murciana, así como en buena parte de los dirigentes vascos y catalanes. Sin embargo, la renovación de cargos que por fin ha impulsado Rajoy ha conformado una legión de insatisfechos proclives a mejorar sus expectativas personales, un caladero que la presidenta madrileña está intentando explotar y cuyos exponentes son Pizarro y Costa. Y mientras crece de forma geométrica la tensión entre los mismos que hicieron irrespirable la anterior legislatura -qué paradoja-, Aznar no está, aunque se le espera. El muñidor de aquella derecha que arribó a La Moncloa hablando catalán en la inmitidad ungió a Rajoy para sucederle, si bien una cosa es confiarle el proyecto y otra muy distinta optar públicamente por él cuando el barco se hunde o las dimensiones de la vía de agua abierta se antojan gigantescas. Mientras, suenan aún los ecos de las contundentes palabras de Rajoy en su último mitin en el que, en un gesto de demostración de autoridad ante la parroquia afirmó que se presenta a presidir el PP "porque me lo ha pedido muchísima gente y no un periódico ni ninguna radio".
Excusatio non petita ...