
Chimenea de la central nuclear de Ascó, en Tarragona.Foto: j. sellart/efe
donostia . Los responsables de la Sociedad Española de Protección Radiológica (SEPR) aseguran que no hay ningún motivo para la alarma ni ningún peligro para la población tras el escape de la central nuclear de Ascó, en la provincia de Tarragona. Concretamente, las instalaciones sufrieron una emisión no controlada de una serie de partículas radiactivas en noviembre de la que tuvieron conocimiento en las últimas semanas. Sin embargo, los responsables de la central ocultaron parte de la información acerca de la magnitud de esta fuga, lo que ha provocado la destitución de dos responsables de la planta.
Según explican desde la Sociedad Española de Protección Radiológica, el tamaño de las partículas fugadas, "que ni siquiera se consideran milimétricas", no suponen ningún riesgo para la población. Su contenido radiactivo sería bastante menor que, incluso, las gammagrafías que se realizan en el ámbito médico (similar a una radiografía, pero utilizando rayos gamma para detectar problemas en el funcionamiento de varios órganos).
La posibilidad de que algún trabajador o visitante de la planta haya inhalado alguna de estas partículas es remota y, de momento, ninguno de los empleados analizados estaba intoxicado. "Hay que saber si las partículas se han incorporado al cuerpo, pero el organismo se regenera y las rechazaría; en caso de que se detectara algún caso, se puede acelerar ese proceso para que el cuerpo se deshaga de ellas antes", explica un experto de este organismo.
Eso se puede lograr haciendo que la persona infectada ingiera pastillas de yodo, ya que uno de los componentes de esas partículas radiactivas emitidas por la central es, precisamente, el yodo y, por lo tanto, el cuerpo eliminaría el exceso para equilibrar la cantidad. "En el momento en que se produce el escape es mayor la radiactividad, por eso incluso después de estos meses el riesgo ha bajado", añade.
posibilidad remota Los expertos insisten en que no es probable que nadie haya ingerido esas partículas: "Al salir de la central cayeron al suelo por su propio peso, a la azotea o al tejado de la central, y nadie está allí, por eso no se detectaron en varios meses. Más tarde el viento empujó algunas de esas partículas hacia otra zona de la planta y, allí, fueron detectadas enseguida en los controles rutinarios, por lo que no han estado cerca de los trabajadores mucho tiempo", explican.
De todos modos, incluso esas partículas que cayeron no salieron del vallado de seguridad de la propia central, ya que las revisiones de estos días no han encontrado ninguna alrededor de las instalaciones.
El hecho de que desde noviembre varios grupos de alumnos de colegios y universidades visitaran la central también ha despertado la alarma. De todos modos, la zona de visitas está más alejada aún del lugar en el que se encontraron las partículas, por lo que no es probable que se hayan contaminado. Por seguridad, alrededor de 800 personas serán analizadas.
"Por las cantidades de las que se habla están incluso por debajo de las que se les permite descargar a las centrales habitualmente; hay centrales en Europa que descargan emisiones un 10 ó 20% mayores que ésta", admiten fuentes de la SEPR.
Los últimos informes calculan que son alrededor de 150 las pequeñas partículas expulsadas por la central de Tarragona.
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