
Tribuna Abierta
Tras el severo revés electoral que han supuesto los resultados cosechados por Eusko Alkartasuna y PNV en estas últimas elecciones generales a Cortes, ambos partidos han estimado necesario abrir un proceso de autocrítica y reflexión. Parece claro que los ciudadanos vascos no han secundado con su voto, no en cantidad deseada al menos, la estrategia diseñada por los dos principales partidos del Ejecutivo de Gasteiz.
Respecto a los resultados, parece que nadie alberga dudas al concluir que la bipolarización diseñada desde PSOE y PP a nivel estatal, por consecuencia aquí también, ha influido en estos, y mucho. Pero no es intención de este artículo hablar de estrategias y tácticas ajenas, sino de errores propios. Errores mayúsculos que están abocando al nacionalismo institucional a una crisis de identidad sin precedentes. Una situación que nos exige a todos reflexión y autocrítica.
Reflexión para analizar desapasionadamente aspectos clave que nos han llevado a la situación actual.
Autocrítica para, una vez identificados dichos aspectos, ser capaces de corregirlos, de modelarlos, de reconducirlos.
No sirve de nada afirmar, como ocurre con determinados líderes, ex líderes y próceres del nacionalismo, que se va a realizar una autocrítica profunda para a las pocas horas retomar el mensaje previo a la misma. Limitar la autocrítica a un simple maquillaje dialéctico de cara a la galería para, en realidad, no cambiar nada.
Partiendo de la base de que la ciudadanía no se equivoca cuando vota, mal que le pese a algún ex presidente anterior del Estado, la reflexión que, en mi opinión, deberíamos realizar los nacionalistas es clara: qué hemos hecho mal o en qué nos hemos equivocado nosotros. Porque no hemos conectado con los ciudadanos, no en su mayoría.
En términos mercantilistas se podría decir que hemos ofrecido un producto que, ni en fondo ni forma, ha despertado demasiado interés entre los propios habituales del nacionalismo democrático. Un producto que algunos ya veían innecesario socializarlo. Un producto que no ha creado ilusión en, me atrevería a decir, casi ninguna capa de la sociedad. Antes al contrario, ha creado rechazo en parte de la misma y no ha encontrado la ilusión suficiente entre los propios.
A la hora de lanzar una propuesta, además de las bondades intrínsecas de la misma, hay que analizar concienzudamente aspectos claves en aras a lograr adhesiones a la misma. Aspectos como criterios de oportunidad, percepción ciudadana, estrategias políticas contrarias, semántica a utilizar o necesidad social.
Los nacionalistas hemos cometido un gran error proveniente, sin duda, del divorcio existente entre la clase política y la sociedad. Decimos que escuchamos a los ciudadanos pero no es cierto, a lo más les oímos.
De lo contrario, ¿cómo se puede entender que el leit motiv del nacionalismo democrático durante los últimos tiempos haya sido una consulta que tan sólo figura en la lista de prioridades de unos pocos?
La sociedad vasca es una sociedad culta y madura democráticamente hablando. Ha dado fe de ello elección tras elección, no cabe duda. La gran mayoría cree lícito y democrático que los vascos decidamos libremente nuestro futuro (derecho de autodeterminación), una parte importante de ellos, además abogamos por la independencia de Euskal Herria en un contexto de una Europa de los pueblos. Pero de ahí a estimar que esa preocupación que algunos podamos tener sea generalizada o figure en el índice de prioridades de una gran mayoría de vascos hay un largo camino.
La ciudadanía ha podido percibir, aún no siendo objetivo de los proponentes, que la citada consulta prevalecía a problemas "reales" que preocupan enormemente como pueden ser el acceso a una vivienda digna, la asistencia sanitaria, la educación, el paro, el cuidado de los mayores, la violencia, el medio ambiente, etc.
En ocasiones resulta complicado transmitir un mensaje y que éste sea percibido por la ciudadanía como queremos. Y ésta ha sido una de esas ocasiones.
No podemos obviar que para muchas personas, nacionalistas incluidas, la no celebración de la consulta no les supone mayor problema. Ésa es, al menos, la realidad que conozco, en la que vivo, mi percepción.
Sería interesante que en la próxima encuesta que encargue el Ejecutivo de Gasteiz, tras la pregunta de, "¿Está usted a favor de que los vascos decidan libremente su futuro? ", le siguiera la pregunta "¿En qué lugar de su lista de prioridades situaría este anhelo? ". No es un dato baladí.
Tampoco estimo adecuado plantear iniciativas de tal calado como la que nos ocupa en clave de confrontación o de bloques, por muy legítimas y democráticas que éstas puedan ser, que lo son.
Plantear una propuesta de tal magnitud en una sociedad como la vasca, con estos altos índices de bienestar de los que disfrutamos, requiere de muchísima audacia, de mucha suavidad.
Tampoco podemos olvidar que los partidos contrarios al ejercicio democrático que supone la consulta utilizan una retórica que, aunque simplona e incierta en mi opinión, cala en cierta parte de la ciudadanía.
Éstas son a mi juicio unas claves, no únicas pero sí importantes en mi opinión, que no hemos sabido calibrar en su justa medida y que nos han abocado a la situación actual.
La persistencia en el error, empecinarse en desarrollar y ejecutar a pies juntillas la hoja de ruta del lehendakari, además de suponer ceguera política, llevará a Patxi López a Ajuria Enea. Lo decía Pello Salaburu el otro día.
Estamos a tiempo, entre todos, pero cada uno en su sitio, que tampoco nadie se confunda aprovechando coyunturas.
* Teniente de alcalde de Hondarribia por Eusko Alkartasuna
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