
Iban Aranzabal, presidente de la cooperativa Espaloia, pegando un cartel en el local de Elgeta. Foto: ruben plaza
nick Cave Bruce Springsteen, Lou Reed, Liza Minnelli, Rolling Stones, Bob Dylan... Son sólo algunos de los célebres artistas que han pasado por la capital guipuzcoana o que están al caer por ella. Elgeta, una población con algo más de 1.000 habitantes y situada a 65 kilómetros de Donostia, en la muga con Bizkaia, programa en el Espaloia Kafe An-tzokia espectáculos de danza, teatro, magia y música que poco tienen que envidiar a los de las grandes capitales. De hecho, muchas de las actuaciones que acoge son únicas en Euskal Herria y por su escenario han pasado -o están en trámites de hacerlo- artistas de la talla de Fernando Saunders, Leo Bassi, la banda de Bill Evans, Ruper Ordorika, Anthony Blake, Lennar Green, Rene Lavant, Petti, el grupo de teatro Yllana o el espectáculo de música Gainsburg gainbegiratuz .
¿El secreto? No hay secretos. O eso, al menos, es lo que afirma Iban Aranzabal, presidente de la Cooperativa Espaloia que gestiona el Kafe An-tzokia que lleva el mismo nombre. Según dice, la única fórmula se reduce al trabajo. "Todas las semanas nos reunimos cuatro o cinco personas del mundo de la cultura y cada uno tiene sus contactos: algunos con la música, otros con el teatro y otros con la magia", explica Aranzabal.
Reconoce que uno de los factores es el boca a boca. "Si este espacio ha crecido es, sobre todo, gracias a la gente que ya ha estado y que ha hablado bien de él". "Y eso ha hecho que repitieran o que atrajeran a más artistas. Y se ha formado una gran cadena", comenta.
Pero, sin duda, Aranzabal achaca el éxito del local al tratamiento que reciben los artistas que se acercan hasta Elgeta. "Se les trata como personas", apunta. Y eso que parece una obviedad, unido a que los cachés se paguen religiosamente, hace que el Espaloia Kafe Antzokia empiece a ser uno de los referentes en la red cultural guipuzcoana y vasca.
"En muchas ocasiones se comete un fallo cuando grandes organizaciones traen un artista: pagan un dineral pero se le hace poco caso. Viene para un espectáculo y apenas se tiene trato personal con él y en la mayor parte de las veces el dinamizador cultural o quien lo organice no asiste al acto", explica Aranzabal.
De esa manera, Elgeta se ha labrado un público "fiel" y "que viene con cierta asiduidad" de Debagoeina y Debabarrena: Eibar, Bergara, Arrasate, Eskoriatza o Aretxabaleta. Pero la gente viene de todas partes si los conciertos o actos programados son únicos en Euskal Herria o "conocidos", como el caso del mentalista Anthony Blake.
otras coordenadas
Qué es un pueblo pequeño
El hecho diferencial descansa en que el Espaloia se "mueve en otras coordenadas" y trata de ofrecer una atención personalizada, humana y amable. "Hablamos, escuchamos para ver cuáles son los gustos de cada uno, les explicamos qué es el Kafe Espaloia, qué es un pueblo pequeño, qué es Euskal Herria o por qué funcionamos en euskera. Y ahí surge una relación y Anthony Blake es sólo un ejemplo, pero hay más. Vino el primer año y como estuvo a gusto ha repetido otras veces", indica el presidente de la cooperativa.
Por otra parte, Aranzabal reconoce que se ha producido un cambio a la hora de atender a los artistas. "Antes en Euskal Herria existía un modo de traer grupos. Los músicos cenaban y dormían en casa de los propios organizadores. Ahora son grandes empresas las que realizan este trabajo y este mundo se ha profesionalizado mucho -y eso es bueno- pero una de las consecuencias ha sido la pérdida de trato humano y yo diría que ellos lo echan en falta".
Aranzabal no quiere decir que alguien actúe en ese escenario "exclusivamente" por ese factor, "sino que es una herramienta más que suma en positivo para que repita". "Es decir, no vienen porque somos muy majos, sino porque se les paga su caché y al mismo tiempo agradecen que se pueda hablar con la gente", opina.
Sin embargo, todos esos ingredientes no consiguen borrar las características de un local que se encuentra en un pueblo pequeño, lejos de la capital y que recibe alguna ayuda institucional que no es fácil obtener.
A pesar de que este escenario cuente con un completo programa "sigue teniendo agujeros". "El otro día escuché decir a Odón Elorza que si la pasarela de Mompás se realizara en Bilbao ya estaría hecha pero como es en Donostia todavía es un proyecto. Y no sé si se da cuenta de cuántos pueblos hay en Gipuzkoa que tienen verdaderas dificultades para llegar a las subvenciones o cuánto se invierte en Donostia en cultura y cuánto en los pueblos pequeños", subraya.
lucha
Descentralización
Aranzabal define la situación como una "lucha". En su opinión, "tienen derecho a recibir ayudas pueblos de 1.000, 5.000 ó 20.000 habitantes". "Creemos que habría que trabajar a favor de una descentralización de la cultura. Y es verdad que hay ayudas pero el dinero realiza más fácil el camino de un pueblo pequeño a una capital y no de una capital a un pueblo".
Y es que las ayudas suponen un porcentaje "muy pequeño" en la financiación. "Tenemos un bar y un restaurante y por suerte va mucha gente. Eso ayuda a tapar el agujero que, todavía hoy, deja la cultura".
Sin embargo, como contrapunto Aranzabal cree que esta peculiar situación les permite que el local esté más "txukuna, tener un espacio cuidado y en el que la gente esté a gusto". Porque hay tres componentes que contribuyen a obtener una fórmula exitosa: "Que el artista esté a gusto, que el organizador también y que el público esté mejor. Ese trabajo en común da sus frutos. No hay más secretos".
la cultura
Otra concepción
Este modelo ha sido exportado de Bilbao, donde los responsables observaron "una estructura similar que se podría reproducir en nuestro pueblo". Ahora, con una marcada filosofía Espaloia Aranzabal dice que todo se puede resumir en una sola frase: "Todo pueblo tiene el derecho y la necesidad de ofrecer cultura del modo más digno posible". En este sentido, afirma que los espectáculos "más simples" son los "más relevantes". "Por ejemplo, es muy importante reunir a 20 personas en el cineclub. Lo destacado es que los niños utilicen el escenario para tocar música o representar obras. Espaloia es un proyecto popular".
Y es que como señala Iban Aranzabal en una localidad pequeña "basta con que alguien levante la mano para que pueda ayudar: limpiar, mover sillas, arreglar algo... Gracias a toda esa gente y a los trabajadores de la cooperativa es posible Espaloia Kafe Antzokia".
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