Editorial
El terror inútil
Es inútil buscar intencionalidades políticas a la estrategia de extender la amenaza del terror, como fue inútil aquella desdichada
Ponencia Oldartzen que a principios de los 90 promovió la
socialización del sufrimiento para trasladar casi indiscriminadamente a toda la sociedad vasca los padecimientos asumidos por quienes por opción voluntaria aceptan la violencia como método reivindicativo. Cientos de vecinos del barrio billbaíno de La Peña fueron desalojados de sus viviendas en plena madrugada, con lo puesto y en la incertidumbre de los daños que la bomba pudiera causar en personas y bienes. Ciudadanos obligados a convivir con la sensación más inmediata de la violencia indiscriminada . De nuevo, decenas de vecinos han tenido que abandonar sus viviendas en plena noche ante la amenaza de una bomba. De nuevo, decenas de ciudadanos están obligados a convivir con la sensación más inmediata de la violencia indiscriminada, del terrorismo en estado puro. ETA pretende hacer creer que sus acciones en contra del PSE -o las amenazas y ataques a sedes de PNV o EA, o el chantaje a empresarios o la violencia de persecución contra quienes piensan diferente-, tienen una motivación de respuesta: es falso. La sociedad asiste harta, indignada y aún hoy asombrada a la sinrazón a la que ETA quiere condenar a todos los ciudadanos. Es muy probable que ETA esté debilitada por la presión policial y judicial, pero indudablemente lo está por el clamor de una sociedad que rechaza mayoritariamente su violencia y que avanza en el siglo XXI pese a esta sombra negra. ETA ha perdido la batalla social y la batalla democrática, y sólo la lucha cruzada de intereses partidistas le permite aún escapes de aire por los que respirar. Las consecuencias demoledoras de los atentados de ETA han vuelto a enturbiar las relaciones políticas con cruce de reproches en los que se adivina más el interés táctico partidario que la intención de hacer frente unidos al mayor obstáculo para la convivencia, que es la violencia. Y el silencio de la izquierda abertzale oficial -más aislada desde la
Oldartzen - sólo contribuye, con la absoluta falta de credibilidad democrática de su discurso y de sus excusas, a ahondar en su proceso de minorización y autoaislamiento social y político.