
CONVENDRÁN conmigo en que el actual presidente de la Real Sociedad no deja indiferente a nadie. Aprovecho los 100 días en el cargo para referirme a su persona y sobre todo al trabajo realizado, aunque sigue siendo pronto para extraer conclusiones definitivas de lo que puede dar de sí el mandato de Iñaki Badiola.
A su favor el dinamismo con que ha impregnado a la entidad, que ha servido para revertir la situación tras el descenso de categoría y volver a poner en primera fila al club en lo que a presencia social hace referencia. La iniciativa y la capacidad de trabajo son otros dos aspectos que hasta sus enemigos deben reconocerle, como la aportación realizada a la primera plantilla con dinero ajeno al club para que ésta consiga ascender esta misma temporada. Nadie antes había fichado jugadores por su cuenta y riesgo. Conviene recordarlo. En más de una ocasión ha demostrado que le pierden las formas, porque se trata de una persona diferente, con un estilo rompedor, y que realiza propuestas hasta no hace mucho impensables. Sus méritos están ahí.
Sin embargo, es cierto que en otra serie de cuestiones me invade la duda. No voy a entrar en la viabilidad del proyecto económico planteado en campaña para dotar al club de recursos, porque creo que es demasiado pronto para ello. Me centro sobre todo en la gestión deportiva.
Cagigao, hombre que se supone será el nuevo director deportivo, no termina de llegar. Mientras tanto, dos representantes de futbolistas han cobrado demasiado protagonismo en la creación y toma de decisiones que competen al club. Tres entrenadores son muchos en lo que va de mandato, y tengo la sensación de que hasta en esta parcela, Badiola ejerce el cargo al más puro estilo presidencialista.
Entiendo que quiera realizar cambios en Zubieta, a pesar de que los resultados de la cantera la temporada pasada fueran los mejores en mucho tiempo. Todo Consejo de Administración entrante lo ha hecho. Sin embargo, el actual criterio de selección de personal para seguir en la estructura txuri-urdin me parece, cuando menos, cuestionable. Además, una cosa es prescindir de los servicios de algunos técnicos, y otra cosa, guste o no, respetar los contratos de éstos, incluidas las indemnizaciones.
Noto demasiado nerviosismo en los trabajadores la Real, y eso no es bueno. La idea de rebajar drásticamente el personal del club y subcontratar el resto de servicios me parece, ya sólo como mera posibilidad, tremendista a todas luces.
Tampoco es bueno que los jugadores estén con la mosca detrás de la oreja por el tema de las primas, aunque no quieran polemizar sobre este asunto. Sí hubo fumata blanca la semana pasada, pero las cantidades son menores a las pactadas en su día.
A partir de aquí, me quedo con las virtudes y los defectos del actual mandatario, y cierro el paréntesis hasta el final de temporada. Espero debatir de manera pausada sobre el rumbo que debe tomar el club el 15 de junio, cuando el equipo esté ya en Primera.
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