
Boonen, Cancellara y Ballan, en un tramo adoquinado de una París-Roubaix sin agua ni barro.Foto: efe
donostia. Tres monumentos. Tom Boonen, Fabian Cancellara y Ale-ssandro Ballan. Piernas de granito. Sueños de piedra. Un adoquín como anhelo. Así de simple. Así de maravilloso. Es la París-Roubaix.
Los tres mejores clasicómanos del momento se jugaron en el anillo del velódromo de Roubaix la clásica de las clásicas. El Infierno del norte. Ayer polvoriento. Seco, aunque parezca paradójico, es menos infierno. "Una Roubaix sin lluvia no es una Roubaix", decía Sean Kelly (ganador en 1986 y 1984). Sobre su piel, de adoquín, belga, suizo e italiano compartieron sueño durante 35 kilómetros. Allí, en el sector siete, el que empalma Templeuve l'Epinette con Le Moulin de Vertain, los tres se destacaron. A su espalda se abrió el tiempo. Hueco vacío. Espacio para que libraran la batalla de las batallas. En la clásica de las clásicas. Eran los mejores y nadie les pudo seguir. La Roubaix no tiene secretos. Lamina las piernas débiles. Selección natural.
"No tenía las mejores piernas del grupo cuando he atacado". Boonen hacía cábalas camino del velódromo de Roubaix en compañía de Ballan y Cancellara. Los tres se entendieron y hicieron que la diferencia con el grupo perseguidor, en el que Leif Hoste se encontró asediado por Stuart O'Grady y Stijn Devolder, perdiera tiempo con premura. Hoste se desquició y dio por perdida la carrera, que se quedó adelante. Cosa de tres, que se quedó en dos tras un elocuente gesto de Ballan a su director deportivo a falta de 20 kilómetros para la meta. El italiano frunció el ceño. Su gesto se hizo visible en el Carrefour de l'Arbre cuando Cancellara buscó sorprender a Boonen. Imposible. "Si uno de nosotros dos atacaba, el otro salía a su rueda. Éramos los dos principales favoritos", se resignaba el suizo en meta. Ballan mostró allí su alma. Débil. Pero no se entregó. Resistió a rueda del dúo y siguió colaborando con ellos. Un acelerón, más corazón que piernas, de Cancellara dejó la carrera a las puertas del último tramo, el de Roubaix, el de terciopelo, el que abre el último kilómetro, a las puertas del anillo donde Ballan lanzó un sprint sin historia. Gris. El color del adoquín que besó Boonen en el podio. Por segunda vez, como en 2005. Ya está a uno de Octave Lapize (1909, 1910, 1911), Gaston Rebry (1931, 1934, 1935), Rik Van Looy (1961, 1962, 1965), Eddy Merckx (1968, 1970, 1973), Francesco Moser (1978, 1979, 1980) y Johan Museeuw (1996, 2000 y 2002), y a dos de Roger de Vlaeminck (1972, 1974, 1975 y 1977).
Despedida de BAldato El segundo triunfo de Boonen tuvo otros dos protagonistas. La despedida de Fabio Baldato (segundo en 1994), que colgará la bici a sus 40 años y el debut de Hervé Duclos-Lasalle, hijo de Gilbert, vencedor en 1992 y 1993. >A.L.
clasificaciones
París-Roubaix
1. Tom Boonen (Quick Step) 5h58:42
2. Fabian Cancellara (Team CSC) a 1''
3. Alessandro Ballan (Lampre) m.t.
4. Martijn Maaskant (Slipstream) a 3:39
5. Stuart O'Grady (Team CSC) a 3:57
6. Leif Hoste (Silence-Lotto) m.t.
7. Stijn Devolder (Quick Step) a 3:59
8. Johan Van Summeren (Silence-Lotto) a 4:35
9. George Hincapie (Team High Road) a 5:12
10. Fabio Baldato (Lampre) m.t.
54. Pedro Horrillo (Rabobank) a 16:48
60. Txente García Acosta (Caisse d'Epargne) m.t.
69. Imanol Erviti (Caisse d'Epargne) m.t.
71. Markel Irizar (Euskaltel-Euskadi) m.t.
91. Juanjo Oroz (Euskaltel-Euskadi) a 16:57
111. Mikel Gaztañaga (Agritubel) a 19:21
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