
Reivindicación de apostasía.foto: efe
Donostia. "Quiero apostatar". Son las primeras palabras que escucha Sebastián Uría, vicario judicial del Obispado de Donostia, en cada una de las visitas que recibe en su pequeño despacho del paseo Colón de Donostia. Al otro lado de la mesa se encuentra frente a frente con personas que en su día entraron a formar parte de la Iglesia Católica mediante el bautismo, pero que con el curso del tiempo se han propuesto poner tierra de por medio. De algún modo, se sienten engañados. Por diferentes motivos, desean que su nombre sea borrado para siempre de los listados eclesiásticos.
La declaración de apostasía es el único medio que la Iglesia Católica reconoce para que una persona bautizada deje de pertenecer a ella de forma voluntaria. Uría es el encargado de recibir a cada uno de estos desertores .
En las últimas tres décadas -de 1971 a 2006- se han separado de la Iglesia un total de 763 personas en Gipuzkoa, con una media de 30 abandonos anuales, según datos facilitados por el Obispado de Donostia que quedan un tanto diluidos en el tiempo. La mayor parte de rupturas se registran a partir de 1988. Desde el tribunal eclesiástico aseguran no poder ofrecer una fotografía más detallada de una realidad que "ni siquiera está publicada en medios diocesanos".
Uría realiza las entrevistas personales desde el pasado septiembre, a un ritmo de un par por semana. Pero recela incluso de los datos ofrecidos por el obispado. No da por bueno que más de 700 personas hayan marcado distancias con la Iglesia mediante acto formal durante este tiempo.
Atribuye el fenómeno, en mayor o menor medida, al despliegue de diferentes "campañas" que, a su entender, conforman una imagen desdibujada del fenómeno debido a unos trámites que "no fueron ejecutados" con rigurosidad.
"A partir de 1988, el colectivo homosexual canalizó diferentes actuaciones, y otras tantas se produjeron a través de gaztetxes, lo que provocó que aumentaran los casos. Pero muchas de estas cartas se cumplimentaron masivamente, sin verificar. Recuerdo haber leído informes en los que tan sólo figuraba el nombre de un tal Txarly y dos garabatos más. Por eso no se puede decir que sean más de 700 apostasías", reflexiona el responsable del tribunal eclesiástico, aunque tampoco acierta a explicar por qué fueron registrados en su momento.
ley de protección de datos En 1993 llegaron al obispado en torno a cien cartas de solicitud de apostasía, cifra que se dobló al año siguiente. A partir de 1994 el ritmo se atenúa, hasta un nuevo crecimiento registrado de nuevo a partir del año 2000, favorecido por la aparición de la Ley Orgánica de Protección de Datos (1999), que obliga a la Iglesia Católica a suprimir al solicitante del registro cuando tiende a negarse o pone excesivas trabas.
Ante este fenómeno, la diócesis ha optado por centralizar todas las solicitudes, abandonando el sistema de trabajo anterior, que se dejaba en manos de unas parroquias que no siempre tenían la cintura suficiente para gestionar unas demandas, en ocasiones, problemáticas.
Desde el año pasado todas las peticiones de apostasía son canalizadas a través del obispado, que se encuentra en un proceso de recogida de información para conocer la "verdadera dimensión" de las deserciones. A muchas de ellas, el responsable del tribunal eclesiástico les resta rigurosidad. "¿Cuántos apóstatas hay actualmente? No lo sabemos todavía", responde sucintamente Uría.
La Agencia de Protección de Datos maneja cifras bien concretas a nivel estatal que hablan de que el fenómeno de la apostasía se ha multiplicado por seis entre 2006 y 2007 al pasar de recibir 47 solicitudes a un total de 287 peticiones de cancelación que fueron remitidas a su vez ante los distintos obispados.
entrevista previa El procedimiento para cumplimentar la petición de apostasía es variado. Por carta, por Internet, a través de un formulario... No hay un solo modelo para solicitar ante la jerarquía católica la exclusión de la Iglesia. Cada cual puede plantear su petición como mejor considere.
En todo caso, desde el tribunal eclesiástico siempre tratan de concertar una entrevista personal, en la que el solicitante debe aportar su partida de bautismo. "A partir de ahí comenzamos a hablar", sonríe Uría, al describir un momento en el que por lo general afloran los motivos que llevan al futuro apóstata a dar por zanjada su relación con la Iglesia.
Como en toda relación, siempre varía el tono de la conversación en función del perfil de cada persona. En la sala suele imperar el respeto, aunque también hay situaciones más tensas, dentro de un "agitado contexto social" que el vicario judicial cree espoleado por la "fuerte campaña a favor de la apostasía desplegada desde Internet".
La apostasía va en aumento, así como las críticas a la Iglesia y otras confesiones cristianas, a las que culpan de "aprovecharse" de la tradición secular de celebrar los nacimientos para incrementar de "forma ilegítima" su implantación social. Son sectores que aseguran que "viene siendo una práctica habitual" de la Iglesia negarse, o poner trabas, a la aceptación de las declaraciones de apostasía.
El responsable del tribunal eclesiástico replica que este tipo de interpretaciones no son más que fábulas. "Yo, al menos, no pongo ninguna pega, lo que ocurre es que intentamos realizar siempre una entrevista previa para dar a conocer las consecuencias que tiene este acto". Bajo su punto de vista, ello suele asociarse a medidas de carácter coercitivo.
Desde el obispado aseguran que el trámite es mucho más sencillo de lo que se tiende a pensar. Una vez mostrada la partida de bautismo, y después de esa primera conversación en la que quedan aclaradas todas las dudas, el tribunal eclesiástico hace entrega a cada apóstata de un anexo -firmado por ambas partes- que detalla los efectos canónicos de tal acto, y que se lee de viva voz. "La persona queda desposeída de los derechos que corresponden a quienes se mantienen en comunión con la Iglesia...".
A continuación se levanta acta, que es trasmitida a la secretaría general del Obispado de Donostia para que ejecuten la medida. Para ello, se comunica a la parroquia donde fue bautizado el apóstata que ha abandonado a la Iglesia mediante acto formal, algo que queda reflejado en un margen del registro de bautismo.
En este punto llega otro caballo de batalla. Hasta la fecha, la Agencia Española de Protección de Datos ha estimado todas las denuncias -dando la razón a las personas que quieren apostatar-, pero simplemente ha obligado a la Iglesia Católica a aceptar la declaración de apostasía, mediante la anotación en el libro de bautismo. Sin embargo, los tribunales reciben cada vez más denuncias de apóstatas que exigen a la Iglesia Católica que todos sus datos personales sean suprimidos íntegramente, incluido el registro del bautismo.
Este deseo no es ni mucho menos compartido por la Iglesia. "No lo hacemos en ningún caso. Hay quienes pretenden que no quede ni rastro, pero no es procedente puesto que se trata de un hecho histórico. Podemos reflejar la situación actual con respecto al deseo de esa persona, pero no tiene sentido levantar acta de un hecho histórico", insisten desde el obispado.
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