
cA DA vez resulta más sencillo establecer paralelismos entre la vida política vasca y americana, pero la comparación arroja siempre un balance favorable a Estados Unidos, cuyos usos democráticos se encuentran aún a años luz.
Lo último es el apodo que empieza a recibir el senador Barack Obama en algunos blogs políticos: Obambi. ¿Les suena? Seguramente el blogger que ha dado en apodar a Obama con el nombre del cervatillo de Disney no tiene ni idea de que ese era, precisamente, el despectivo sobrenombre con el que algunos de sus propios compañeros de partido apodaron a Zapatero en cuanto llegó a la secretaría general. ZP puede parecerse en algunos aspectos a Obama, pero ya nada tiene que ver con Bambi, sobre todo si se atiende a lo que dijo a sus interlocutores vascos en la tribuna del Congreso.
Confianza y certidumbre: nada de aventuras. O lo que es lo mismo: Constitución española. Ese es el mensaje central respecto a la política vasca, un mensaje que en lo sustancial no varía gran cosa respecto al sostenido por todos los gobiernos españoles, aunque en esta ocasión ZP ha logrado despojarlo de la tradicional agresividad que desprendían los mensajes procedentes de Madrid, más allá de la mordaz ironía con la que trató de descuartizar -dialécticamente, claro- al diputado Erkoreka. O sea, mano de hierro en guante de seda.
Otra cosa es qué pueda suponer esa apelación a la confianza y a la certidumbre, que en principio son sólo palabras, sin contenido concreto. La misma acusación que recibe Obama en Estados Unidos. Y, por cierto, la misma también que los socialistas realizan contra el PNV: ¿qué proyecto concreto tienen los jelkides para Euskadi, más allá de la celebración de un referéndum?
En todo caso, el PNV parece haberse agarrado precisamente a esa falta de definición de Zapatero para justificar su abstención, aunque señalando que el discurso presidencial está construido en clave electoral vasca. El Partido Socialista, en efecto, está lanzado ya a la conquista de Ajuria Enea y los más previsores han comenzado incluso a especular sobre un hipotético reparto de responsabilidades en un futuro Gobierno Vasco de coalición. No descartan a nadie como posible socio y algunos no ocultan su preferencia por el PNV, por lo que la actual estrategia pasa por tratar de desgastar a los jeltzales pero sin destrozarlos. Así, además de no cerrarse las puertas a un futuro acuerdo, consiguen que no se produzca una movilización del voto abertzale similar a la de 2001.
En esa calculada estrategia, chirrían las palabras del secretario de organización del PSOE, José Blanco, asegurando que el fin de la legislatura había supuesto la derogación de facto de la resolución del Congreso que autorizaba a hablar con ETA, y han suscitado algunos temores en aquellos socialistas que siguen creyendo firmemente que, tarde o temprano, será necesario volver a la mesa de negociación. Pero la política de control de daños aplicada tanto por ZP como por Patxi López tras la intervención de Blanco parece haber logrado que el asunto de la derogación de facto haya quedado relegado a un segundo plano.
Pero la de ZP y Obambi no es el único paralelismo posible con la política americana. Allá, la secretaría de Estado investiga desde hace dos semanas quién y por qué accedió a los datos reservados de los pasaportes de los tres principales candidatos: Obama, Clinton y McCain. Dos empresas subcontratadas y varios empleados han sido suspendidos o despedidos.
Aquí, mientras tanto, Protección de Datos revela que fue la Diputación de Gipuzkoa la que filtró datos fiscales de un candidato a diputado general, pero nadie ha sido capaz de poner nombre a los responsables de tan escandalosa conducta. Nada se sabe sobre una posible investigación interna. La Diputación no dice, ni antes ni ahora, quiénes tenían suficientes permisos para acceder a esos datos y quiénes efectivamente accedieron a ellos. Más allá de los problemas internos que la cuestión pueda generar al PNV, lo cierto es que las autoridades forales de Gipuzkoa han hecho bien poco por devolver la credibilidad a una institución que, por la actuación de unos pocos, se encuentra irremediablemente bajo sospecha. O sea, nada que ver con América.
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