
Damiano Cunego levanta el brazo en señal de victoria, tras superar en un accidentado sprint a Contador, que mantuvo el liderato.Foto: Ruben Plaza
orio. Bajo el diluvio de Orio irrumpió la ansiada lluvia de estrellas. Fue una cascada fugaz, apenas unos minutos, que agudizó la gula de una afición a dieta de espectáculo desde el lunes en Deskarga. Ayer, por fin, se libró el cuerpo a cuerpo entre las figuras del pelotón, como Damiano Cunego, que ganó la etapa por delante de un Alberto Contador que hoy saldrá de líder en la contrarreloj de 20 kilómetros. La etapa, sin embargo, dejó la sensación de que se nos va una edición que pudo resultar inolvidable, pero faltó un terreno más apropiado.
El italiano del Lampre fue el más rápido en una accidentada llegada en la que Cadel Evans, David Herrero y Ricardo Riccò besaron el suelo, al patinar sobre el paso cebra que cruzaba la última curva. El bilbaíno del Karpin-Galicia se llevó la peor parte.
La trampa de Aia se tragó a los primeros de la general, salvo a nueve hombres (Cunego, Kirchen, Herrero, Evans, Astarloza -valiente el pasaitarra-, Monfort, Rebellin, Dekker y Schleck), que siguen a 8 segundos del madrileño del Astana. Entre ellos saldrá el ganador final.
Corto repecho La dichosa pared de Aia respondió a las expectativas, aunque supo tan a poco como el resto de una vuelta que se puede resumir en el salto de Contador en Deskarga, y los doscientos metros infernales en Aia. Ni siquiera dos kilómetros. Ése ha sido el escenario en el que realmente se ha llegado a ver durante toda la vuelta a los primeros espadas, que son los que arrastran público a las cunetas y disparan los índices de audiencia.
En la última ocasión para mover el árbol, Euskaltel-Euskadi y Saunier Duval lo volvieron a intentar. Los dirigidos por Jon Odriozola lo hicieron desde lejos con Egoi Martínez, y los de Joxean Fernández Matxin en la parte final, aunque su dinamita resultó humedecida en una fría jornada pasada por agua y bajo el tirano control de Astana.
Los amarillos endurecieron la carrera desde el primer paso por el alto de Txanka, con Iker Camaño al frente del grupo. Poco antes del muro aiarra, David López (Caisse d'Epargne) cambió de ritmo arrastrando a su rueda a Joaquim Rodríguez, que cedió tiempo en Gasteiz a posta, pensando en buscar el triunfo parcial ayer. El resto de hombres fuertes optaban a restar segundos a Contador. O, al menos, que la deuda de tiempo no fuera más grande.
En la primera mitad del repecho, el barakaldés comandó el grupo con un rodador como Thomas Dekker, lo que denota que el ritmo era de tanteo. Igor Anton arrancó dos veces, hasta que Purito se abrió paso entre el angosto pasillo de aficionados agolpados donde la carretera superaba el 25%. Con él se fue Contador, pero el repecho se acabó cuando comenzaba a abrirse una herida en el grupo de cabeza, que se agruparía en la bajada.
caída en la llegada Pero la meta escondía un último cepo, en el que cayeron Evans, Riccò y Herrero. El australiano se reincorporó tras rebotar contra el asfalto como si tuviera un muelle, y fue 14º en la meta. Riccò parece sufrir un mal de ojo, dado que sendos percances le apartaron del triunfo en dos etapas de la Tirreno-Adriático, y un enganchón en Viana y la caída de ayer le fulminaron en dos finales que le eran propicios.
Herrero, en cambio, desparramó su desconsuelo por el asfalto. "¡No puedo seguir, no puedo seguir. Me he roto la cadera!". La voz de David Herrero, cortada entre sollozos, ponía los pelos de punta.
Sentado sobre el badén que causó la caída en plena última curva, el de Rekalde era un lamento. "La iba a ganar yo", le espetó a Javier Azkarate, el primero en atenderle. Sus palabras impactaron al médico de la carrera: "No podía ser yo quien le retirara", aseguró el galeno, que abrió el manual de su experiencia: "Creo que no tenía más que un fuerte golpe", añadió el doctor. "Por eso le monté sobre la bicicleta", en una acción literal, porque el bilbaíno fue aupado sobre su montura. Desconsolado, sin casco y con la pierna derecha colgando, el vizcaíno del Karpin-Galicia completó los últimos metros. A continuación fue trasladado al Hospital Aránzazu, donde no se le apreció ninguna fractura. El golpetazo, muy duro, le puede pasar una factura muy cara en la contrarreloj de hoy.
Serán 20 kilómetros, con un repecho casi en frío con rampas del 20%. El trazado es ideal para hombres explosivos y con gran fuerza, y ahí Contador encaja en el perfil.
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