
donostia. El Bruesa necesitaba ganar al Melilla y recuperar cuanto antes las buenas sensaciones. No hizo ni lo uno ni lo otro; de hecho, agravó su situación con una derrota sonrojante que supone otro golpe en su autoconfianza. La terrible defensa del equipo guipuzcoano fue la principal causa de la debacle ante el Melilla, que sin sin muchos recursos, se llevó un triunfo de Illumbe que jamás debería haber sumado. Ahora el Bruesa cosecha su segunda derrota seguida y atraviesa uno de los peores momentos anímicos y de juego de toda la temporada.
El Bruesa, como viene siendo habitual, comenzó el partido a merced del Melilla, que en el primer cuarto anotó nada menos que diez canastas dentro de la zona, poniendo en envidencia la defensa local. Entre Ciorciari y Southall torpedearon el planteamiento defensivo del Bruesa, haciendo todo el daño en la pintura. Ambos jugadores sólo estaban dando un aviso de que entre los dos iban a liderar el asalto a Illumbe.
En ese primer cuarto, el dato más positivo fue el evidente intento de Andy Panko por dar un paso adelante. El alero fue mucho más incisivo de cara al aro que en los últimos partidos y comenzó en partido generando situaciones de ventaja para sí mismo y, sobre todo, para sus compañeros. A pesar de ello, el Bruesa ya llevaba el partido a remolque (23-26).
El segundo cuarto fue el único en el que el Bruesa consiguió un aspecto de equipo sólido, el problema fue que esa imagen duro muy poco. Durante los primeros minutos de este parcial la defensa local logró dominar al Melilla y así los de Laso lograron tomar las riendas del partido. En este cuarto, el Bruesa sólo permitió una canasta dentro de su zona y se fue al descanso con 44-40 y una sensación de progresión que los mismos jugadores no tardarían en desmentir tras la reanudación.
En la segunda mitad del encuentro salieron a la luz todas las carencias del Bruesa, que se sostienen sobre una endeble defensa que condena al equipo a los de Laso a sufrir de irregularidad en ataque. Parece que los conceptos defensivo y ofensivo no deberían tener tanta relación, pero vaya que sí la tienen. El Bruesa necesita construir su juego a partir de una defensa sólida, lo necesita como el comer, sobre todo ante equipos que no están dispuestos a aceptar el reto de jugar de poder a poder y llevan el partido al ritmo que menos interesa al Bruesa. Para dominar el ritmo el Bruesa debe defender y ayer no lo hizo. Si no se defiende apenas hay contraaques ni transciones rápidas y en estático, los rivales han aprendido que cerrandose el Bruesa sufre lo indecible para atacar.
Pero el peor de los problemas es el estado ánimo de la plantilla, que, salvo honrosas excepciones como la de Ricardo Uriz, no parece sentirse capaz de desarrollar su mejor juego. Panko, que ayer lo intentó, está muy lejos del jugador que era en la primera vuelta; lanza bastante menos a canasta y cuando falla, su ánimo se diluye como un azucarillo. Al Bruesa le urge recuperarlo.
En el tercer cuarto volvieron los problemas en la zona propia, Southall se había adueñado de la pintura del Bruesa y todos y cada uno de los pivots locales sufría defendiendole. El enorme pívot del Melilla ganaba la partida una y otra vez a su par, que se veía expuesto sin una triste ayuda en el horizonte. Así Southall se hizo de oro.
Junto al pívot, Diego Ciorciari fue el otro verdugo del Bruesa. Entre ambos sumaron la friolera de 63 puntos de valoración de los 88 que cosechó su equipo. Vamos, que entre los dos se merendaron al Bruesa y sin tener que hacer maravillas, solamente dividiendo la zona y con balones interiores que significaban canastas fáciles.
Tras el pésimo tercer cuarto, el Bruesa tiró de orgullo para remontar el partido, pero cuando llegas a este punto con los deberes sin hacer cualquier contratiempo te impide culminar la complicada ascensión en el marcador. En esta ocasión, el Bruesa se topó con una de las peores actuaciones arbitrales que ha sufrido nunca. En ocasiones rozó el escándalo; sobre todo, Santana Morales completó un arbitraje desastroso, totalmente parcial y que él solo se complicó.
Pero el partido lo perdió el Bruesa con su mal juego. Después de darle la vuelta, el GBC logró colocarse por delante en el último minuto; pero una pérdida de Isaac y una defensa inexistente que acabó con una cómoda bandeja de Ciorciari dieron la victoria al Melilla. Con esta derrota, pero sobre todo, con la pobre imagen que dejó, el Bruesa afronta su peor momento con los play-off a mes y medio vista. Laso debe dar la vuelta al factor psicológico de su equipo o el Bruesa seguirá en caída libre. Todavía hay tiempo, pero se acerca la hora de la verdad y el equipo debe reaccionar antes de que sea tarde.
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