
El juez de paz José Ángel Igarzabal, ayer, en Lehendakaritza.Foto: marcos ruiz
vitoria. José Ángel Igarzabal, a sus 65 años, recibió con gran satisfacción un homenaje que, para él, debe ser "un primer escalón" en el reconocimiento a estos jueces.
¿Qué tarea específica desarrolla un juez de paz?
Llevamos el Registro Civil. Los nacimientos, matrimonios, defunciones, etcétera. Tramitamos los exortos de los juzgados superiores, cumplimentamos unas diligencias, citamos a la persona y hacemos lo que han ordenado. Lo más bonito es la celebración de bodas. Yo creo que el matrimonio civil debe ser un acto solemne y no una especie de tapadera. Cumplir la legislación no es más que leer tres artículos y se acabó. Eso es algo muy frío. Yo cumplo esa legislación, hago unas consideraciones y entonces les ofrezco un cóctel para que el amor perdure, con la tolerancia o la comprensión como ingredientes. También suelo emplear cuentos con moraleja sobre el matrimonio.
¿Y alguna anécdota?
Hace poco, en una celebración, la pareja tenía un perro y querían que participara en la ceremonia. Tenía los anillos colgados del cuello. Y, en el momento en que les dije que se los colocaran, les acercaron el perro y se los pusieron. Les felicité, pero les advertí de que el perrito también tenía derecho a disfrutar de un banquete especial ese día.
¿Qué más labores desempeña?
También tenemos como competencia el acto de conciliación. Viene la gente a que se les resuelvan los problemas, siempre pequeñas cosas, pero me siento muy gratificado cuando puedo arreglarlo y puedo evitar que vayan por la vía judicial. En el caso de los problemas matrimoniales va más por la vía legal, a veces se puede dar un consejo, pero ya no te puedes meter, porque es un tema muy delicado. Igual has hecho un arreglito y a los cinco días ocurre una desgracia, dicen que ya han estado con el juez y parece que no se ha hecho nada.
¿En qué ha cambiado la vida del juez de paz desde que empezó?
Ha cambiado mucho y, además, positivamente. Hoy en día, estamos informatizados y eso es muy importante para el Registro Civil. A veces va un familiar en lugar de la persona interesada, le preguntas la fecha de nacimiento y no la sabe, tocas una tecla y punto.
Los jueces de paz deben compaginar su propio oficio con el cargo que desempeñan. ¿Qué tal lo ha llevado usted?
Bien, ahora ya llevo cinco años dedicado sólo a esto, pero lo he compaginado con la industria siderometalúrgica y con labores de información en los medios.
¿Qué valoración hace del homenaje del Departamento de Justicia?
No cabe duda de que es gratificante que una institución como el Gobierno Vasco reconozca la labor. La justicia de paz es muy importante y muchas veces no se acaba de entender, y eso que precisamente es la que más cerca está del pueblo. Hay que tener en cuenta que se aplica desde la Revolución Francesa.
¿Quizá la ciudadanía se ha descolgado un poco de este tipo de instituciones?
Efectivamente. Pero es muy gratificante, porque suele venir gente más humilde. La verdad es que todos estos años han sido muy bonitos y pienso seguir en la brecha si Dios me da salud.
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