Editorial
Zapatero achica espacios al PP
MUY poco que ver tuvo el discurso que ayer pronunció el candidato
Rodríguez Zapatero
con el que inauguró hace cuatro años la anterior legislatura, casi sin creérselo. El de ayer fue un discurso cauto, maduro en el sentido de prudente, intencionadamente cuidados sus términos y abarcando materias en las que difícilmente se le pudiera plantear una disidencia abierta. En realidad, Zapatero vino a repetir la secuencia de otro presidente socialista,
Felipe González , cuyo discurso en su primera investidura fue progresista en lo social y moderno en lo político pero que en su segunda oportunidad fue más allá de la moderación. Como estaba anunciado, la economía ocupó buena parte de su intervención y anunció medidas urgentes ante la desaceleración que ya es realidad. Medidas que el representante del grupo mayoritario de la oposición,
Mariano Rajoy , menospreció casi de oficio. Reconoció Rajoy "rectificaciones" en algunas de las propuestas de Zapatero, y no le faltó razón. En materia de política antiterrorista y en política autonómica, el discurso de ayer se acercó mucho más al del PP que el discurso de 2004, teniendo en cuenta la insistencia del candidato en un compromiso pactado "para acabar con ETA", y la mutación de aquella "España plural" de 2004 en la "España unida y diversa". Fue España, su "idea de España" uno de los términos más empleados y repetidos por Zapatero, de forma que quedase claro su nacionalismo español frente a pasados reproches de rupturista. A tener en cuenta las reiteradas llamadas del candidato al pacto, al gran acuerdo sobre las grandes materias como el terrorismo o la justicia. Acuerdo al que Rajoy mostró su buena disposición siempre que se tratase de un 'acuerdo a dos', en la línea del Pacto Antiterrorista, sugerencia que Zapatero no aceptó, afortunadamente. La sesión de ayer careció de sorpresas, de grandes anuncios, resultando quizá lo más novedoso, preocupantemente novedoso, ese deslizamiento de Zapatero hacia terreno ocupado por la derecha. De no producirse un giro asombroso que pasaría por cesiones que privilegien al partido de Rajoy, el PP votará en contra de la investidura de Zapatero. Todo, por ahora, está transcurriendo en la línea de lo previsible: dos protagonistas y el resto, convidados de piedra.