Editorial
La noria
ERMINÓ la semana, y muy posiblemente comenzará la próxima, con las consecuencias políticas derivadas del asesinato perpetrado por ETA en la persona del ex concejal socialista
Isaías Carrasco
el pasado 7 de marzo. Una vez más, la política vasca sufre los demoledores efectos producidos por la actividad terrorista. Una vez más, la confrontación y el desencuentro en torno a la víctima, en macabro ceremonial partidario con el asesinado de fondo. La impresentable espantada de la alcaldesa de Arrasate,
Ino Galparsoro , tras el atentado y la negativa de su grupo municipal, ANV, a rechazarlo han desencadenado un duro enfrentamiento político entre los partidos democráticos en el que no han faltado los errores de bulto, las estrategias interesadas y un rastrero cortoplacismo. La pésima gestión que se ha hecho de la decisión sobre ese Ayuntamiento por parte del PNV no hace olvidar la responsabilidad de quienes, desde el Gobierno español, pactaron con ANV los municipios en los que se legalizarían las listas presentadas. Si el PNV podía imaginar las consecuencias de la primera decisión, no secundar la moción de censura, la posterior rectificación no ha evitado la desconfianza de los socialistas ni los feroces ataques de la izquierda abertzale, ni el deterioro de su imagen como partido. Si el PSOE dio por buena y legal la lista de ANV en Arrasate abiertos todos los frentes armados de ETA, debía ser consciente de que en caso de atentado no iba a variar la habitual postura de no condenarlo por parte de sus representantes. Es lo que tienen, las decisiones en caliente. Una vez echada a girar la noria, lo difícil es saber cómo y cuándo podrá parar mientras siga impulsándola el agua del terrorismo y la desestabilización. Del asesinato de Isaías Carrasco se puede derivar una catarata de acciones políticas de muy difícil control e imprevisibles consecuencias, que por una parte podrán ser explicadas y hasta asumidas por razón de ética democrática, pero por otra harán aún más complicada la convivencia ciudadana. Mientras tanto, ETA se complace al comprobar los demoledores efectos de su atentado y ANV anuncia un futuro apocalíptico culpando a diestro y siniestro de lo que pueda ocurrir. Más torrentes de agua que mueven la noria del desencuentro entre los vascos.