
Gunter Pauli, ayer, junto al Aquarium de Donostia antes de ofrecer su charla.Foto: gorka estrada
arantzazu zabaleta
donostia . Pauli insiste en que no habla de "fantasías", sino de "una realidad". En Japón, Australia y Canadá hay empresas que producen cemento imitando el proceso químico de las conchas, que crean sustancias análogas a las algas que bloquean las bacterias dañinas y barcos que, con el mismo sistema que las cucarachas, recuperan agua potable. Todo, con emisiones cero.
¿Cuál es exactamente el objetivo de su visita a Donostia?
Me he limitado a exponer casos de procesos naturales que se ha comprobado que se pueden imitar. La vida nació en el mar, me parece importante observarlo y ver, por ejemplo, cómo las algas han logrado sobrevivir en una sopa de bacterias, -en un milímetro cúbico hay más de 100 millones-. La alga marina rosada, en 300 millones de años, ha entendido que matarlas no vale la pena, hay demasiadas. Por eso ha desarrollado una técnica para bloquear su comunicación. La locura del hombre es que cuando no entiende algo lo quiere matar, cuando se enfrenta a bacterias las quiere matar con antibióticos, cuando se pueden bloquear.
¿Quiere decir que las algas pueden ser alternativa a los antibióticos?
¡Claro! En unos quince años, porque se tardarán unos diez años para obtener permisos. Hay una empresa en Australia que ya las utiliza. ¿Cómo es posible que los europeos no lo sepan? Hay un desconocimiento total de estas oportunidades, que pueden significar la redefinición total de la salud del ser humano, porque sabemos que las bacterias hoy son muy resistentes. Pero se puede conseguir que no se comuniquen.
¿Ya se aplica este sistema?
La primera aplicación, el año pasado, fue con el problema que tenía British Petrolium en las tuberías de petróleo hasta Alaska, porque entraban bacterias. Esta empresa australiana las bloqueó con el alga sintética análoga que creó.
¿Qué más procesos naturales se pueden imitar?
Otro ejemplo es el del material de construcción. Obtenemos calcio carbonato para hacer cemento en las minas. Pero en el mar hay un mayor productor de calcio carbonato, las conchas: convierten el CO2 del mar y el calcio, en calcio carbonato para construir su concha. Es un productor más eficiente que la industria cementera, que necesita unos 1.200 grados. Ellas tienen la técnica, es un proceso químico sencillo. Ya hay una empresa en Canadá que lo imita.
Explotar estas nuevas técnicas puede ser muy económico.
Además, se aprovecha el CO2 y por utilizarlo, hoy en día pagan hasta 30 euros por tonelada. Mientras algunos investigan cómo enterrar ese CO2 a 3.000 metros de profundidad en el mar, la concha lo convierte. Otro problema es qué hacer con los metales pesados, hay mucho metal perdido, sobre todo en ordenadores. En el mar también hay bacterias que tienen una técnica para concentrar metales a temperatura ambiental.
Fuera del mar, también ha hablado del ejemplo de las cucarachas.
Es otra técnica interesante para ciudades costeras con problemas de agua potable, como Barcelona ahora mismo. En el desierto de Namibia, la cucaracha captura el agua del aire a través de su caparazón, con zonas hidrofóbicas e hidrofílicas que repelen y atraen el agua a la vez y generan burbujas. Un velero con una humedad del 15 ó 20% lo puede hacer; los militares lo hacen en Irak. En una ciudad los edificios podrían tener una cobertura que capture agua del techo, se evitaría tener que bombearla hacia arriba. Sería eficiente energéticamente y sostenible.
¿Y más económico que desalar?
Una desaladora es una locura. Es una fábrica, demuestra que el ser humano es el homo no sapiens, porque no sabe cómo solucionar la falta de agua o problemas de salud, y la cucaracha o las algas, sí. La sabiduría la tenemos, pero no hacemos la reflexión, nos hemos olvidado de hacer conexiones: se estudia la concha, no la conexión con cementeras.
Usted también difunde una serie de fábulas para niños. ¿Intenta cambiar esa mentalidad?
El cuento de una ballena, desde la nanotecnología, enseña nutrición, física, geografía, economía, química... El niño sí quiere saber más y hace esas conexiones, a veces absurdas, pero nosotros le enseñamos a no ser absurdo. Deberíamos dejar que siga haciendo las conexiones, si le enseñamos sólo lo que nosotros sabemos, no lo hará mejor que nosotros.
¿Se puede aprender de una ballena?
Con seis voltios bombea 1.000 litros de sangre. Observando cómo lo hace, han creado un nuevo marcapasos, un tubo de carbono que une las partes del corazón con conductividad.
¿Ya se aplica?
En 3 ó 5 años reemplazará al marcapasos habitual: será más barato, más sencillo y se hará con anestesia local. Hay un potencial tan evidente e inmediato, que no entiendo cómo no se trabaja en estos ámbitos. Esto también es una invitación al País Vasco para que apueste por romper las reglas del juego. David le ganó a Goliat porque rompió las reglas.
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