
JUAN Manuel Lillo (Tolosa, 1965) es un filósofo del fútbol, un incomprendido en muchos casos, pero un hombre valiente, consecuente con sus ideas y defensor incondicional del juego de ataque y la inspiración, en detrimento de conceptos muy manidos por la mayoría de entrenadores, como equilibrio, seriedad, orden, concentración y trabajo . Lillo no es un técnico convencional. Fiel seguidor de Valdano, pero sobre todo de Ángel Cappa, siempre ha defendido el talento y el juego ofensivo sin excepción. Frases como "si se corre mucho se juega mal" o "el juego directo es una conspiración del intento de ganar", definen muy bien a este guipuzcoano que ya en 2001 estuvo a un paso de dirigir a la Real, en la temporada en que finalmente Roberto Olabe salvó al equipo del descenso.
Nuevos aires soplan en la Real y la llegada de Lillo es toda una declaración de intenciones. Una nueva apuesta por la teoría del diez, el fútbol de campanillas, el que roza el arte. Más valorado como orador que como técnico, Lillo representa el cambio en esa dirección, en la búsqueda del zen, del éxtasis futbolístico. Éxito rotundo o fracaso. Sin medias tintas. El propio técnico ha reconocido en alguna entrevista que no deja a "nadie indiferente. O me odian, o me aman".
triunfó en salamanca (92-96)
El inventor del 4-2-3-1
Juanma Lillo tratará de traer a Donostia la esencia del Salamanca que llevó a la gloria en la campaña 1994/1995, al que hizo subir en dos temporadas consecutivas desde Segunda B a Primera. Así se dio a conocer este joven preparador guipuzcoano, un amante del balompié que en varias ocasiones ha confesado que no sabría vivir sin el deporte del balón. Aún juega en sala o campo grande a diario, con sus amigos, buscando al futbolista que siempre quiso ser y no pudo.
En septiembre de 1995, este tolosarra se convertía en el entrenador más joven en debutar en Primera División. Tenía 29 años e iba a cumplir los 30 el 2 de noviembre. En la ciudad castellana aún se le recuerda como el técnico que mejor juego ha ofrecido a los aficionados, el que les hizo vivir un sueño de dos años.
Se le atribuye a Lillo haber inventado el esquema 4-2-3-1, que ya utilizaba en la Cultura Leonesa (91/92, Segunda B) antes de triunfar con el Salamanca. Lillo tiene además un vínculo muy fuerte con Argentina y el fútbol sudamericano y una gran afinidad con Cappa y Valdano, dos técnicos argentinos.
de bache en bache
Colección de fracasos
Pese al éxito inicial con el Salamanca, su filosofía no cuajó en Primera y la realidad de la máxima categoría puso en cuarentena la teoría de Lillo hasta el punto que el creador fue destituido antes de que su obra se precipitase de nuevo hacia la Segunda División tan rápido como había subido antes.
Desde entonces, su carrera como técnico ha sido una colección de fracasos, algo que le ha desprestigiado como profesional de los banquillos y le ha cerrado muchas puertas. Su última aventura la vivió en el Dorados de Sinaloa de México, equipo al que en 2006 llevó al ex jugador del F.C. Barcelona Pep Guardiola, gran amigo suyo.
Con todo, su experiencia más amarga la vivió en Zaragoza, conjunto al que llegó con 32 años y en el que sólo aguantó cuatro partidos de Liga. El propio Lillo se lamentaba entonces de que "me han contratado como escultor y cuando sólo había hecho la base, me han dicho que soy un mal escultor". Desde que salió de Salamanca, en Oviedo (96/97), Tenerife (97/98), Zaragoza (00/01), Ciudad de Murcia (03/04, Segunda División) y Terrassa (04/05) fue destituido.
una persona muy cercana
Amigo de los futbolistas
Al margen de su dolorosa trayectoria profesional y sus teorías futbolísticas, Lillo siempre ha destacado por ser una persona muy querida por los jugadores a los que dirigido. Desde la distancia, muchos le atribuyen un discurso pedante e incomprensible, pero su cercanía como persona le ha hecho entenderse a la perfección con sus futbolistas. Cuentan de él, que en el Oviedo (96/97) se ganó al central argentino Gamboa, un hombre con mucho carácter y vocación de líder, al que Menotti había dirigido en Boca Juniors pero no pudo amansar. El propio Menotti reconocería más tarde a Lillo que "si consiguió manejar a Gamboa, sería capaz de lidiar con Pelé o Maradona", el jugador favorito del tolosarra.
Recto y metódico, este técnico de 42 años, que también da charlas de motivación para empresas, no bebe ni una gota de alcohol, ni siquiera vino en las comidas. Se confiesa amante de la literatura y le apasiona la música de Dire Straits, en cuya discografía se encuentran canciones inolvidables. No es de las más conocidas, pero Your latest trick , podría motivar a Lillo a mostrarnos su último truco, y el mejor, para ascender a la Real.
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