
Juan Ormazabal, ayer, en la sede de Aranzadi, ante una imagen de Joxe Migel Barandiaran.Foto: gorka estrada
donostia. Ormazabal sucederá en la presidencia a José Miguel Larrañaga, en un cargo que ya antes han asumido grandes nombres de la cultura y las ciencias.
Barandiaran, Elosegui, Chillida... ¿No siente vértigo al presidir una institución que ha sido dirigida anteriormente por personalidades de esa talla?
Cuando tuve el primer contacto con Aranzadi, yo no era más que un chaval de 17 años y, sin ser miembro de la junta directiva, asistía a sus reuniones. Me interesaba ver cómo hablaban los mayores. Así conocí a Chillida, Elosegui, Altuna, Barandiaran... Para mí aquello fue una universidad. Por ello, es una gran honra y me halaga que alguien haya pensado en mí para ser presidente. Además, siento cierto respeto por tener una nueva labor por delante.
¿Qué necesidades observa en Aranzadi?
Es una sociedad que tiene un potencial enorme. De hecho, desde el punto de vista intelectual y científico no tenemos nada que objetar. Posiblemente, debemos analizar cómo podemos profesionalizarla. Eso no significa que todos los socios deban ser miembros activos y que estén sometidos a una disciplina empresarial. Pero, sin duda, aquellos que trabajen en proyectos subvencionados por empresas o instituciones tienen que hacerlo dentro de una disciplina profesional.
¿Se puede decir que se está creando un entorno de competencia en el ámbito de la investigación?
Así como cuando, en 1947, comenzaron su labor los pioneros de Aranzadi, no había universidad, ahora sí existe. Antes no había profesionales de las Ciencias Naturales y de la Antropología, y ahora sí. Pero también tenemos un entorno donde la competencia es mayor. Eso es bueno, y nos debe hacer ver que, si queremos mantener viva la sociedad durante otros 60 años, tenemos que imprimir un cambio.
Habla de una mayor sensibilización social. ¿No observa un alejamiento entre ciudadanos y científicos?
Para ser sincero, pienso que la sociedad en general vive muy alejada de las inquietudes culturales y científicas. Para eso basta con fijarse en la televisión, donde sólo hay noticiarios, películas y deportes. Eso es así porque la sociedad no demanda otras cosas. Hay una distancia en la manera de vivir: no tenemos tiempo para pensar, leer ni distinguir los problemas importantes de los secundarios.
¿Qué papel juegan en ese sentido entidades como Aranzadi?
Tenemos la obligación de trasladar a las instituciones la preocupación de que ellos tienen que hacer una especie de cambio de valores, porque, en definitiva, lo que nos va a hacer perdurar en el tiempo como personas, como civilización y como pueblo van a ser los valores intelectuales y culturales. No va a ser el fútbol. Debemos sensibilizar a las instituciones para que en sus programas transmitan a la sociedad que es necesario vivir en valores culturales. Y eso no se hace.
Ese alejamiento quizá sea todavía mayor en el ámbito de la etnografía y el estudio de las costumbres.
Cualquier pueblo se vale de sus estudios etnográficos para conocer sus orígenes. Es muy importante, porque perder esa memoria sobre las formas de vida de antaño significa olvidar la evolución de la sociedad. Lo que ocurre es que las fuentes para recordar estos aspectos se están perdiendo. El cambio cultural ha sido tan grande que, al final, ya no queda gente que recuerde las costumbres tradicionales.
¿No pasa lo mismo en una de las actividades estrella de Aranzadi como la recuperación de la memoria histórica?
También jugamos a contrarreloj, porque cada vez quedan menos personas que vivieron la Guerra Civil. La recuperación de la memoria histórica, a pesar de que algunos digan que exacerba los ánimos, sirve para recordar algo que ocurrió y que no debe pasar de nuevo. Yo no sé quién tuvo la culpa, pero el hecho es que los familiares de los muertos tienen derecho a localizar los restos de sus antepasados. Eso asiste a todas las partes y por lo tanto nosotros hacemos un trabajo científico.
Como experto en energías renovables, ¿cómo observa el fenómeno del cambio climático?
Aranzadi debe participar en proyectos que tengan relación con el medio ambiente. Y eso lo estamos haciendo, pero no de forma integral. Es decir, no se realizan estudios ambientales que tengan en cuenta distintas disciplinas. Aranzadi debe hacerlo, justamente cuando esta civilización está afectando de forma grave al medio natural. Porque el cambio climático es consecuencia de nuestra forma de vida; el 100% se deriva de la actividad del hombre. En esa línea deberíamos interpretar los efectos que se notan en el ámbito local. Es decir, Aranzadi debería ser testigo de la evolución de nuestro entorno natural.
No es un panorama muy alentador para las generaciones venideras.
Estoy muy preocupado por mis nietos. A esa generación le va a tocar vivir en un mundo muy difícil, porque, si no cambian las cosas, los recursos van a ser muy escasos y la vida va a ser muy complicada.
¿No hay esperanza de que la situación pueda mejorar?
Lo que pasa es que el hombre es muy borrico y hasta llegar al precipicio no reacciona. Seguramente lo arreglarán, pero será muy difícil. Me da la impresión de que los que deberían actuar no se dan cuenta del problema que hay.
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