
Retrato de Serge Gainsbourg.Foto: n.g.
madrid. Serge Gainsbourg hizo de sus concupiscentes letras el mejor arma para convertirse en un revolucionario social y encontró en la música la forma de dar salida a su verdadero potencial para encarnar el sofisticado cliché que aún representa a la cultura francesa.
El sempiterno referente de la música gala, de voz torturada y catártica obscenidad, reinventó su persona para convertirse en el icono de la chanson francesa, tal y como relata la periodista musical Sylvie Simmons en una biografía homónima del autor de Je t'aime... moi non plus que publica en España la editorial Mondadori.
Toda una generación se miró en el espejo de Gainsbourg, el Baudelaire particular de la Francia de la segunda mitad del siglo XX, que mereció el obituario de François Mitterrand en el momento de su muerte, en 1991.
El alcohol, los cigarrillos Gitanes y las mujeres conformaban el triángulo equilátero imprescindible para un incorregible Gainsbourg, que plantó cara a la moral establecida, ya sea a través de sus concupiscentes letras o de sus siempre comentadas intervenciones públicas: "Quiero follarte", le espetó en una ocasión a la cantante estadounidense Whitney Houston en televisión.
Nacido como Lucien Ginsburg, el tímido hijo de un inmigrante ucraniano es un claro ejemplo de hombre hecho a sí mismo, que escogió un nombre poco francés -Serge recuerda su procedencia del Este y Gainsbourg, en referencia al paisajista inglés Thomas Gainsborough- para lograr, a través de la música, una identidad alternativa. Su consolidación como artista tardó en llegar, tras publicar unos primeros discos de jazz agresivo e introvertido sin apenas repercusión y verse eclipsado en su discográfica por Johnny Hallyday.
misógino Su polémica relación con la mujeres -se consideraba tan misógino como anunciaban sus letras- tiene como origen su época de juventud, cuando recurrió al servicio de varias prostitutas para perder su virginidad. "Se burlaban de él, lo que le hacía sufrir muchísimo, por eso más tarde se vengó consiguiendo a las mujeres más bellas de Francia", recuerda la más célebre de sus esposas, Jane Birkin, en palabras que recoge Simmons en el libro.
Siempre provocador, Gainsbourg venció al destino: "La fealdad tiene algo de superior a la belleza: dura más", sentenció el poco agraciado músico, escritor y cineasta, que tuvo como amantes a Isabelle Adjani, Vanessa Paradis y Juliette Greco, además de a Brigitte Bardot, con quien grabó su gran éxito Je t'aime... moi non plus , aunque ella se negara a que la canción se publicase con su voz.
Finalmente lo hizo Birkin. Fue la mujer que, dice Simmons, destrozó el corazón del cantante al divorciarse de él, aunque nunca le abandonó, pese a perderse en una espiral de alcohol y convertirse en Gainsbarre, el alter ego misántropo y maldito que fue conquistando parcelas de su persona hasta su muerte.
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