
Onaindi se dirige a los asistentes al acto de aniversario bajo la atenta mirada de un grupo de jóvenes cuadros de CCOO sentados en la tribuna.
R ESULTA complicado fijar el origen exacto de las primeras comisiones obreras en Euskadi. Los primeros movimientos se produjeron entre 1956 y 1969 en las áreas mineras e industriales de Bizkaia y Gipuzkoa. Aplastados por unas condiciones de trabajo indignas y un marco de derechos casi inexistente, los trabajadores formaron comités aprovechando la estructura del Sindicato Vertical, el único legal durante el Franquismo. Pese a la amenaza de despido o incluso de cárcel, estos pioneros del activismo sindical fueron poco a poco siendo aceptados por los responsables de las empresas y negociaron acuerdos al margen de los canales legales.
El caldo de cultivo de este incipiente movimiento fueron las luchas obreras de la Margen Izquierda y el Bajo Deba guipuzcoano. Las masas obreras se organizaron en las fábricas para reivindicar la firma de los primeros convenios colectivos. Una ley dictada por el régimen autorizó los acuerdos laborales en 1956, pero su aplicación se retrasó seis años, hasta 1962. Ese año se produjeron cruentas huelgas en la industria del metal en Bizkaia y Gipuzkoa, que movilizaron a más de 35.000 trabajadores.
Las comisiones obreras se van consolidando en la gran industria -Altos Hornos de Vizcaya, Babcock Wilcox, La Naval, CAF, Basconia- a partir de entonces. Un símbolo de organización sindical fue la Mina del Alemán, donde se estableció un modelo de militancia y lucha consagrado a través de las reuniones ilegales. El activismo fue duramente perseguido por los poderes del Franquismo y costó cientos de detenciones de trabajadores por toda la zona de Trapagaran.
Tomás Tueros, que fue el primer secretario general de 1978 a 1987, recuerda que las asambleas obreras tuvieron una oposición de ELA y UGT ya que, a su juicio, aquella idea equivalía a "poner los cuadros obreros en manos de la policía". Una de las características del nacimiento del sindicato, es su naturaleza de organización construida de abajo arriba . Aquella constelación de comités laborales fue un fenómeno disperso hasta que los activistas de distintas fábricas decidieron conformar una plataforma supraempresarial de carácter permanente -la Comisión Obrera Provincial- que actuase como interlocutor de los trabajadores de todo el territorio.
Filiberto Sánchez, ex líder metalúrgico en Álava, recuerda la táctica de utilizar los recursos del Sindicato Vertical para minarlo desde dentro: "Nuestra estrategia era meternos dentro para, desde ahí, intentar tirarlo. Hacíamos nuestras propias reuniones, funcionábamos clandestinamente y en una época llegamos a hacer propaganda de CCOO con las propias impresoras del Sindicato Vertical".
Marcó un hito en el desarrollo del movimiento la histórica huelga de Bandas de Etxebarri entre 1966 y 1967. El millar de trabajadores del centro sostuvieron una protesta de seis meses por un problema de rebaja de primas y aumento del ritmo de trabajo. La solidaridad se extendió por todos los estamentos vascos de la época, llegando a España e incluso el extranjero. Decayó cuando la dirección amenazó con expulsar de sus casas en Otxarkoaga -propiedad de la compañía- a los obreros.
Juicio 1.001
Todos a la cárcel
El sindicato llegó a la agonía de Franco como una organización con una amplia base militante, pero debilitada por los golpes de los jueces y la policía del régimen, que extremaron la represión en los estertores de la dictadura. En 1973 se celebró el célebre juicio 1.001 contra la cúpula de la coordinadora general de Comisiones Obreras a nivel estatal. Sus miembros fueron condenados a penas de prisión de entre doce y veinte años.
En agosto de 1976 se celebró la Asamblea de Barcelona, todavía en la clandestinidad, en la que se formó el esqueleto organizativo de las actuales Comisiones Obreras. Dos años después, el Congreso de Leioa marcó la fundación de CCOO de Euskadi, en el que desde el inicio convivieron dos familias con posturas muy encontradas sobre la acción sindical: la moderada y la radical. Era la época de la fragmentación del espacio político de la izquierda entre marxistas, maoístas, trotskistas y una multitud de sensibilidades.
Al sindicato afluyeron militantes identificados con su definición de organización nacional y de clase. Se alimentó incluso de ETA, que en aquella época era un poderoso polo de atracción de activistas revolucionarios contra el régimen y a favor de la liberación de Euzkadi. Pero CCOO nace sin duda como brazo del Partido Comunista en las fábricas, un vínculo que se mantendría firme hasta los años 90.
Entre finales de los 70 y a lo largo de los 80, la llegada de la democracia comienza a plasmarse en un marco de derechos laborales -Estatuto de los Trabajadores, Ley Orgánica de Libertad Sindical- y el panorama laboral vasco se consolida en torno a cuatro centrales: CCOO, ELA, UGT y LAB, de reciente creación. En 1982, en puertas de la traumática reconversión industrial, Comisiones perdió la primacía a manos de ELA, realidad que se mantiene hasta hoy.
En estos últimos años, CCOO de Euskadi ha reforzado su identidad como sindicato plural, comprometido con la convivencia y apartidista. Cuenta con 55.000 afiliados y más de 4.000 delegados, el 20% de la representación sindical de la CAV. Desde principios de década, es el sindicato que más crece.
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