
Díaz de Cerio salta limpio y no hace falta al meta, pero el colegiado anuló el gol de Delibasic.foto: g. estrada
donostia. La Real perdió contra el Racing por el colegiado. Sí, es cierto que también por muchas otras causas, pero en esta ocasión el motivo más importante, agravado por los antecedentes, fue el escandaloso arbitraje de un murciano llamado Bernabé García. Al trencilla, provocador nato y destrozapartidos de profesión, le debía estar aburriendo la primera parte, algo comprensible, y, en una acción muy propia de su gremio en esta categoría, decidió darle un poco de vidilla señalando un penalti increíble, por un mínimo contacto de Gerardo con Jonathan Pereira. El balón estaba en el aire, no lo tenía controlado, se encontraba de espaldas a la portería, y cuando sintió el brazo se dejó caer. El colegiado no lo dudó y señaló una pena máxima, que no se la pitan ni al Madrid ni al Barcelona en sus gigantes estadios. No quedó ahí la cosa. Mediada la segunda parte el impresentable de Ceballos lesionó a Nacho con una entrada criminal al tobillo con los tacos (el club debería denunciarle) y Bernabé no pitó ni falta, pese a que estaba al lado. Hay más. Queco Piña fingió una lesión, atrapó el balón en el área sin que nadie le tocara y envió el balón fuera para que le atendieran. Decisión del colegiado: que saque una falta desde su área, pese a que a Delibasic le habían dado una patada sin balón. Y, con Anoeta esperando a reclamar un penalti para que compensara su cúmulo de desaciertos, en el minuto 90 anuló un gol a Delibasic por una supuesta infracción de De Cerio, que indicó el linier (era imposible que la viera), cuando Bernabé lo había dado por válido. Si llega a ser San Mamés, por ejemplo, el asistente hubiera batido el récord del mundo corriendo hacia el centro del campo.
A la Real le toman el pelo. Le ningunearon el año pasado cuando fue el equipo más perjudicado con diferencia de Primera y lo vuelven a hacer en Segunda pese a que tiene de largo el mayor presupuesto de todos. Esta campaña ya le han robado siete puntos, con los que estaría cerca de coger al Málaga. Como es preferible no maquinar teorías sobre conspiraciones, se deben buscar explicaciones razonables y no hay que pensar demasiado para encontrarlas. Midan la distancia desde donde pita el colegiado hasta donde se encuentra el primer aficionado en la grada. La Real juega siempre fuera de casa, porque los árbitros son tan incompetentes que, sin miedo, se crecen y pitan lo que no ven y lo que se quieren inventar. Y hay que decirlo, porque el club necesita subir como sea. Si no, esperen a los resultados de la due diligence sobre la deuda total que arrastra.
demasiados errores El equipo realista cayó por tercera semana seguida, pero lo hizo en la mayor pifia de este curso. Fue en un partido horriblemente jugado por su parte en el que se volvió a demostrar que los rivales conocen la fórmula Eizmendi. El técnico debe ser consciente de que, o busca un plan alternativo, o el ascenso será una quimera. Para jugar con un 4-4-2 hay que sacar dos delanteros muy buenos y disponer de una plantilla de nivel superior. Lo segundo parecía que lo tenía, y al principio la idea funcionaba, pero la Segunda es una categoría de mucha táctica y estudio del adversario, de modo que los entrenadores rivales no han tardado en encontrar el antídoto. La Real es el único equipo de Primera y de Segunda que no juega nunca con un mediapunta y que desprecia su importancia. Los dos delanteros, estáticos hasta la desesperación, sólo buscan romper para marcar el gol, y no se dan cuenta que se encuentran siempre a 30 metros del doble pivote.
Los donostiarras lo intentaron en la primera parte, sobre todo en las entradas por la derecha, pero los centros de Carlos Martínez y de Xabi Prieto fueron siempre a ciegas. A estoy hay que sumar la poca destreza de los realistas al botar las jugadas de estrategia y, lo más increíble de todo, los ¡saques de banda! En el último minuto de la primera parte Nacho asistió en uno de ellos a un rival que creó la jugada del penalti.
Tras la reanudación, a la Real le temblaron la piernas. El Racing le tuvo contra las cuerdas en tres rápidas contras. Eizmendi por fin sacó a Mérida (menuda papeleta para el chaval) y éste dio más pases bien que varios de sus compañeros en todo el año. Incluso dispuso de dos ocasiones claras, pero no acertó en el remate. Eizmendi no supo leer el partido de nuevo. La pérdida del control era evidente y exigía jugar a la heroica, colgando balones desde mucho antes para Gari y De Cerio. Justo cuando lo entendió, llegó el segundo tanto.
La Real logró empatar a la desesperada, pero el colegiado no estaba por la labor de que puntuara. La situación es grave. La Real ha entrado en barrena en el momento crucial lo que exige una reacción, porque no hay tiempo para medidas drásticas.
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