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El PNV espera una respuesta de Zapatero a las bases de pacto que planteó en el Aberri Eguna

jeltzales y PSOE afrontan diez días claveS

Bilateralidad y respeto a la voluntad de la ciudadanía vasca sustentan la propuesta del EBB

Ibarretxe, López, Blanco y Urkullu, conversan antes de la concentración de repulsa en Arrasate tras el asesinato de Isaías Carrasco.Foto: efe

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vitoria. "Si hay posibilidades de acuerdo, si el PSOE y Rodríguez Zapatero entienden y admiten que este pueblo tiene derecho a un acuerdo singular, si podemos romper el bloqueo político en el que este pueblo lleva instalado demasiado tiempo, si podemos volver a dar un nuevo paso de gigante en el autogobierno, ahí estaremos". La declaración de intenciones la hacía el presidente del Euzkadi Buru Batzar, Iñigo Urkullu, hace una semana en el Aberri Eguna. Su discurso, sin dobleces y sin complejos, dijo, marca el terreno de juego para los próximos meses.

Las hojas del calendario van cayendo, metiendo a la política vasca de lleno en diez días que pueden ser trascendentales para perfilar ese devenir. La primera cita será pasado mañana en la constitución de las Cortes Generales, un pequeño banco de pruebas para ver cómo respiran las relaciones entre socialistas y jeltzales con la negociación sobre la presencia del PNV en las Mesas de Congreso y Senado y la Presidencia de José Bono de la Cámara Baja como telón de fondo. El plato fuerte vendrá siete días después, en la sesión de investidura del jefe del Ejecutivo. Para entonces, socialistas y PNV habrán tenido que empezar a enseñarse sus cartas.

El portavoz jeltzale en el Congreso, Josu Erkoreka, y el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, protagonizaron el pasado martes el primer tanteo cara a cara de ambas formaciones. De ese encuentro, centrado exclusivamente en la composición de los órganos de dirección de las Cámaras, poco más se puede decir. Será mañana cuando el Euzkadi Buru Batzar defina su voto en torno a la candidatura de Bono, a la espera de que los socialistas satisfagan las aspiraciones jeltzales de lograr representación en las Mesas de Congreso y Senado.

el meollo Pero todo esto no son más que prolegómenos del auténtico partido que se empezará a jugar a partir del miércoles, cuando José Antonio Alonso y Ramón Jáuregui releven a Blanco e inicien las negociaciones para la investidura de Rodríguez Zapatero, que está a falta de siete votos para reunir la mayoría absoluta. Y en este partido, el EBB, por un lado, y su propio presidente, por otro, han dejado claro sus puntos de partida: quieren un compromiso de Zapatero para abordar un acuerdo que ponga fin al conflicto político vasco.

Acuerdo "singular" y "sin cepillado", decía Iñigo Urkullu el pasado domingo, un "espacio de encuentro" construido sobre la bilateralidad, explica el manifiesto hecho público por el PNV con motivo del Aberri Eguna: "Se trata del reconocimiento de la capacidad de la ciudadanía vasca para hacer valer su voluntad propia y respetar los acuerdos alcanzados. Y no hay respeto a la libre decisión sin un sistema bilateral de garantías que permita una estabilidad institucional del marco de relación pactado e impida una restricción unilateral del nivel de autogobierno que se derive del pacto suscrito".

En definitiva, el PNV se plantea no repetir errores del pasado, y así lo reconoce en ese documento en el que habla expresamente del Estatuto de Gernika para referirse a él como "un gran acuerdo" que "se incumplió". Y desde ese punto de partida, los jeltzales entienden que su "renovación" sólo puede abordarse desde la base de las "previsiones más singulares del Estatuto" -de ahí la oferta de "acuerdo singular" que hizo Urkullu en su discurso del domingo pasado-, en referencia a la "relación de igualdad que establecía y la bilateralidad hacia la que apuntaba como procedimiento para dirimir los eventuales desacuerdos". Algo que el lehendakari ha definido en muchas ocasiones y que volvía a hacer en la plaza Nueva de Bilbao advirtiendo de que Euskadi no será "nunca" un parte "subordinada" de España.

Unas bases que sirven al PNV para aspirar a retomar y renovar -utiliza estos términos- el pacto estatutario "desde la perspectiva del derecho de la ciudadanía vasca a decidir libremente su futuro, ya que es eso lo que la ruptura unilateral de un pacto viene a impedir". Respecto a ese polémico y anatematizado derecho a decidir, Urkullu lo definió en el Aberri Eguna como el "respeto a la voluntad de la ciudadanía vasca, voluntad como ejercicio ratificatorio de un acuerdo".

liderazgo y tiempos Hasta aquí las principales líneas que perfilan el contenido de la propuesta de acuerdo de los jeltzales, un acuerdo cuya búsqueda lidera y corresponde al PNV y en dejar claro este punto se empleó Urkullu en su discurso del Aberri Eguna. "Es el PNV quien tiene representación en Cortes y quien tiene su propio programa", "si tenemos a mano un buen acuerdo para Euskadi lo vamos a firmar ¡y que nos acusen de vender Euskadi, qué si no han hecho todos estos años!", fueron algunas de las expresiones que Urkullu utilizó para marcar distancias con sus socios del tripartito, pero también con la izquierda abertzale o con ELA, por ejemplo.

Eso en cuanto a interlocución, porque los tiempos están abiertos. Los jeltzales reclaman un compromiso firme del presidente antes de la investidura para abordar este acuerdo, a partir de ahí, existe flexibilidad en los plazos desde la voluntad de diálogo, concluía el manifiesto del Aberri Eguna, "para lograr que el año 2008 sea el año del desbloqueo político en Euskadi".

vitoria. "Si hay posibilidades de acuerdo, si el PSOE y Rodríguez Zapatero entienden y admiten que este pueblo tiene derecho a un acuerdo singular, si podemos romper el bloqueo político en el que este pueblo lleva instalado demasiado tiempo, si podemos volver a dar un nuevo paso de gigante en el autogobierno, ahí estaremos". La declaración de intenciones la hacía el presidente del Euzkadi Buru Batzar, Iñigo Urkullu, hace una semana en el Aberri Eguna. Su discurso, sin dobleces y sin complejos, dijo, marca el terreno de juego para los próximos meses.

Las hojas del calendario van cayendo, metiendo a la política vasca de lleno en diez días que pueden ser trascendentales para perfilar ese devenir. La primera cita será pasado mañana en la constitución de las Cortes Generales, un pequeño banco de pruebas para ver cómo respiran las relaciones entre socialistas y jeltzales con la negociación sobre la presencia del PNV en las Mesas de Congreso y Senado y la Presidencia de José Bono de la Cámara Baja como telón de fondo. El plato fuerte vendrá siete días después, en la sesión de investidura del jefe del Ejecutivo. Para entonces, socialistas y PNV habrán tenido que empezar a enseñarse sus cartas.

El portavoz jeltzale en el Congreso, Josu Erkoreka, y el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, protagonizaron el pasado martes el primer tanteo cara a cara de ambas formaciones. De ese encuentro, centrado exclusivamente en la composición de los órganos de dirección de las Cámaras, poco más se puede decir. Será mañana cuando el Euzkadi Buru Batzar defina su voto en torno a la candidatura de Bono, a la espera de que los socialistas satisfagan las aspiraciones jeltzales de lograr representación en las Mesas de Congreso y Senado.

el meollo Pero todo esto no son más que prolegómenos del auténtico partido que se empezará a jugar a partir del miércoles, cuando José Antonio Alonso y Ramón Jáuregui releven a Blanco e inicien las negociaciones para la investidura de Rodríguez Zapatero, que está a falta de siete votos para reunir la mayoría absoluta. Y en este partido, el EBB, por un lado, y su propio presidente, por otro, han dejado claro sus puntos de partida: quieren un compromiso de Zapatero para abordar un acuerdo que ponga fin al conflicto político vasco.

Acuerdo "singular" y "sin cepillado", decía Iñigo Urkullu el pasado domingo, un "espacio de encuentro" construido sobre la bilateralidad, explica el manifiesto hecho público por el PNV con motivo del Aberri Eguna: "Se trata del reconocimiento de la capacidad de la ciudadanía vasca para hacer valer su voluntad propia y respetar los acuerdos alcanzados. Y no hay respeto a la libre decisión sin un sistema bilateral de garantías que permita una estabilidad institucional del marco de relación pactado e impida una restricción unilateral del nivel de autogobierno que se derive del pacto suscrito".

En definitiva, el PNV se plantea no repetir errores del pasado, y así lo reconoce en ese documento en el que habla expresamente del Estatuto de Gernika para referirse a él como "un gran acuerdo" que "se incumplió". Y desde ese punto de partida, los jeltzales entienden que su "renovación" sólo puede abordarse desde la base de las "previsiones más singulares del Estatuto" -de ahí la oferta de "acuerdo singular" que hizo Urkullu en su discurso del domingo pasado-, en referencia a la "relación de igualdad que establecía y la bilateralidad hacia la que apuntaba como procedimiento para dirimir los eventuales desacuerdos". Algo que el lehendakari ha definido en muchas ocasiones y que volvía a hacer en la plaza Nueva de Bilbao advirtiendo de que Euskadi no será "nunca" un parte "subordinada" de España.

Unas bases que sirven al PNV para aspirar a retomar y renovar -utiliza estos términos- el pacto estatutario "desde la perspectiva del derecho de la ciudadanía vasca a decidir libremente su futuro, ya que es eso lo que la ruptura unilateral de un pacto viene a impedir". Respecto a ese polémico y anatematizado derecho a decidir, Urkullu lo definió en el Aberri Eguna como el "respeto a la voluntad de la ciudadanía vasca, voluntad como ejercicio ratificatorio de un acuerdo".

liderazgo y tiempos Hasta aquí las principales líneas que perfilan el contenido de la propuesta de acuerdo de los jeltzales, un acuerdo cuya búsqueda lidera y corresponde al PNV y en dejar claro este punto se empleó Urkullu en su discurso del Aberri Eguna. "Es el PNV quien tiene representación en Cortes y quien tiene su propio programa", "si tenemos a mano un buen acuerdo para Euskadi lo vamos a firmar ¡y que nos acusen de vender Euskadi, qué si no han hecho todos estos años!", fueron algunas de las expresiones que Urkullu utilizó para marcar distancias con sus socios del tripartito, pero también con la izquierda abertzale o con ELA, por ejemplo.

Eso en cuanto a interlocución, porque los tiempos están abiertos. Los jeltzales reclaman un compromiso firme del presidente antes de la investidura para abordar este acuerdo, a partir de ahí, existe flexibilidad en los plazos desde la voluntad de diálogo, concluía el manifiesto del Aberri Eguna, "para lograr que el año 2008 sea el año del desbloqueo político en Euskadi".

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