Editorial
Comenzar y terminar negociando
Lo más positivo de un resultado electoral sin mayoría absoluta es que, para la estabilidad de las instituciones, el partido político con mayor representación parlamentaria necesita asegurarse el apoyo de otras formaciones menores pero con presencia suficiente en la Cámara. El candidato a presidente del Gobierno,
Rodríguez Zapatero
, prefiere garantizarse la investidura mediante negociaciones previas con los partidos menores, principalmente con CiU y PNV que tienen grupo parlamentario. Abierto el diálogo con motivo de asegurar la presidencia del Congreso para
José Bono , retórica para marcar distancias aparte, queda despejado el camino para posteriores ejercicios de diálogos y acuerdos que, en el caso de Euskadi, van a ser ineludibles. Es de esperar que la necesidad de negociación y la responsabilidad de llegar a acuerdos supere a la tentación del bipartidismo, ese peligroso deslizamiento al que los intereses políticos y mediáticos se vienen entregando desde hace tiempo y que ha tenido su máxima expresión en la última campaña electoral. El previsible presidente del Gobierno español ya ha adelantado que quiere buscar el diálogo y los acuerdos, y ha pedido a sus diputados que tengan una actitud de entendimiento y de mano tendida, que huyan de cualquier tentación de crispación. Toda una declaración de intenciones que no puede ser pasada por alto y a la que habrá que invocar para recordársela cuando lleguen los problemas. Porque llegarán, en el momento en que se le requiera para el acuerdo político sobre la pacificación y normalización del País Vasco. El diálogo y la negociación para el acuerdo, metodología que parece haberse adoptado en estos primeros pasos de la legislatura, no puede frustrarse recurriendo a la trampa, al engaño, al
cepillado o a la pura y simple intransigencia. Es verdad que las experiencias anteriores no conceden un grado de confianza demasiado elevado a Rodríguez Zapatero, es verdad que las promesas incumplidas en los casos de Cataluña y Navarra empañan su credibilidad, pero este país tiene derecho a unos mínimos de esperanza. Al final, todo es cuestión de voluntad política. Ensayada ya estos días la asignatura del diálogo, sólo queda aprobarla llegando al acuerdo a través de la negociación.