
Tribuna Abierta
En nuestra sociedad existe una demanda creciente hacia una atención de calidad que posibilite una vida y una muerte dignas. En el final de la vida la frase "que no sufra" se ha convertido en una petición casi unánime de pacientes, familiares y profesionales sanitarios.
Muchos enfermos, al final de su vida, padecen un sufrimiento severo y precisan una atención sanitaria y social que debería implicar a todos los ámbitos asistenciales. Nuestro sistema de salud permite, en determinadas ocasiones, evitar o al menos atenuar una parte del sufrimiento que atenaza al ser humano en esta situación. Sin embargo, también es cierto que a pesar de la adecuada actuación de los profesionales y del correcto apoyo familiar y social, existen algunas situaciones en las que el sufrimiento persiste con una intensidad inaguantable para quien lo padece. Ese sufrimiento que se revela resistente a los tratamientos aplicados genera vivencias que pueden ser experimentadas como indignas por las personas, pasando a convertirse en una verdadera tragedia cuando se vive como algo insoportable, vislumbrándose la muerte como la única salida.
En los últimos años, con argumentos poco convincentes y que generan confusión en la opinión pública, se ha puesto bajo sospecha una práctica médica que ha demostrado ser eficaz en el alivio de ese sufrimiento. Nos referimos a la "sedación en el final de la vida", también denominada "sedación paliativa" y "sedación en la agonía". Además, tememos que la denuncia introducida por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid, sobre prácticas irregulares en relación con la sedación en el Servicio de Urgencias del Hospital Severo Ochoa de Leganés, haya contribuido a empeorar el proceso de morir de algunos enfermos.
¿En qué consiste la sedación?
La finalidad de la sedación es el alivio del sufrimiento del enfermo mediante una reducción proporcionada del nivel de consciencia. Se logra mediante la administración deliberada de fármacos, en las dosis y combinaciones requeridas para reducir la consciencia de un paciente con enfermedad avanzada o terminal, y así aliviar adecuadamente uno o más síntomas que no responden al tratamiento. Teniendo en cuenta esta definición, basada en la de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos, sedación terminal no es sinónimo de eutanasia.
El proceso de sedación paliativa correcto requiere: 1. Una indicación efectuada por el médico ante la existencia de un sufrimiento físico/psíquico resistente a los tratamientos en el final de la vida. 2. Los profesionales implicados en la sedación deben estar informados del proceso y efectuar el registro correspondiente en la historia clínica. 3. Se deben administrar los fármacos en las dosis y combinaciones necesarias hasta lograr el nivel de sedación adecuado. 4. El enfermo (o su familia, en el caso de que en ese momento no estuviera capacitado para decidir) debe dar su consentimiento explícito.
Queremos detenernos en este último punto, pues la información resulta fundamental en el proceso de sedación. Los profesionales sanitarios que atienden al enfermo terminal deben sopesar varios factores: los beneficios y posibles daños que puede generar en el enfermo la toma de conciencia de su incurabilidad y del tiempo que le queda de vida; las causas de su sufrimiento; los tratamientos que ya se han probado; las razones por las que se estima que la sedación es la única alternativa para aliviarlo. Así mismo, se debe explicar qué tipo de medicación se va a emplear, la supervivencia estimada, las posibles complicaciones, los efectos que se esperan en el nivel de conciencia del enfermo, así como la pérdida de su capacidad de comunicarse y de ingerir líquidos o alimentos. Además, se le debe informar acerca de los cuidados que se proporcionarán tras la sedación, así como lo que es probable que suceda en el caso de no realizarla. En todos los casos es conveniente informar a los familiares del enfermo, y así se le debe comunicar al paciente.
Este CEA, consciente de las dificultades que pueden generarse en el proceso informativo cuando la muerte está muy próxima, se suma al consejo de los profesionales que consideran que el proceso de información y de comunicación con el enfermo debe estar presente a lo largo de toda la enfermedad, incluyendo, además de los tratamientos curativos, todas las intervenciones cuyo fin primordial sea el alivio del sufrimiento, sin descartar la sedación como una de las alternativas de la medicina ante el sufrimiento insoportable.
La decisión acerca de la sedación paliativa debe ser compartida por el enfermo y por los profesionales sanitarios. La familia debe estimar los deseos de su familiar moribundo y saber que no es responsable de las determinaciones que toma el paciente. En el caso de que el enfermo se encuentre incapacitado para poder tomar su decisión, la familia debe ser informada en los mismos términos que se han descrito y deberá tener en cuenta los deseos y los valores de su familiar a la hora de dar el consentimiento. En este sentido, la expresión anticipada de sus deseos, trasmitida en conversaciones a lo largo de su vida con los familiares o con los profesionales de atención primaria, o la suscripción de un documento de Voluntades Anticipadas, permitirá conocer qué es lo que el enfermo desearía y cómo le gustaría que se actuase en el caso de encontrarse con un sufrimiento resistente al tratamiento en la fase final de su vida.
En conclusión, el CEA del Hospital Donostia y Fundación Matía Calvo: 1. Estima necesario reorientar los objetivos de la medicina actual, eminentemente curativos, hacia otros que no vean la muerte como un fracaso de la medicina, fomentando la formación de sus profesionales en medicina paliativa. 2. Manifiesta la necesidad de proporcionar una atención integral al enfermo en el final de su vida, que abarque los aspectos físicos, emocionales, sociales y espirituales, así como la atención en el duelo a sus familiares. 3. Desea resaltar la importancia de la información y comunicación de los profesionales sanitarios con el enfermo y su familia, entendiéndolo como parte del proceso asistencial durante la enfermedad. 4. Considera que, en esa etapa final de su vida, cuando el sufrimiento no cede ante las intervenciones de todos los profesionales implicados, el enfermo puede solicitar la sedación como alternativa terapéutica que le permita morir con dignidad. 5. Afirma que la sedación que se efectúa en estas condiciones es una buena práctica médica; ignorarla o negarla constituye una actuación maleficente del personal sanitario.
* Presidente del Comité de Ética Asistencial del Hospital de Donostia
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