Editorial
¿Quién juzgará al juez?
N este país, el control minucioso de los ciudadanos es exquisito cuando se trata de ejercer acciones punitivas por parte de la autoridad competente. No hay manera de librarse de la rigurosa persecución de Hacienda, ni de la multa por mal aparcamiento y, en otro orden de cosas, ni mucho menos del fichaje como moroso por parte de la entidad financiera por retrasarse en el último plazo del crédito hipotecario. La justicia española ha dado pruebas de frenética diligencia en casos vinculados, más o menos, con ese espacio difuso de comportamientos que los jueces consideran el terrorismo. Sin embargo, un pederasta convicto y confeso condenado a tres años de cárcel por abusos sexuales a una menor, más otra condena de dos años por el mismo delito, ha podido pasearse a sus anchas por todo el país, aparecer en televisión pidiendo que le den una casa, irse a vivir a Huelva y hasta presuntamente matar a una niña. Durante años ha andado suelto un peligroso delincuente y ahora, cuando truena, se ha acordado de Santa Bárbara el titular del Juzgado de lo Penal número 1 de Sevilla,
Rafael Tirado Márquez
, se ha acordado de que nadie se ocupó de dar la orden de encerrar a
Santiago del Valle , notorio pederasta a quien él mismo había condenado. A punto estuvo la ira popular de ejercer el linchamiento sobre el presunto asesino de la niña
Mari Luz Cortés , en una reacción de máxima impotencia porque quien debía haber evitado ese asesinato no hizo su trabajo. Para colmo, en una reacción no se sabe si cobarde o insensata, el juez mira hacia sus subordinados y se escuda en que una funcionaria estaba de baja y no hubo nadie que se ocupase de la ejecución de aquella sentencia. La administración de justicia no puede depender de la baja de una funcionaria, y sería necio por parte del magistrado pretender exculparse de su responsabilidad achacando a defectos de funcionamiento en su juzgado, puesto que él está encargado de poner los medios para que funcione. Como suele suceder, ahora, en caliente, se abrirá un debate social y mediático sobre las penas contra los pederastas y las medidas sobre su control. Pero del descontrol de la justicia, como también suele suceder, se hablará unos días nada más. Hasta que el corporativismo corra un tupido velo.