
Durante medio siglo Yoji Yamada se dedicó con paciencia monacal a una de las series más longevas del cine japonés: Tora-san . Se trataba de un personaje eternamente enamorado que siempre acababa compuesto y sin novia movido por ese alto concepto del amor y del honor que preside la cultura japonesa. Cuando su actor protagonista falleció con el final del siglo XX, Yoji Yamada, un cineasta querido y reconocido en Japón, recogió el instrumental de la comedia y puso en marcha una de las más bellas trilogías sobre el mundo samurai con la que ha recorrido el mundo. Love and honor nace como el tercer lado de ese triángulo iniciado por La espada oculta y El ocaso del samurai con la que Yamada propone un tributo al héroe anónimo. El cineasta japonés aplica en los tres casos la misma medicina. Para reivindicar el valor de los anónimos guerreros es preciso despojarlos de la épica solemne. Sólo de ese modo, cuando tras la katana y el kimono aparezca la persona, se hace posible reivindicar su grandeza.
En Love and honor , Yamada nos sitúa frente a otro samurai de escasos recursos. Su misión, como la del resto de sus compañeros de armas consiste en algo tan escasamente glorioso como probar la comida del shogun para evitar posibles envenenamientos. Son guerreros de espadas ociosas y cuerpos blandos convertidos en conejillos de indias. En ese feroz escenario, su protagonista rozará la muerte al probar un peligroso pescado fuera de temporada. Luego, vulnerable y sin sentido, condenado al suicidio y con el orgullo maltrecho, podrá renacer bajo el verdadero estandarte que Yamada defiende y que da título al filme: Amor y honor.
Si Kore-eda retorcía la leyenda de los 47 ronin en su espléndida y pacifistaHana , Yamada reescribe una historia que evocará en el espectador avisado el recuerdo de Zatoichi, el samurai ciego. Pero en su caso, lejos del tono irónico y divertido de Kitano, Yamada, (Osaka, 1931), escribe un cine cimentado en un tiempo indefinido. Su color, su movimiento, su planificación... todo nos habla de un ritual clásico con el que sostiene sin embargo una mirada corrosiva, regenedora y sin duda mucho más vital que la que ocupa el discurso de los no discursos de la contemporaneidad.
Dirección: Yoji Yamada. Intérpretes: Takuya Kimura, Rei Dan, Mitsugoro Bando, Takashi Sasano, Kaori Momoi , Nenji Kobayashi. Nacionalidad: Japón. 2006. Duración: 118 minutos.
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