
Tribuna Abierta
No se preocupen que no nos vamos a ocupar de anunciar una nueva ONG, aunque el título sin fronteras pueda inducirles a pensar en ello. Se trata más bien de intentar comprender si para los nuevos espacios sociales, donde están cayendo muchas fronteras, tenemos las propuestas adecuadas o si seguimos actuando como si las fronteras estuvieran en su mayor pujanza. A pesar de que las fronteras anteriores caen y las nuevas realidades cotidianas que nos lo explican están con nosotros, nos comportamos con esa inercia de lo conocido y seguro que nos lleva a ejercitar el papel de aduaneros creadores y defensores de la norma, de la estructura y el control, de los límites anteriores como los mecanismos de regulación de las cosas, aunque algunos tienen cada vez menos sentido. Decimos también que no se puede controlar todo, que es bueno educar para corregir, pero por qué será que cada problema al que nos enfrentamos concluye siempre en un culpable, siempre otro distinto de yo, y en una nueva norma, otra puerta con su control, que otros tienen que poner y que todos tenemos que saltar para evitar lo que ha pasado. Sin ir mas lejos la seguridad en los aeropuertos. Pero este caso no representa las fronteras mas limitantes de nuestro progreso consciente.
¿Cuáles son algunas, porque hay muchas, de las fronteras importantes que caen y cuáles las actividades de los aduaneros, todos nosotros, que consentimos y construimos a diario, consolidando aquello que era válido ayer y que impide el progreso del hoy y del mañana? La primera tiene que ver con la movilidad territorial de la tecnología, de los conocimientos y de las personas. Este fenómeno social, que lleva a un cambio de economía alentado por la apertura de fronteras, por la migración laboral, por la investigación tecnológica y por la facilidad de reubicación de recursos e información debilita los conceptos de territorialidad y de la representatividad pública de las personas en los formatos sociales hoy en día existentes. Los mecanismos de decisión pública son lentos y la sociedad llega a colapsar por la falta del dinamismo necesario ante una avalancha de temas en cartera que los modelos vigentes de gestión de lo público y de las decisiones técnicas a través de la administración no llegan a digerir. Uno se preguntaría si en una sociedad avanzada no debería plantearse definitivamente la puesta en marcha del "parlamento a tres turnos". No es quizás ésta la principal fábrica del futuro de un país que tendría que funcionar las 24 horas del día, para administrar con inteligencia un progreso tecnológico y social que viene y que debe ser diseñado en un espacio de consenso. Puede ser, en caso contrario, que el sistema público se convierta en el mayor freno del futuro ya que el modelo decisional tanto en lo legislativo como en lo ejecutivo y en lo judicial sea el primer obstáculo que impida que la sociedad circule a la velocidad adecuada. Las fronteras son en este caso como los antiguos fielatos en los que se controlaban las mercancías que salían de cada municipio. Afortunadamente hace más de 50 años que desaparecieron pero ¿no seguimos teniendo y creando otros muchos otros fielatos en nuestras leyes?
La segunda frontera que cae es la de las ideologías como referentes tradicionales de la acción personal y de la vinculación a un colectivo social de índole religiosa o política, siendo sustituida por un marco colectivo de comportamiento ético universal, plasmado en la declaración de los derechos humanos, lo que podemos llamar una ética para una civilización que progresa teóricamente sobre el valor de la persona. Estas fronteras ideológicas que caen lentamente son sostenidas a veces de forma casi inexplicable por las instituciones políticas y religiosas que se apalancan en lo que fue el diseño del pasado como los principios a mantener para encarar el futuro. La expresión de una vuelta atrás justificada en que en las formas de los tiempos pasados están nuestras raíces ciega la valentía de abordar lo nuevo y alienta la cobardía de quien sintiendo que las cosas no deben ser así enmudece protegiendo sus intereses. Un ejemplo de referencia para este espacio de fronteras ideológicas es el tema de la "educación para la ciudadanía" y las respuestas que ha generado. Para los aduaneros sin fronteras sirven los viejos caminos, los viejos principios, las pautas del pasado para justificar las acciones del presente y encarar el futuro. No quiero decir que el pasado no contenga valores y principios de alta calidad social, sino que no vale defender las propuestas del futuro sobre la base de las formas que adoptó el pasado.
Y para terminar, hablemos de la tercera frontera, porque sin duda todos encontraremos muchas más y algunas incrustadas en nuestro modo de pensar, que tiene que ver con la caída del modelo de confrontación como modelo de progreso. La caída de esta barrera nos debe llevar a eliminar la confrontación como mecanismo de progreso e ir hacia la complementariedad en las aportaciones, el desarrollo del prestigio personal- la autentica autoridad del conocimiento aplicado- y el allanamiento del poder para la organización de la sociedad futura. Esta frontera está hoy instalada en la organización de las relaciones entre los grupos de interés en cualquier ámbito. Para qué queremos una oposición política, sino para controlar a quien gobierna, bajo la hipótesis subyacente de que no lo va a hacerlo en beneficio de todos los ciudadanos sino en el suyo propio o en el mejor de los casos de quienes le votaron. Un aparato de representación, equivalente en competencias públicas y con muchos recursos llamado oposición, se dedica al control del gobierno y a plantear una alternativa para conseguir el poder dentro de 4 años. Sin duda es un sistema de convivencia muy caro porque todos pagamos al gobierno y a la oposición, pero ésta está para obstaculizar y no para construir, así es la realidad. En definitiva estamos basados en un sistema de gobierno diseñado bajo la hipótesis de la desconfianza generalizada entre quien gobierna, no gobierna y los gobernados, con la falsa idea que la oposición los defiende, con el coste que esto supone. Los modelos jerárquicos tendrán que dar paso a modelos de trabajo en equipo y red, donde se recobrará el valor de la personas como agentes que aportan lo que saben, haciendo que las fronteras del autoritarismo caigan. Pero los aduaneros siguen muy cerca de nosotros construyendo macroorganizaciones, se lamentan de la dificultad que supone la burocracia que éstas generan, y niegan la existencia otras formas de hacer las cosas que sean eficaces. Las alternativas de otros espacios de mayor colaboración y horizontalidad y menos burocracia se escuchan con admiración, pero se desechan como inseguros y carentes de control.
Las fronteras en los modos de organizarse pasan por cambiar algunos principios muy fundamentales de la relación interpersonal que deben evolucionar hacia la confianza en las personas en sustitución de la desconfianza como supuesto de partida. Algunas organizaciones empresariales y sociales impulsadas por nuevos líderes lo están haciendo con éxito, pero aún son muy pocas. Hoy los errores y los abusos se corrigen desde la penalización y no mediante la educación. Por qué el carné por puntos no incluye un descuento en los seguros cuando un conductor acredita por ejemplo más de 8 años sin ninguna infracción grave. Sabemos que educar, aunque cuesta más tiempo, sale más barato a la larga; no importa, todos siguen creando normas penalizadoras, cada vez más exhaustivas que amplían progresivamente el marco de los intereses de quienes las crean y de la burocracia que las solidifica. A medio plazo, para progresar como colectivos, no hay más remedio que construir sistemas basados en la confianza y en la educación de lo común desde la ética universal. Es ejemplar cómo el Dalai Lama reivindica la necesidad del desarrollo del laicismo no religioso como base de una ética universal y globalizante, a pesar de ser un líder religioso de gran prestigio. Lo que es bueno para mi no debe ser encerrado y exclusivo, sino extendido y compartido.
No sé si nos damos cuenta de las veces que nosotros, en las propuestas que hacemos cuando conversamos sobre los problemas cotidianos, estamos ejerciendo de aduaneros sin fronteras. Y tampoco si nos damos cuenta cuando otros lo hacen con sus discursos y propuestas, porque nos están creando nuevas barreras mentales y operativas para definir fronteras que ya no existen o van a desaparecer. Este estilo de relación tan frecuente consistente en excluir, aislar, controlar, desconfiar, amenazar, exigir, acusar, exculpar,…es algo que costará mucho eliminar, aunque sea necesario. Aduaneros Sin Fronteras es quizás sin saberlo la ONG más numerosa de nuestro entorno, con socios en todas partes compartiendo actitudes, sin duda un poco decadentes y sin futuro, y que al contrario de las otras ONG sería de gran interés su progresiva aunque lenta extinción. ¡Ánimo!
* ALDAIZEA Ingeniería de ideas
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