Editorial
Cuando el atractivo no está en sol y playa
en cada época vacacional o en cada puente, suelen ser recurrentes las informaciones sobre la evolución del turismo en Gipuzkoa que miden en cada cita del calendario el grado de interés que mantiene este territorio para ser visitado. Las referidas a la última Semana Santa, con una primera estimación de una bajada en la cifra global de turistas de un 10%, debería servir para hacer una reflexión global sobre la oferta de ocio que se propone a quienes se acercan a este territorio para pasar sus días dedicados al ocio, ya que está en juego el posicionamiento de este territorio en un mapa de ofertas cada vez más amplio y las expectativas de un sector con miles de empleos en juego. Es más que evidente que la fórmula de "sol y playa" que en otros lugares sirve como reclamo no funciona en estas latitudes debido a su climatología. De ahí que otros elementos hayan adquirido un importante papel como atractivo: el paisaje, la gastronomía y una oferta en lo que se ha venido a llamar turismo cultural. Son sin duda los puntos fuertes de la oferta turística en Gipuzkoa aunque un simple vistazo a la imagen de miles de visitantes recorriendo los escenarios de los efectos del último temporal en Donostia la pasada Semana Santa y la constatación de que el mal tiempo provocó muchas cancelaciones de las reservas hoteleras debería servir para reflexionar si al margen de los pintxos, los paseos o los contadísimos museos, se alimenta una oferta lo suficientemente atractiva como para prorrogar más de dos noches la estancia en este territorio, y especialmente en su capital, una ciudad de reconocida fama por la carestía de sus precios y servicios. Habría que plantearse la necesidad de reforzar la apuesta institucional y del propio sector a favor de ideas más arriesgadas e imaginativas, programando actividades que suplan las deficiencias derivadas de un clima, en principio, no propicio. Y también habría que pensar seriamente la implicación del pequeño comercio en esa oferta turística, negocios que sobreviven bajo la amenaza de las grandes superficies y que soportan importantes costes de personal pero que, sorprendentemente, no encuentran atractivo en abrir los días de mayor afluencia de turistas en las calles. La autocomplacencia no debería ser obstáculo para hacer frente a estos retos.