Editorial
Sin límites ni condiciones
UNQUE oficialmente la reunión mantenida ayer entre el secretario de Organización del PSOE,
José Blanco
, y el portavoz del PNV en el Congreso,
Josu Erkoreka , iba a limitarse a negociar la composición de las Cámaras, cabe esperar que alguna referencia se habría hecho al acuerdo entre Euskadi y Madrid propuesto por el EBB en el Aberri Eguna, en sintonía con el primer paso indicado por el lehendakari en su propuesta del pasado mes de septiembre. Un acuerdo que los nacionalistas reclaman mediante un diálogo sin condiciones y que -aunque dirigentes del PSE hubieran hecho airadas declaraciones en sentido contrario- el propio José Blanco aceptó asegurando que se acometería "sin ningún tipo de condición previa ni límites", tratando de buscar puntos de encuentro y colaboración para garantizar, según añadió, la estabilidad del proyecto político que defiende
José Luis Rodríguez Zapatero . Puede, por tanto, decirse que los contactos están ya abiertos y bueno es que se inicien con ese ánimo respetuoso. Sin límites ni condiciones, por supuesto, pero también sin dejarse presionar por la legión de analistas y tertulianos, que ya están advirtiendo que el PSOE no tiene nada que ceder a los nacionalistas porque Zapatero tiene asegurada la investidura. Aunque al PSOE ya le están marcando límites para el diálogo, desde aquí, desde este País Vasco castigado por la violencia de un lado y la arbitrariedad represiva de otro, hay que exigir al Gobierno que presidirá Zapatero un plus de responsabilidad que le fuerce a poner sobre la mesa algo más que talante, buenas palabras y promesas no cumplidas según las lamentables experiencias de Cataluña y de Navarra. Es preciso que Madrid ofrezca en la negociación algo verdaderamente integrador, porque ya no basta con filosofía, con el cómodo enunciado de la bondad de un acuerdo entre diferentes pero siempre viciado por la amenaza del veto. Vayamos al acuerdo, pero si no me gusta no vale, es la música repetida en anteriores intentos. No basta con la buena intención de eso que en política de Estado llaman "integrar a los nacionalistas", porque ese propósito requiere que los nacionalistas se encuentren cómodos con el acuerdo. Si llega el momento de la verdad, ya no se puede seguir trampeando.