
Paul Ríos opina que, de repetirse unas condiciones similares a las del anterior proceso de paz pero con más garantías, Zapatero "lo volverá a intentar".Foto: javi garcía
bilbao. Los principios básicos para la resolución del conflicto vasco están asumidos por todos y tienen en la propia sociedad su eje central, con su ratificación de un eventual acuerdo a través de una consulta. Dar pasos en este sentido es una mera cuestión de tiempo, por lo que para Paul Ríos es de locos no adoptar una determinación al respecto.
La hoja de ruta del lehendakari afronta unas semanas clave tras las elecciones generales. ¿Cree que saldrá bien parada de las conversaciones previstas en La Moncloa?
Seguramente, con una mayoría más ajustada del PSOE hubiese sido más sencillo haber iniciado algún tipo de diálogo entre Ibarretxe y Zapatero, pero más allá de lo que ha sido el resultado electoral, la propuesta que hace el lehendakari es al final la que han venido defendiendo la inmensa mayoría de partidos políticos y del conjunto de la sociedad para tratar de buscar una solución a los problemas que nos afectan. Aunque ahora sea un poco más complicado, eso no quita para que esa propuesta tenga el mismo sentido que antes de la celebración de las elecciones.
Tras sus buenos resultados electorales, el PSE parece dispuesto a incrementar la presión contra la consulta para propiciar incluso un adelanto de las autonómicas. ¿Cree que tendrá capacidad de influencia suficiente para poner trabas a un eventual acuerdo en Madrid?
El que quiera estar en contra de la consulta se sentirá ahora más fuerte para ello. Pero yo invito al Partido Socialista a pensar en otra variable diferente, y es que después de todo el esfuerzo invertido en la apertura de un proceso de paz por medio del diálogo con ETA, el resultado no ha sido un castigo a nivel electoral, sino que incluso se han visto reforzados. Por eso, quizás lo que merece la pena ahora es reforzar esa línea de diálogo. Además, no queda más remedio: o se inicia un proceso de diálogo, negociación y acuerdo en la sociedad vasca que sea refrendado por una consulta, o tratamos de buscar un desbloqueo a la situación. Siendo la posición de los socialistas más fuerte, y entendiendo que pueden estar pensando incluso en la posibilidad de ganar las elecciones autonómicas, aunque ganen seguiremos teniendo el mismo problema, y es que la sociedad vasca tiene que encontrar ese espacio compartido para articular su futuro y resolver sus problemas.
El PNV ha abierto una segunda línea de actuación, al distinguir entre el acuerdo del Gobierno vasco con la consulta como telón de fondo y las negociaciones que llevará a cabo como partido. ¿Cómo valora esta forma de actuar?
También lo entiendo. Cuando se abren oportunidades de este tipo para una formación política siempre es normal que se quiera intentar aprovecharlas. Pero al final lo que hay que mirar es hacia el futuro de la sociedad vasca, y ese futuro tiene que pasar de manera inexorable por lograr un acuerdo, por alcanzar el fin de la violencia y porque ese acuerdo sea refrendado por el conjunto de la ciudadanía. Todo lo que sea obviar este debate es posponer una serie de preguntas que nos tenemos que hacer de cara a nuestro futuro, y va a haber que responderlas en un plazo de tiempo corto o medio. Por eso animamos a que, aprovechando que ahora se dan oportunidades para abrir un proceso de conversaciones, se intente ahora y no se posponga un debate y unas soluciones que, al final, va a haber que afrontar. ¿Hay alguien que niegue que la solución al problema de la sociedad vasca pasa por un acuerdo y una consulta popular? Creo sinceramente que no. Por lo tanto, ¿por qué esperar a hacerlo dentro de unos años cuando se puede hacer ahora?
La celebración de una consulta, incluso sin un acuerdo previo con Madrid, ¿no desactivaría el carácter habilitador de la misma para desbloquear la actual situación?
Al final de lo que estamos hablando es de la posibilidad de dar la palabra a la sociedad vasca con tres objetivos básicos. Primero, definir de manera clara que la sociedad vasca está en contra de la violencia y a favor de los derechos humanos, lo que supone lanzar un mensaje nítido a ETA de que tiene que parar ya; en segundo lugar, una apuesta clara a favor del acuerdo sin exclusiones entre todas las tradiciones políticas presentes en nuestra sociedad, a las que se les exigiría el comienzo de un proceso de diálogo para alcanzar dicho pacto; y por último, dar la palabra a los vascos, profundizando en nuestra democracia para que sean los que tengan la primera y la última palabra sobre lo que tendría que ser el futuro de nuestra convivencia. Por eso, creemos que una propuesta de este tipo nos permitiría delimitar un terreno de juego muy claro en el que tendrían que moverse las instituciones, los partidos políticos e incluso la propia ETA.
¿Resulta necesario esperar a un final de la violencia para afrontar este proceso de resolución?
La experiencia nos ha enseñado que, siempre que se le deja la iniciativa a ETA, te estás metiendo en un pozo sin fondo y en un camino de muy difícil salida. Lo fundamental que hay que transmitir a ETA es que su violencia es absolutamente inaceptable y que sólo tiene un dilema que resolver: o facilita un proceso poniendo otra vez las condiciones de no violencia o decide continuar con los atentados, con lo que las posibilidades para un final dialogado de la violencia serían cada vez menores. Si transmitimos a ETA la idea de que no se va a poner en marcha ningún proceso de diálogo o de negociación, de acuerdo y de consulta hasta que no deje la violencia, le estamos diciendo que tiene la capacidad de decidir cuándo el resto de los ciudadanos podemos afrontar nuestros problemas. Y ése sería su principal triunfo, saber que tiene la iniciativa.
A la vista del bajón generalizado en los resultados de las formaciones abertzales en las pasadas elecciones, ¿es posible que no se haya explicado lo suficiente en qué consiste la propuesta de resolución del conflicto del lehendakari?
Con las propuestas novedosas siempre hay un problema, y es que hasta que no se ponen en marcha es muy difícil que la ciudadanía pueda percibir con absoluta claridad qué significan. Estoy totalmente convencido de que el día que se diga "la consulta se va a celebrar en tal fecha y con tal pregunta", la ciudadanía se va a ilusionar y va a implicarse en ese proceso. Pero hasta que eso ocurra, es normal que estas propuestas generen muchas dudas, y es muy difícil tratar de resolverlas todas. Aunque sea una jugada arriesgada, creo que no cabe más remedio que dar el paso y convocar la consulta, y así poder comprobar si la ciudadanía está realmente dispuesta a implicarse en un proceso de este tipo.
¿Contempla la posibilidad de un "veto técnico" a la consulta a través, por ejemplo, de la no cesión de los colegios electorales?
Ahí nos pondríamos en una situación en la que ya no hay acuerdo, en la que se prohibe la consulta y desde el Gobierno español no se facilitan los medios para que la misma se celebre. Eso quizás es adelantarse mucho a los acontecimientos. Lo primero es tratar de conseguir ese acuerdo y que el mismo sea refrendado en la consulta, y si no es posible es cuando habrá que ir preparando todos los aspectos técnicos para que la misma se pueda celebrar incluso en un escenario de prohibición. Pero si llegamos al punto de que una cuestión democrática como que se consulte a la ciudadanía se impide no sólo legalmente sino poniendo trabas técnicas, te planteas si hay una voluntad real de aceptar lo que la ciudadanía vasca pueda decir sobre este tema.
¿Qué aspectos positivos dejó el último proceso de paz?
Yo resaltaría, respecto a la sociedad española, la idea de que intentarlo no tiene un coste tan alto, que una parte muy significativa de la ciudadanía española lo apoya y lo entiende y está dispuesta a empujar en esa dirección. La clave también está en que los principios de acuerdo a los que se llegaron en las conversaciones de Loiola reflejan que realmente un acuerdo se puede conseguir, frente a quienes dicen que es absolutamente imposible.
¿Qué condiciones tendrían que darse para ello?
Por un lado, ETA tendría que tener un poco más de paciencia y también tener mucho más claro que la apuesta por el final de la violencia tiene que ser muy clara y nítida, que lo que no vale es utilizarla de manera estratégica, sino que tiene que ser una apuesta a futuro y con las garantías suficientes para el resto que permitiesen iniciar ese proceso de diálogo. Además, hace falta un punto de realismo por parte de todas las formaciones políticas en el sentido de conocer de manera muy clara dónde están los límites del resto de partidos y hasta dónde pueden llegar. Si se conjugan estas dos cosas, será mucho más sencillo de lograr un acuerdo.
Tras el espaldarazo de las pasadas elecciones generales, ¿Zapatero se puede sentir más legitimado para intentarlo por segunda vez?
No tendría que tener ninguna duda. Incluso sin sacar la bola de cristal para definir el futuro, creo que si se dan unas circunstancias parecidas a las anteriores pero con más garantías, Zapatero estará dispuesto a volver a intentarlo. Pero claro, lo que no puede hacer mientras tanto es decir simplemente que va a esperar a ver qué pasa y utilizar los recursos policiales, judiciales y de recorte de derechos y libertades para tratar de afrontar el problema. Lo que debe hacer es aceptar que la sociedad vasca tiene derecho a hablar, a negociar y a dialogar tanto si ETA está actuado como si no.
Desde el final del anterior proceso se ha eliminado a una de las partes interlocutoras, Batasuna. ¿Cómo puede afectar esto a una eventual segunda oportunidad?
Lo que más me ha decepcionado es comprobar que el Gobierno de Zapatero no ha aprendido de experiencias anteriores. En la izquierda abertzale había un debate muy importante sobre el uso de la violencia y sobre los esfuerzos para volver a poner las bases para un proceso de paz, diálogo y negociación. Con las detenciones de la Mesa Nacional de Batasuna, con las últimas ilegalizaciones y suspensión de actividades, lo único que ha conseguido el Gobierno es cercenar de manera absoluta ese debate y dar alas a los que estaban en posiciones más extremistas. Lo que se debería hacer es motivar que ese debate se pudiera dar en condiciones de normalidad política. Y eso supone que la izquierda abertzale pueda participar en política con las mismas condiciones de igualdad que el resto de formaciones.
El Partido Popular, sobre todo después de que Mariano Rajoy haya anunciado que se presenta a la reelección, ¿es irrecuperable para un nuevo proceso?
No lo creo, lo que pasa es que se ha metido en un discurso que le está llevando a un callejón sin salida en el caso de que se pueda volver a iniciar un proceso de paz. Es más, con el posicionamiento que ha mantenido en el reciente proceso, si el mismo llega a culminar de una forma positiva, hubiese dejado al PP en una posición absolutamente inaguantable. Si se consigue solucionar este problema y no se observa ninguna concesión de fin de la violencia a cambio de determinadas cuestiones políticas, eso es algo perfectamente asumible por la sociedad española y al PP no le quedaría más remedio que sumarse a esos intentos de diálogo.
bilbao. El último atentado de ETA ha supuesto un retorno a sus tiempos más duros, causando un enorme impacto en la sociedad.
¿Qué efecto cree que ha provocado en los ciudadanos el asesinato de Isaías Carrasco, un ex cargo público que estaba desprotegido y que era un trabajador nato y padre de familia?
Sobre todo, nos ha traído unas imágenes del pasado que ya creíamos que estaban superadas y que no iban a volver a ocurrir. En segundo lugar, ha provocado un aumento del rechazo a la propia ETA, que si antes era muy amplio ahora lo es todavía más, porque atentar contra una persona de las características de Isaías Carrasco se hace todavía más difícil de digerir. Y en tercer lugar, este asesinato es un reflejo de que ETA quizá está a nivel militar y operativo más débil que nunca porque ha tenido que atentar contra una persona que estaba especialmente desprotegida. Creo que, en general, la reacción social que ha habido contra este atentado tendría que ser una expresión clara dirigida a ETA de que esto no puede volver a ocurrir nunca más.
Existe la sensación de que las movilizaciones contra los atentados están perdiendo capacidad de convocatoria de un tiempo a esta parte. ¿Cómo valora este hecho?
Los primeros que percibimos estos indicadores de que la sociedad está hastiada y frustrada somos los propios movimientos sociales, porque al final vivimos del empuje social. Incluso hay quien dice que la reacción social al último atentado ha sido algo menor de la que había en los asesinatos de ETA de, por ejemplo, el año 2003. Todo esto es un reflejo de que la sociedad está absolutamente harta de la violencia y de que no se consiga una solución, y está empezando a convivir como si este problema no existiese. Eso es positivo por un lado, porque lanza un mensaje a los partidos políticos de que tienen que solucionar este problema ya, pero por otro lado es negativo porque si se dio el proceso de 2006 fue porque durante los años anteriores la sociedad había estado muy activa en favor del fin de la violencia, del diálogo y del acuerdo.
Se está produciendo una especie de insensibilización en la sociedad.
Yo diría más bien que está tan claro cómo se tiene que solucionar este problema que lo que la ciudadanía no entiende es que no se den los pasos para solucionarlo con esos principios que los propios ciudadanos están proponiendo.
¿Qué se puede hacer al respecto?
Hay que transmitir a la ciudadanía, en la medida que se pueda, que aunque este tema canse mucho, aunque se hayan repetido las mismas ideas hasta el infinito y a pesar de que se hayan exigido de manera constante a lo largo de muchos años unos principios básicos de convivencia, hay que seguir haciéndolo. Lo contrario supondría la victoria de aquellos que pretenden solucionar este problema por medio de la violencia o la exclusión. Y como sociedad no deberíamos aceptarlo.
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