Editorial
Volver a las andadas
N la misma y disparatada estrategia seguida por el PP en la legislatura pasada, cada vez que ha vuelto a irrumpir ETA como suele, a sangre y fuego, las declaraciones de dirigentes de la derecha extrema española dirigen sus reproches no a la organización terrorista sino al presidente interino español y su partido. Tras la barbaridad perpetrada en Calahorra con el coche bomba, el hasta ahora secretario general de Justicia e Interior del PP
Ignacio Astarloa
volvió al guión oficial para relacionar el atentado con la que considera 'próxima negociación' entre ETA y el futuro Gobierno presidido por
Rodríguez Zapatero . Parece que entre ese formulario recurrente durante la última legislatura y el momento político actual no hubiera sucedido una jornada electoral en la que la mayoría de los votantes ratificaron en el poder al mismo Zapatero que, según la doctrina oficial del PP, "había traicionado a las víctimas y se había arrodillado ante los terroristas". Los dirigentes del PP y sus apéndices agitadores, léase AVT y predicadores mediáticos, no parecen haber oído el veredicto de las urnas. La voz apocalíptica de Astarloa parece marcar el paso a un casi desaparecido
Mariano Rajoy , indicándole el camino a seguir, es decir, más de lo mismo: el Gobierno, incluso antes de ser constituido, tiene que rectificar su política antiterrorista. Vuelve el PP a las andadas con su estrategia irresponsable de desgaste contra Zapatero. Lo hicieron durante cuatro años y parecen dispuestos a hacerlo durante otros cuatro más, sin respeto alguno por un presidente reelegido con más de once millones de votos. Enrocado en sus propias mentiras, el PP sigue pagando los mismos peajes y la primera fila de sus dirigentes se ha empeñado en acotar a Mariano Rajoy el espacio de juego. En realidad, los resultados objetivos obtenidos por el PP en las elecciones generales permitirían a Rajoy coger por los cuernos ese toro desbocado que le condiciona, y demostrar públicamente que el líder es él. Si es que lo es de verdad. Porque, al menos de momento, sigue rehén de los poderes fácticos de su partido y no ha conseguido abrir distancia. Lo único que cabe esperar es que Zapatero y su Gobierno no se dejen achantar de nuevo por el alboroto crispado de esta derecha.