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El nido de oier

Oier Mendizabal, alumno de Mikel Unanue, se asoma por primera vez a la final del Parejas. Sustituto del galdakoztarra Oier Zearra, el zaguero de Añorga se ha reivindicado en la elite formando combinación con Aimar Olaizola

El zaguero de Añorga y su profesor de pelota, en la Sociedad Gure Kabia de Añorga.

césar ortuzar enviar a un amigo imprima este texto texto normal texto medio texto grande

donostia. Una pequeña rampa introduce al visitante en Añorga, el pueblo de cemento. De Rezola. La iglesia, el museo, las casas, el campo de fútbol y el frontón. Oier Mendizabal se crió en esos 30 metros. Los que hay entre una instalación y otra. La dureza del cemento se reblandece hasta convertirse en un acogedor nido en la Sociedad Gure Kabia, donde Oier Mendizabal y Mikel Unanue, su mentor, comparten charla aguardando la final del Parejas.

¿Cuándo comenzó a jugar?

Oier: Empecé a jugar a pelota un poco por mi hermano Paco. Iba con él y me ponía atrás en el frontón para ver cómo jugaba. De pequeño siempre practiqué muchos deportes. A fútbol estuve jugando hasta cadetes, pero era de los malos.

Unanue : Je, je.

O: Jugaba en el Añorga de medio izquierdo o...

U: De figura. Je, je.

O: De medio centro. ¡Pero si era capitán del equipo y todos tenían un año más que yo!

U: Lo que había aquí era mucha costumbre de jugar a pelota y fútbol a la vez. Casi todos los chavales compaginaban las dos cosas. A los 14 ó 15 años es cuando elegían.

O: Me decidí porque la pelota me gustaba más.

¿Influyó Mikel en que tomara esa decisión?

O: Tuve un momento malo...

U: Que te hubiera dado un hostia en la cabeza.

¿Qué le paso?

O: Nada en especial. Tuve que dejar de jugar a pelota en juveniles porque tenía mal de manos. Estuve tres meses sin tocar la pelota. Cada vez que jugaba las manos se me ponían fatal. Estaba desmoralizado y empecé a jugar de nuevo a fútbol. Empecé a entrenar.

U: Hizo la pretemporada de fútbol.

O: Pero luego lo volví a dejar. Ya tenía medio olvidado el fútbol. Je, je. Le daba al suelo.

Oier es zaguero, sin embargo probó como delantero. ¿Le faltaba chicha?

U: No. Lo que pasa es que era un poco más pequeño y teníamos miedo de que no iba a coger la altura que ha cogido al final. Él se veía mucho mejor atrás. De atrás tenía mucha más visión. Yo quería que probara de delantero, pero no le gustaba nada. No se sentía cómodo en la distancia. Estuvo una temporada, pero volvió a su sitio. Luego pegó un estirón.

¿Era revoltoso Oier?

U: Ha sido formal. Siempre ha tenido la cabeza bien puesta. No me dio nada de guerra.

O: Alguna bronca ya nos echaba.

U: A mí me gustaba exigirles y a veces me encabronaba, pero no por el hecho de tener que ir a entrenarles. A mí me gustaba hacer las cosas con seriedad. Intentar hacer bien las cosas. En el vestuario y en las duchas todos de cachondeo, pero en el entrenamiento me gustaba la seriedad. Me gustaba corregirles cosas, pero también picarles. Sabes lo que se necesita para ser profesional y tratas de enseñarle esas cosas. Oier hizo un muy buen recorrido en aficionados. Ganó los mejores torneos.

¿Cuándo supo que daría el salto?

U: Con 17 años tuvo un bajón. Estaba confundido. Él veía que con las manos mal no disfrutaba y me dijo que quería dejar la pelota. Todavía me acuerdo. Le dije: "Haz la pretemporada de fútbol pero no quites la licencia de pelota". A los tres meses empezó de nuevo con la pelota.

O: Simplemente no podía jugar. Estuve con médicos, con masajistas...

U: Luego, al de un año, año y medio sí que mejoró. Es cuando empezó a crecer como pelotari. Le veías que iba a más y a más. Empezó a ganar torneos importantes.

Ahora usted entrena a chavales. Sigue la tradición.

O: Es una labor que hay que hacer para que siga la pelota. En su día me enseñó Mikel y reforzó un montón la escuela de pelota de Añorga y hoy en día es una de las más importantes de Gipuzkoa. De ahí han salido Argote, Oteiza, Erroizenea, Zabala...

U: Le diré que entrene a mi hijo. Je, je.

O: Siempre es un aliciente que te entrene un profesional. Lo que Mikel nos enseñó fue a no cometer los errores que igual él cometió. Logró que el camino fuera más recto porque tenía experiencia.

¿Qué sensaciones tiene después de haberle visto desde pequeño y ahora que es finalista del Parejas?

U: No sé. Tú le estás viendo una progresión y que ha sido buena. Luego como profesional sabes que necesitas un tiempo para adaptarte. El tiempo te va poniendo en tu sitio estés en la categoría que estés. Ni tan bueno como en los estelares que le pusieron al principio, pero tampoco tan malo cuando estuvo mal de juego durante una temporada. El campeonato le ha tocado en un momento buenísimo de juego.

¿Creía que le podían llamar como sustituto?

U: Casualidad, en el homenaje que me hicieron a mí, en la comida, hablamos de eso. Estuvimos allí unos cuantos pelotaris y cada uno dio su opinión sobre quiénes tenían que jugar como sustitutos. Yo comenté que Oier debía jugar por el momento de juego en el que estaba. De los suplentes pensaba que el que mejor estaba era éste y casualidad fue así. Salir al campeonato de Primera estando en Segunda es otra dimensión para él.

¿Había pensado alguna vez en alcanzar la final?

O: De pequeño piensas que te gustaría jugar con los mejores, ahora lo estás haciendo y por mi parte estoy muy contento.

¿Dónde estaba cuando le llamaron para jugar el Parejas?

O: Estaba en Andoain entrenando a los chavales, cogí el teléfono y no me lo creía. Me llamó Roberto (García Ariño), el intendente, pero como muchas veces está bromeando no me lo creía. Me dijo que me iba a llamar Salva (director técnico de Asegarce). Y me llamó. Luego hablé con mi preparador físico y con mis padres.

¿Qué le dice la gente?

O: En general, me animan.

U: Ahora le preguntarán por la final, por cómo ve el partido y todo eso.

¿Se está agobiando? (Le cambia la cara).

O: Esta semana voy apagar el móvil para todos.

U: Je, je. El móvil hay que tenerlo abierto hasta el día de la elección y los tres últimos días estar centrado en el partido.

O: Esto es la hostia. Al mediodía he estado con ETB, luego con Berria y ahora con vosotros.

U: Por eso no te tienes que agobiar.

O: No, no es eso, pero es que eso antes no pasaba.

U: Eso es algo normal. Toda esta semana le van a marear. De cara a la final tampoco le conviene comerse demasiado la cabeza. Lo importante es hacer bien el último entrenamiento y centrarte en la final. No puedes estar pensando toda la semana en el partido.

O: Me iré algún día por ahí, a Jaca. Quiero estar tranquilo y desconectar todo lo posible. Estar alejado del frontón.

U: Se trata de liberar un poco la tensión porque el trabajo ya está hecho. En quince días no se puede hacer demasiado trabajo.

¿Le cuesta relacionarse con los medios?

O: No sé. Lo que sí hago es pensar dos veces lo que voy a decir. Al principio me ponía súper nervioso delante de los medios.

¿Le da buenos consejos Unanue?

U: No sé, él sabrá. Je, je.

O: Sí, sí. Siempre le suelo consultar esto o lo otro. Siempre está dispuesto a ayudarme.

(Irrumpe el padre de Unanue. José Luis). ¿Estos dos harían buena pareja?

José Luis: Igual jugarían a gusto.

O: Hombre, eso seguro. Je, je.

(Mikel Unanue retoma la charla).

U: Hemos hablado durante el campeonato. Yo tenía un poco de miedo porque cuando te metes ahí, en la elite, todo cambia, pero está respondiendo bien. Él no estaba acostumbrado a entrenar con material tan exigente. En principio tiene mucha presión porque tiene que demostrar que vale. Él quiere demostrar más que lo que tiene que demostrar, cuando lo normal es que sabiendo que tienes a Aimar delante tú tienes que hacer tu papel: acompañarle. Además, quiere demostrar que es mejor que su contrario, algo que es normal, pero todo eso hace que te presiones. Si las cosas van saliendo bien, se coge confianza y es lo que está pasando con él. Pero cuando te presionas esa sensación es malísima. Es fácil pedirle tranquilidad, pero luego hacerlo es más complicado.

¿Le ha comentado algo especial para su partido más importante?

U: No más que para un partido normal. Lo que pasa es que va a ser una situación muy especial. Con mucho tirón. Dos jóvenes atrás, dos novatos, y delante los dos mejores delanteros del momento. El ansía de querer demostrar, de querer ganar la final, muchas veces es lo peor. Además, el frontón para ellos es muy pesado. Van a querer pasar al delantero y si quieren coger altura es posible que la pelota se les vaya al cielo. Tienen que jugar con tranquilidad.

¿Siente orgullo al verle en la final?

U: Yo estoy encantado de que esté ahí. Ojalá no se caiga del escalafón del que está. Espero que se mantenga ahí y que suba.

Dicen de Oier que es pelotari bonito. ¿Qué significa?

U: Que es un pelotari elegante. La referencia de un pelotari, lo primero que se le ve, es cuando sabe lo que va a hacer la pelota. No tiene la pegada de Beloki o de Patxi Ruiz, pero pone trabajo.

¿Es muy exigente cuando le ve?

U: Cuando veo que falla le daría una hostia.

O: Je, je.

U: Quieres que lo haga lo mejor posible. Esto es una escalera, de la que ha subido un peldaño y lo que tiene que intentar es no bajarlo. Ni es tan bueno porque pueda ser campeón ni es tan malo porque podría haber jugado en Segunda. Él tiene que saber dónde está. Lo más importante para un pelotari es saber cuál es tu sitio. Cuando sabes cuál es tu sitio no estás mal y de ahí para arriba. Se trata de llegar al escalón superior. Poco a poco. A base de trabajo. No por ser campeón eres el mejor. Ahí está Eulate, campeón en los dos últimos años, y este año no ha entrado en el campeonato. Por su forma de jugar Oier es un buen compañero para Aimar. Es un zaguero del estilo de Zearra. No es rompedor, pero pone trabajo.

¿Cómo ha vivido el Parejas?

O: Fui partido a partido, sabiendo que cuando Zearra se pusiera bien volvería al Campeonato. Ahora estamos en la final y a disfrutar del momento. Hasta ahora, quitando el partido de Pamplona y el del otro día que todavía no sé qué me pasó, lo he llevado bien. Ha habido dos partidos que lo he pasado mal, pero en los otros he disfrutado. La valoración es positiva. Los malos partidos me han servido para bajar a la tierra y tocar el suelo con los pies.

Supongo que jugar con Aimar facilitará las cosas.

O: Aimar se está portando muy bien conmigo. Me está ayudando a llevar bien la presión de los partidos, me corrige. Está defendiendo bien y está marcando la diferencia que es lo que tiene que hacer.

Cayeron ante Titín y Laskurain en su último duelo. ¿Sirve cómo referencia para la final?

O: Todos los partidos son diferentes. El Ogueta también tiene sus características. Tendremos que salir concentrados. Ellos, viendo el partido que hicieron el otro día, saldrán como favoritos. Es un gran día, uno para andarse con pocas hostias. Si se puede ganar la txapela, mejor.

Es el más joven de la final. ¿Cómo lo lleva?

O: Soy consciente de dónde estoy, a ver si sigo ahí. La final tiene que servir como motivación para seguir mejorando y trabajando.

¿Qué táctica deben emplear en la final?

O: La pareja que quiera ganar tiene que hacer equipo. El que tenga la pelota atrás, el que domine, y el que termine delante es el que más daño puede hacer y más en un frontón como ése. Atrás habrá que sujetar y delante acabar los tantos.

U: Puedes tener claro que tienes que pasar a Titín y buscar a Laskurain, para ver si tiene un día malo y pierde pelota, pero no puedes salir con un planteamiento de sólo pasarle a Titín. Si no consigues pasarle, tienes que cambiar de táctica. Hasta que no empieza el partido y pasan unos tantos no sabes por dónde va ir la final. No puedes quedarte bloqueado porque no vaya por donde quieres. A Titín, además de pasarle, hay que atacarle, hacerle tantos. Laskurain va a fallar 22 pelotas.

Usted ganó un Parejas .

U: Gané una final, pero perdí dos o tres. Je, je. Yo hasta el día del partido estaba muy nervioso. El recuerdo que tengo es que en el vestuario era de esos días en los que no hablaba casi nadie, que había un silencio de la hostia. Sales al frontón y cuando empiezas a sudar, tac, se cortan los nervios.

O: Cuando estás concentrado no oyes ruido. Si empiezas a oírlo es malo porque se piensa en cosas que no tienes que pensar durante un partido. Lo importante es salir concentrado, con ganas y creyendo que puedes ganar.

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"Me llamaron para decirme que iba a jugar el Parejas, pero yo no me lo creía, pensaba que era una broma"
"Los malos partidos me han servido para bajar a la tierra y poner los pies en el suelo"
"Tenía miedo porque cuando te metes ahí arriba, en la elite, todo cambia, pero está respondiendo bien"
"Esto es una escalera y de lo que se trata es que no baje el escalón que ha subido ahora"
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