
Los hondarribiarras escenificaron la caída de los romanos en la iglesia al descubrir que Jesucristo había resucitado.
El Domingo de Resurrección es el día en el que Jesucristo resucita después de sufrir la crucifixión de los romanos, va al encuentro de sus doce apóstoles y asciende a los cielos. Así, se recuerda que ganó la batalla a la muerte y abrió las puertas del cielo a todos los creyentes cristianos. Hondarribia celebró ayer este hecho religioso de manera multitudinaria siguiendo con la tradición que les hace protagonistas en este final de la Semana Santa guipuzcoana.
A pesar de los cuatro grados que marcaban los termómetros y del granizo, que hizo acto de presencia minutos antes de la salida de los soldados romanos, los vecinos de la villa esperaron agolpados en la entrada de la iglesia Santa María de La Asunción para verles desfilar por la Calle Mayor. Los balcones del ayuntamiento y del palacio Zuloaga estaban engalanados para la ocasión.
El ascenso de los escasos metros entre el Ayuntamiento y el recinto eclesiástico fue lento y a ritmo marcial. El escuadrón de 18 soldados, encabezado por el capitán y sus dos comandantes, marcaba el paso golpeando sus lanzas contra el suelo.
Pasadas las 10.00 horas, entraron en la iglesia donde la multitud les esperaba. Se adentraron hasta llegar al Altar Mayor a través del pasillo central y, una vez allí, escucharon atentamente las palabras del párroco que anunciaban la resurrección de Jesucristo. Debido a la sorpresa del mensaje, y como marca la tradición, los romanos cayeron al suelo y quedaron tendidos bajo la mirada de los numerosos niños que señalaban y miraban asombrados la escenificación. Entonces, tras oír las campanadas, el capitán romano despertó uno por uno a los soldados que, tras ponerse en pie, se colocaron los cascos al revés y salieron del recinto eclesiástico con las puntas de sus lanzas dirigidas al suelo en señal de respeto.
La parroquia estaba a rebosar. Aparecieron tres monaguillos seguidos por el cura, que sujetaba la cruz, símbolo del Señor, y tras él, los doce apóstoles que lucían coloridas túnicas y algún objeto que les identificara como lo hacen, por ejemplo, las llaves a San Pedro. En ese momento, se produjo el encuentro entre la Virgen y el Cristo Resucitado, que caminaron juntos hacia el Altar Mayor para dar comienzo a la misa. Tras una breve espera, comenzó con puntualidad a las 10.30 horas.
Entre los muchos feligreses se encontraba Arantzazu Zulueta, vecina de Hondarribia que recordaba lo que significa para ella la Semana Santa. "Llevo más de 20 años viniendo a esta eucaristía y siempre he visto el templo lleno. Tiene un ambiente muy familiar. En el pueblo, estos días se viven de una manera muy especial", comentaba. "La escenificación de los romanos es algo muy bonito, sobre todo para los niños. Quizá sea el único día en el que no hay que hacer tanto esfuerzo para convencerles de venir a misa", añadió.
Mientras se desarrollaba la eucaristía, los soldados desfilaron por las calles. Tras ellos, numerosas personas trataron de seguir sus pasos de vuelta al Ayuntamiento. "Para nosotros es una tradición. Lo vivimos con mucha ilusión. Si hubiese seguido granizando, hubiéramos salido igual, por lo menos desde el ayuntamiento", señalaba Alfonso Moreno, el más veterano de los cuatro músicos que acompañaban a los romanos y que lleva 34 años participando. Moreno representa un claro ejemplo de cómo viven los hondarribiarras los actos de la Semana Santa.
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