
El asesinato de Isaías Carrasco a manos de un pistolero recuperó la movilización social contra ETA. El ex concejal del PSE fue su quinta víctima mortal tras el fin del alto el fuego.Fotos: EFe
Fue hace dos años. Las 00.00 horas del día 24 marcaban el inicio de una tregua que devolvía la esperanza a la sociedad vasca. Hoy vecinos de Calahorra aguardan todavía a que alguien les diga cuándo pueden regresar a sus hogares destruidos en el último atentado de ETA. Se intentó pero no pudo ser, a pesar de que esta vez parecía la buena, lo que siembra de incógnitas cualquier nuevo intento.
La debilidad que la clase política constataba entre las filas de la organización terrorista hacían presagiar una salida al conflicto vasco, pero, por encima de todo, la unidad de los partidos -con la excepción del PP- frente a un nuevo intento por alcanzar la paz tenía visos de salir triunfante. El presidente del Gobierno llevó hasta el Congreso de los Diputados su intención de iniciar el diálogo con los terroristas y, al contrario de lo que sucedió en la tregua de Lizarra, ahora socialistas y nacionalistas comulgaban con la estrategia para alcanzar el objetivo final. Desde las primeras semanas se detectaron movimientos a la postre históricos para que cada parte demostrase su predisposición al entendimiento. La doble vía marcada en el Velódromo de Anoeta -con una mesa dedicada a la normalización política y otra a la pacificación- parecía haber sembrado un camino en el que las cámaras captaban la insólita escena de los líderes del PSE y Batasuna sentados en una misma mesa; un encuentro que repitió el lehendakari de forma pública y que en ambos casos han derivado en sendos pasos por los tribunales.
Y es que las cosas han cambiado mucho durante este periodo. El atentado de Barajas en el que murieron Carlos Alonso Palate y Diego Estacio fue el verdadero fin de la tregua, nueve meses después de haber comenzado, aunque los contactos entre el Gobierno y ETA continuaran tras este luctuoso hecho. La organización armada tampoco se quiso dar por enterada y alargó su silencio hasta completarse la cita con las urnas para elegir a los representantes forales y municipales. Pero para entonces las cartas ya estaban sobre la mesa y no quedaban ases en la manga. Los socialistas habían activado la maquinaria legal para dejar fuera, al menos en parte, a las candidaturas de la izquierda abertzale que pretendían esquivar el veto que les había alejado de ayuntamientos y juntas generales en los comicios anteriores.
Y Otegi pasaba de ser un interlocutor válido de esta corriente ideológica a formar parte de la población penitenciaria, un sector que pronto se vería aumentado con gran parte de la cúpula de Batasuna. Las detenciones contra la izquierda abertzale y la organización terrorista se sucedían en un giro radical del Gobierno socialista, que veía la proximidad de las elecciones generales como una cita determinantes para que los españoles se pronunciaran sobre la estrategia defendida hasta entonces en materia antiterrorista. Pero ETA no estaba dispuesta a quedarse callada ni a que la ciudadanía vasca pensara que su amenaza había pasado a la historia.
Durango, primero; Zarautz, más tarde, fueron los escenarios escogidos por la organización terrorista para demostrar que sus activistas seguían ahí y también las bombas. Sobre estas acciones destacó el intento de asesinato en Bilbao contra un concejal socialista y su escolta. Dos meses después de esta tentativa, ETA retomaba el camino de los pistoleros y acababa con la vida de dos guardias civiles en la localidad francesa de Capbreton.
El atentado a sangre fría sumaba la tercera y cuarta víctima mortal de ETA en la era Zapatero. Además, recordaba el comunicado de ruptura de la tregua emitido por la organización armada en el que se mostraba dispuesta a "actuar en todos los frentes". Cumplió la amenaza y esta vez le tocó a Francia.
La gravedad de estas acciones no impide que la primera legislatura del líder socialista vea encabezada la lista de episodios dramáticos por el asesinato de Isaías Carrasco.
Para este ex concejal socialista en Arrasate acabó la vida el día que ETA quiso ser protagonista de la recta final de la campaña electoral. La respuesta fue unánime y los partidos intentaron alejar de su discurso cualquier atisbo de intento de aprovechar este hecho para sus fines electorales, una denuncia frecuente a lo largo de los cuatro primeros años del mandato socialista.
Por primera vez en la historia moderna de España, el primer partido de la oposición ha sido un pesado lastre del Gobierno a la hora de poner en práctica una vía de resolución en el conflicto terrorista. El presidente del Ejecutivo se ha visto obligado a lidiar con esta pesada carga que, finalmente, le resultó rentable en las urnas. Al menos lo suficiente para mantenerse al frente del Gobierno durante otros cuatro años.
ETA seguirá siendo uno de los principales quebraderos de cabeza para el Ejecutivo español en el análisis sobre cuál es el camino a seguir para lograr la paz. La máxima en campaña del PSOE dejaba a la organización terrorista como única vía la consecución de un gesto notorio que revele su intención de abandonar las armas. De momento, la respuesta es diametralmente opuesta.
|
|
© NOTICIAS DE GIPUZKOA
Avda. Tolosa 23 · 20018 Donostia · GIPUZKOA ·
Tel 943 319 200 · Fax Administración
943 223 900 · Fax Redacción 943 223 902
Enlaces patrocinados:
Inmobiliarias |
Disfraces |
Agencias de publicidad |
Tiendas de electrónica |
Cirugía estética |
Inmobiliarias |
Asesorías |
Peluquerías |
Muebles |
Clínicas |
Seguridad |
Mudanzas |
Viajes |
Hostales |
Taxis |
Hogar |
Hoteles |
Cerrajeros |
Farmacias |
Rótulos |
Armarios |
Trabajo |
Ocio en Gipuzkoa |
Hoteles en Madrid |
Hoteles en Barcelona |