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Javi Castro muestra las líneas de uno de los mojones que delimitan el sel ubicado en las inmediaciones del caserío Etxeberri Metala, en Elgoibar.
Apesar de ser unos grandes desconocidos para la mayoría de la ciudadanía, la comarca alberga desde el siglo XIV en torno a un centenar de seles en sus dominios, una quinta parte del aproximadamente medio millar que la documentación existente ubica en suelo guipuzcoano.
Un sel es un recinto pastoril perfectamente delimitado; algo así como un prado en el que sestea y pasta el ganado, pero con la particularidad de estar acotado de forma circular.
En el centro del terreno, los seles cuentan con un mojón de piedra (kortarri o austarri ), a partir del cual se trazan unas líneas imaginarias en un radio de 246 metros ó 18 goravillas (una goravilla equivale a 13,67 metros). Al final de esas líneas se encuentran los denominados mojones periféricos o baztermugarris , (por norma general 8 ó 16) que se encargan de delimitar la circunferencia de los seles.
Lo más habitual es que los mojones periféricos sean delimitados por rocas, aunque en algunas ocasiones se ha constatado el uso de abedules (su corteza blanca les diferencia del resto de árboles) o de cruces para dicho fin.
El errenteriarra Javi Castro es miembro activo de la sección de Etnografía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y una de las personas que mejor conoce la historia de los seles. Castro comenzó a estudiar esos recintos en el año 1983, tras encontrar el mojón central y uno de los periféricos que conforman el sel de Urdalekun (en Elduain) y pocos meses antes de trasladar su domicilio a Deba por motivos laborales. A partir de ahí, Castro ha investigado los seles existentes en la comarca.
Según cuenta, "la mayoría se encuentran en Elgoibar, Deba-Itziar y Mutriku, aunque también hay algunos en las zonas altas de Eibar", asegura.
A su entender, la principal importancia de los seles radica en que "nos dan testimonio sobre la forma de vida que tuvieron nuestros antepasados desde hace más de 500 años".
En función de su tamaño, hay seles de dos tipos. Los más grandes o korta-osoak, que son los que se utilizaban en invierno, se ubican en las zonas bajas y más cercanas a la costa y ocupan unas 19 hectáreas de terreno. Por su parte, los seles de verano o korta-erdiak ocupan la mitad de superficie y se sitúan en las zonas de montaña.
Una de las mejores formas para localizar los seles (además de utilizar fotografías aéreas) está en el análisis de los nombres de los caseríos.
En palabras de Javi Castro, "los seles son el origen de muchos casos de privatización de la tierra, del paso de un inicio como uso pastoril al uso agrícola privado, con cerramiento propio. En ese contexto, muchos seles se transformaron en caseríos, con la particularidad de que han mantenido la misma toponimia".
Aunque no es exclusivo, los caseríos que llevan en su nombre las palabras ola o korta constituyen una buena pista para la localización de los seles. "Cuando están ubicados en las proximidades de los ríos es muy probable que hagan referencia a ferrerías y en el monte a seles".
Alquiler
Un capón a cambio
En la época medieval, los seles eran propiedad de las ferrerías, de los señores feudales o jauntxos , de los Concejos de los municipios o de monasterios como el de Olaso en Elgoibar, el de Markina o el de Roncesvalles (gestionaba los seles existentes entre Itziar y Zumaia).
Los pastores alquilaban los seles a sus dueños para su utilización durante la temporada de invierno o de verano y como forma de pago entregan un animal al propietario, "muchas veces un capón".
Los mojones periféricos de los seles delimitaban el espacio que podía usar cada pastor, pero aún así, la utilización de algunas partes de los terrenos dio origen a más de un conflicto.
"En esos casos se procedía a levantar el mojón central del sel para ver si debajo había trozos de teja o ceniza, que era la señal que demostraba que el mojón había sido colocado allí para situar el centro del sel", explica Javi Castro.
En principio, los mojones de los seles pueden pasar desapercibidos para cualquier paseante, pero las marcas en forma de líneas que se pueden apreciar en la parte superior de esas rocas desvelan la identidad y la razón de ser de unos elementos que comenzaron a perder relevancia a principios del pasado siglo XX, "coincidiendo con el inicio del declive del pastoreo".
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