
Lo que sorprende es que con esa convicción, en lugar de vetar la realización de la consulta, no aprovechen esta circunstancia para apoyar su realización y después disfrutar como niños en un guiñol asistiendo a su fracaso. Fracaso que además traería para su amada España la tranquilidad de saber que, por lo menos, en los próximos veinticinco años los pelmazos de los nacionalistas vascos les dejaríamos en paz con el incordio de la autodeterminación.
Anímense chicos, están ustedes en la cresta de la ola española, ola que ustedes estiman será un tsunami para el nacionalismo vasco a la hora de la consulta. No van a tener mejor ocasión. Aprovechen que los propios nacionalistas vascos estamos empeñados en tirarnos al precipicio. No pongan trabas a la consulta porque, si lo hacen, algún malicioso puede pensar que la verdadera razón de su negativa no es más que el miedo a que salga contraria a sus intereses, miedo a que la mayoría, la gran mayoría de los vascos, le digamos que sí a Ibarretxe. Y sólo de pensarlo se les agrietan las carnes y se les resquebraja España.
Algo parecido es lo que sentimos detractores, seguidores, justificadores… (cuántas veces nos hemos preguntado quién manda de verdad en ETA) cuando es declarada una tregua aunque sea unilateral, pues el poder cada vez tiene menos motivos y más respaldos para no hacerlo, y aunque sea un tiempo de paz vigilada cada uno de nosotros a nuestra manera soñamos que el fin de tanto sufrimiento está un poco más cerca y se va agrandando en nosotros la esperanza. Esa esperanza que estos días nos han vendido y truncado unos y otros de tantas formas y colores como opciones de voto tiene esta democracia cada vez más coja. La derecha sólo tiene una, la izquierda cincuenta y una o más, y si como se ha oído estos días, la III República es una de ellas, mejor será que sólo sea un sueño convertido en utopía, pues sería el hazmerreír de todo el planeta, convertida en el mejor de los sueños de la derecha. No sé cuál debía ser su esperanza pero es posible que lo último que debió de oír Isaías, al igual que muchos torturados en cuartelillos, republicanos en cementerios y cunetas o hace más de mil años en boca de la Inquisición pudo ser, ¡has pecado! haciendo el verdugo lo encomendado en nombre de una paz o una libertad que visto lo visto (al igual que la lluvia) nunca nos satisfará a todos. Todos pasamos, queramos o no, a ser víctimas o verdugos y como un viejo tren sin destino vamos a trompicones esperando que la próxima estación sea la de la esperanza, esperanza de vivir en paz.
Grupo de Apoyo a 'Egunkaria'
Después de leer el escrito firmado por los miembros del Grupo de Apoyo a Egunkaria del pasado jueves (Egunkaria, solidaridad ), se me hace muy difícil, a pesar de la alta consideración intelectual y moral en que tengo a algunos de los firmantes, no ver paralelismos o, mejor, simetrías entre su postura y la de algunas asociaciones de víctimas del terrorismo que interpretan cualquier crítica hacia sus posiciones políticas como falta de solidaridad, cuando no agresión y claro alineamiento con sus agresores.
Próxima estación, esperanza
O la esperanza y el derecho de vivir en paz que hace ya demasiados años cantaban en Chile y coreábamos en todo el mundo.
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