Editorial
Un acuerdo para ser cumplido
OINCIDE en esta ocasión la fecha del Aberri Eguna con un momento clave en la historia reciente de Euskadi, tras la salida de unas elecciones generales que han abierto incógnitas trascendentales. Por una parte, la situación de bloqueo desesperante generado por el fracaso del proceso de paz que ETA frustró con su ruptura del alto el fuego. Por otra, la propuesta del lehendakari para romper ese bloqueo, una propuesta en forma y plazos. Es precisamente la sociedad vasca, una sociedad madura y activa, quien tiene que ser interpelada para que aporten también iniciativas, ya que se trata fundamentalmente de que se la respete como sujeto de derechos. A veces los árboles no dejan ver el bosque, y la mitificación mediática de la
consulta propuesta por el lehendakari ha ocultado la primera premisa planteada en su
hoja de ruta : el acuerdo para la convivencia y el respeto a la voluntad de los vascos. Hoy, Aberri Eguna, es la oportunidad de trasladar a toda la sociedad vasca, una sociedad avanzada, innovadora, creativa, integradora y plural, la urgencia de un gran acuerdo político que desbloquee la situación actual. Un acuerdo adecuado a la sociedad que tenemos, una sociedad postmoderna y satisfecha que no demanda conceptos abstractos sino proyectos concretos. Es evidente que en Euskadi coexisten distintas sensibilidades y proyectos políticos, pero esas diferencias no pueden impedir la construcción nacional de este pueblo, y que sea construida por todas las personas que viven en él. Ni la lacra de la violencia política ni la falta de consenso pueden impedirlo. También es evidente que el pacto político que originó el Estatuto de Gernika fue un acuerdo incumplido por parte del Estado. Por eso, cuando se habla de renovar aquel pacto, sólo puede hacerse desde la igualdad y la bilateralidad. De aquel pacto que fue el Estatuto no se respetaron ni la letra, ni el espíritu ni la potencialidad. Aberri Eguna puede ser punto de partida para retomar un acuerdo -propuesto como primera reivindicación por el lehendakari- desde la perspectiva del derecho de los vascos a decidir libremente su futuro. Un acuerdo blindado que no vuelva a quedar al albur de los intereses partidarios, o de la picaresca política, o de quienes niegan a los vascos su derecho a seguir existiendo como pueblo.