Editorial
El Tíbet sonroja los Juegos Olímpicos
l a revuelta popular desatada en el Tíbet, y que el régimen reconoció ayer que desde hace varios días se ha extendido ya a varias ciudades chinas, sitúa la verdadera realidad de la potencia asiática ante el mundo a menos de cuatro meses de la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín. China, ese gigante económico en expansión -la mayoría de sus ciudadanos viven bajo los umbrales mínimos de pobreza, explotados laboralmente y sin libertades civiles y políticas-, ha optado de nuevo por la violencia como respuesta a las reclamaciones de libertad de un territorio que ocupó y anexionó vía militar en 1951. La imagen de apertura y de desarrollo que China está intentando vender ha tropezado de nuevo con el recurso a la fuerza militar como único argumento. El pragmatismo comunista -en realidad, una nomenclatura neocapitalista que campa al margen de cualquier modelo de derechos sociales y laborales- que desarrollan sonrientes las autoridades chinas les permite acoger a multinacionales en ciudades como Shanghai o Cantón, pero no les impide reaccionar con mano dura contra la disidencia y decretar un apagón informativo contra la libertad de expresión y el derecho a la información. Dos mínimos democráticos exigibles a cualquier país que aspire a albergar un gran acontecimiento internacional. Y más aún si se trata de acoger los Juegos, punto de encuentro de valores de convivencia y honestidad. Pekín'2008 lleva camino de convertirse en la segunda edición de aquel bochornoso ejemplo que fueron los Juegos de Berlín de 1936, organizados para mayor auge y gloria del nazismo y el Tercer Reich ante la pasividad cómplice del resto de Europa. Y la respuesta de la UE y de EEUU ha sido ahora también decepcionante. Resulta indignante que en el Comité Olímpico Internacional estén preocupados por que los altos índices de contaminación podían afectar al rendimiento y la salud de los deportistas en los Juegos Olímpicos, sin una palabra de más sobre la realidad social y política de los derechos humanos y las libertades en China. Una ironía más de un montaje deportivo que ha cedido ya todos sus principios a la fuerza del mercado, allí donde la potencia china aumenta cada año su poderío económico y capacidad de presión internacional.