
Colaboración
El libroJesús, aproximación histórica , de José Antonio Pagola, vendido como rosquillas según un obispo, ha tenido amplia resonancia en los medios eclesiásticos y ha levantado la alarma de aquella vieja suspicacia de sospechoso de herejía de los defensores del dogma católico. Ha habido un obispo, el de Tarazona concretamente, que ha calificado al libro y a su autor de renovar la herejía del arrianismo, consistente en negar la divinidad de Jesucristo por un tal Arriano, seguidor de la doctrina filosófica de Filón de Alejandría.
Los cruzados de la ortodoxia ya han visto en este libro y en la imagen de ese Jesús reducido, según ellos, a mero reformador y a innovador en su mensaje de salvación, una piedra de escándalo o una doctrina que se aparta del dogma defendido por la tradición y están prestos a defender la pureza de la fe en Jesucristo de tamaño desvío del nuevo heresiarca. Y a todo esto, ¿qué piensa el autor y cuál es su posición frente a las críticas de algunos jerarcas de la Iglesia española?
Es el mismo Pagola quien en el prólogo de su libro ha declarado con una adhesión y una actitud de testigo de los valores evangélicos esta afirmación: "Escribo este libro desde la Iglesia católica. La conozco desde dentro y sé por experiencia lo fácil que es confundir la adhesión a la fe cristiana con la defensa de una herencia religiosa multisecular. Conozco bien la tentación de vivir correctamente en su interior, sin preocuparnos de lo único que buscó Jesús: el reino de Dios y su justicia. Hay que volver a las raíces, a la experiencia primera que desencadenó todo. No basta confesar que Jesús es la encarnación de Dios si luego no nos preocupa saber cómo era, qué vivía o cómo actuaba ese hombre en el que Dios se ha encarnado. De poco sirve defender doctrinas sublimes sobre él si no caminamos tras sus pasos. Nada es más importante en la Iglesia que conocer, amar y seguir más fielmente a Jesucristo".
José Antonio Pagola tiene un currículum eclesiástico que lo acredita como servidor leal a la Iglesia. Ha permanecido muchos años como vicario episcopal del obispo de San Sebastián, monseñor Setién, y de tan sutil maestro ha aprendido y seguido el rigor y la claridad en la doctrina enseñada y en la fidelidad a la fe y la solicitud por la grey. Además, Pagola ha ejercido su magisterio impecablemente en El Diario Vasco a través de sus homilías dominicales. Todo un maestro en la exposición de la interpretación del Evangelio. Pero lo que resalta y brilla en este su Jesús, aproximación histórica es el carácter de investigador serio en el recorrido y tratamiento del creyente fiel que fue aquel singular predicador de la Buena Nueva que no era "un hombre disperso, atraído por diferentes intereses, sino una persona profundamente unificada en torno a una experiencia nuclear: Dios, el Padre de todos. El mensaje y la actuación de Jesús no se explican sin esa vivencia radical de Dios. Si se olvida, todo pierde su autenticidad y contenido más hondo, la figura de Jesús queda desvirtuada, su mensaje debilitado, su actuación privada del sentido que él lo daba".
Si ésta es la fe de un convencido en la experiencia religiosa de Jesús, ¿por qué algunos prelados, como el de Tarazona, han podido concluir que este Jesús es el Jesús de Pagola, pero no el del dogma católico? La sospecha de posible herejía o de desviacionismo del dogma que han querido ver algunos pastores de la Iglesia española puede aparecer en afirmaciones como ésta: "Jesús ni pudo ni quiso poner en marcha una institución fuerte y bien organizada, sino un movimiento curador que fuese transformando el mundo en una actitud de servicio y amor. No pensó en buenos gobernantes ni en doctores expertos. No buscó nuevos mandos ni hábiles estrategas. Su primera preocupación es dejar tras de sí un movimiento de hermanos, capaces de vivir sirviendo a los últimos. Ellos serían el mejor símbolo y la semilla más eficaz del Reino de Dios". Según Pagola, Jesús fue "el creador de un movimiento renovador" y nada más. Afirmaciones y conclusiones como ésta no sólo sorprenden sino que molestan y alarman a los defensores de la fe.
La pretensión de este pastoralista lúcido no ha sido la de mostrarnos su Jesús, el reformador, el hombre del pueblo curador de dolencias, el identificado con el hijo del hombre y sus limitaciones sino el esfuerzo por aproximarnos históricamente a Jesús nos invita a creyentes y no creyentes, a pocos creyentes o malos creyentes, a acercarnos con fe más viva y concreta al Misterio de Dios encarnado en la fragilidad de Jesús". Éste es el Jesús de Pagola y el mío.
* Periodista
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