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La Virgen Dolorosa viste estos días su valioso manto.
En un territorio de marcadas tradiciones, las procesiones de Semana Santa representan en Donostia un hueco que permanece vacío desde hace varias décadas. El redoble de los tambores y los pasos iluminados por tenues luces dejaron de salir a la calle un día y desde entonces sólo existen en el recuerdo de los mayores. Hubo un tiempo en que la capital guipuzcoana veía hasta dos cortejos paseando por sus vías más céntricas. La procesión del Buen Pastor por el Centro, el Jueves Santo y la de San Vicente por la Parte Vieja, un día después, reunían a miles de personas bajo el silencio estremecedor de la muerte de Cristo.
La Nueva Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno salió en procesión el Jueves Santo de 1927. Cerca de 250 integrantes la mantuvieron viva durante cuatro décadas hasta que en 1967 partió por última vez. El cortejo salía de la iglesia del Buen Pastor para recorrer las calles San Martín, Urbieta, Larramendi, Prim, Bergara, Avenida y Loiola. No existen datos del número exacto de pasos. Muchos de ellos se sacan ahora en Corella (Navarra) y Valladolid. Bartolomé Auzmendi, párroco de la iglesia del Buen Pastor, asegura ignorar el motivo o el acuerdo que llevó a las imágenes hasta allá. "En la catedral, quedan todavía las imágenes de la Virgen Dolorosa y Cristo Yacente", recuerda Auzmendi. A estas se suma la imagen de El Descendimiento, que se puede ver en la parroquia de Santa María, hasta donde se trasladó recientemente desde el museo de San Telmo. Esta última es obra del escultor asturiano Juan Alonso Brillaville y ha sido recientemente restaurada. Auzmendi recuerda la respuesta de los vecinos. "Las calles aparecían llenas de gente", señala. Junto a los pasos, varios voluntarios vestían de soldados con trajes que, en gran parte, se hallan también en Corella, según relata Auzmendi.
viernes santo
San Vicente
La procesión de Viernes Santo partía de San Vicente para recorrer la Parte Vieja. Lo hizo durante décadas hasta su última salida en 1970. Abría la procesión la imagen del Ecce Homo, obra de Felipe de Arizmendi. "Es una de las piezas más valiosas que guarda San Vicente", recuerda el párroco, Félix Garitano. No obstante, no todos los pasos tienen el mismo valor. La Virgen Dolorosa, que tantas lágrimas levantó tiempo atrás en la procesión de Viernes Santo y que, todavía hoy despierta el interés de los turistas, no tiene, a juicio de Garitano mayor valor artístico. "Hablamos de un valor sentimental", explica. La Dolorosa era el segundo paso en la comitiva de San Vicente, a la que seguían El Calvario, El Descendimiento y, por último, el Cristo Yacente. Este último tampoco tiene valor artístico, si bien "la urna en la que se halla, sí lo tiene". Cinco pasos, en total, que todavía hoy se pueden ver en el templo. Las imágenes, situadas en distintos laterales de San Vicente durante el año, vuelven a tomar protagonismo estos días. Cuatro de ellos (todos a excepción de El Calvario) se sitúan en el altar. La Virgen Dolorosa, además, vuelve a vestir el valioso manto que sacó en procesión y que durante el año permanece guardado. Estos días permiten, además, sacar al altar, la imagen del Cristo, obra de Ambrosio de Bengoechea, que habitualmente se encuentra en la capilla interior.
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